N° 2069 - 30 de Abril al 06 de Mayo de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáArgentina le dio un portazo al Mercosur. Anunció que no va a ser parte de las negociaciones ya iniciadas para firmar tratados de libre comercio con Corea del Sur, Canadá, Singapur y el Líbano. Como no le bastaba el encierro dentro del bloque, ahora va por más encierro dentro de sus propias fronteras. Al igual que un perro desquiciado, se muerde su propia cola.
De este lado del charco siguen sonando los ecos de la muletilla “más y mejor Mercosur”, que repitiera hasta el hartazgo nuestro expresidente Tabaré Vázquez. Hoy vemos que se trataba de otro “relato” sin contenido. Al igual que Argentina, el Mercosur también entrará en default.
El argumento argentino de no abrirse al mundo se basa en la fracasada política de sustitución de importaciones que promoviera la Cepal en la década de los sesenta. ¿Para qué importar si podemos fabricarlo en casa? Suena lindo, ¿verdad? ¿Para qué ir a comprar huevos al almacén si podemos tener nuestras propias gallinas en el jardín? Y ya que estamos, nos fabricamos nuestra ropa, autos o computadoras. No importa si son caras y de baja calidad. ¡Son ar-gen-ti-nas!
El Mercosur es casi una réplica de este mismo delirio, pero corriendo las fronteras de la casa al barrio. Lo que se suponía que iba a ser un mercado de más de 200 millones de consumidores, donde bienes, servicios y personas podrían circular libremente, no fue así. En el Mercosur seguimos haciendo filas eternas en migraciones para cruzar nuestras fronteras. Y tenemos que pagar más caros muchos productos tecnológicos o bienes de capital, porque a ellos se les ocurre “proteger” una ineficiente industria nacional.
A Uruguay ya no le sirve el Mercosur. Nuestras exportaciones están focalizadas en China (31%), Unión Europea (17%), Estados Unidos (7%) y México (3%). En el Mercosur, a Brasil le vendemos el 13% y a Argentina apenas el 5%.
Pero el crecimiento de la población mundial será en Asia y ellos demandarán cada vez más alimentos, que es nuestro fuerte. Por eso hay que seguir apostando a los acuerdos de libre comercio con Singapur, Japón, India, Filipinas o Indonesia. También con la Unión Europea y la EFTA, que pagarán más por nuestros productos de calidad.
El Brasil de Bolsonaro también quiere jugar en las grandes ligas y sacarse el lastre de Argentina. Su ministro de Economía, el liberal Paulo Guedes, acaba de declarar: “No seremos Argentina ni Venezuela, estamos en otro camino, el camino de la prosperidad, no en el camino de la desesperación”.
El presidente Alberto Fernández (con un país en llamas que él mismo ayuda a incendiar) no pierde la soberbia del buen porteño, ni el patoterismo del buen peronista. Les increpa a sus socios: “Si no hay matrimonio, no habrá matrimonio. Pero si lo hay, hay ciertas cosas para respetar”.
A los Albertos, los Tabarés, los Pepes y los Lulas hay que decirles claramente: ¡queremos el divorcio! Y lo queremos porque nosotros sí respetamos la libertad de comercio, la sana competencia y anhelamos la prosperidad. Por lo tanto…, ¡adiós, más y mejor Mercosur!