N° 2057 - 30 de Enero al 05 de Febrero de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl complemento del título inconcluso lo conoce aun el más despistado aficionado al fútbol en nuestro país. Es que, de mucho tiempo a esta parte, para seguir las alternativas de alguna competición donde participa la celeste es imprescindible tener una computadora a mano, para ver si por alguna extraña combinación de resultados puede resurgir una chance comprometida por propias deficiencias. Y eso es, precisamente, lo que le sucede a esta selección que participa del Torneo Sub-23 de Colombia, clasificatorio para los próximos Juegos Olímpicos de Tokio, a mediados de este año.
Pensábamos que, aunque los últimos antecedentes no fueron favorables, en esta oportunidad era posible conseguir esa clasificación. Sin embargo, la dura realidad ha vuelto a interponerse en esos deseos. El inicial triunfo en el debut ante Paraguay, aunque relegó transitoriamente a un serio aspirante a clasificar a la siguiente ronda, estuvo lejos de conformar. Se ganó con lo justo y sin haber hecho más méritos que el rival, que dominó durante buena parte el trámite del partido. Tal como parece ser su estilo, el técnico Ferreira le cedió la iniciativa y el campo a su rival, que hizo méritos para ponerse en ventaja. Sin embargo, el oportuno gol de Rossi, al comienzo del complemento, más algunas tardías variantes en el equipo, permitieron mantener esa mínima y no del todo merecida ventaja, hasta el final del cotejo.
La mejoría que se esperaba para el siguiente partido ante Brasil (sin dudas el favorito del grupo) estuvo lejos de concretarse, pese a los cambios que tuvo el equipo. Otra vez se le cedió la iniciativa al rival, el medio campo no tuvo mayor elaboración de juego y los delanteros quedaron aislados en el terreno rival. Y para peor, algunos gruesos errores defensivos nos costaron un par de goles ya en la primera media hora del partido. Ferreira hizo cambios en el reinicio del juego y casi enseguida el zaguero Bueno malogró una clarísima chance de gol, que quizás pudo haber cambiado el ulterior trámite del partido. Pero Brasil se recompuso prontamente y con pasajes de muy buen fútbol logró su tercer gol, aprovechando una clara desatención de nuestra defensa. Y aunque el mismo Bueno logró descontar, a 10 minutos del final, el partido ya estaba sentenciado en favor de un adversario netamente superior.
El siguiente partido fue ante Bolivia. Se buscaba una victoria impostergable que mantuviera enhiesta nuestra posibilidad de clasificación. Pero el planteamiento táctico para este cotejo crucial no varió mayormente, claudicando ante un rival que supuestamente no sería un obstáculo insalvable (resultó ser nuestra primera derrota —en el llano— desde el año 1988, por torneos juveniles o de mayores). Y fue un contraste de los que duelen, porque nos dejó con muy poca chance de clasificar a la ronda siguiente. El planteo táctico de Ferreira (aun cambiando casi medio cuadro) fue otra vez timorato, cediéndole la iniciativa al rival cuando se imponía salir ya de entrada en busca de esa victoria impostergable. Aun así, en la mitad de ese primer tiempo, Benavídez se perdió un gol imposible, y en la réplica Bueno saltó a destiempo ante un despeje largo del golero boliviano y la pelota le quedó servida a un delantero rival, obligando al golero De Arruabarrena a cometerle penal, que se transformó en el primer gol del partido. Y unos minutos después, tras un tiro de esquina, otro atacante boliviano cabeceó sin marca y agachándose, anotando el segundo gol para su equipo. En el segundo tiempo, aunque Ferreira demoró en demasía los cambios, nuestro equipo levantó algo su juego y el partido se hizo parejo. Cuando se llegaba al último cuarto de hora, cazando un rebote, J. J. Rodríguez logró descontar; y poco después llegó el sorpresivo empate de Viñas. Y de allí hasta el final todo fue un intercambio electrizante de jugadas ofensivas, con la pelota que volaba raudamente de un área a la otra en pocos segundos, generándose clarísimas chances de gol que se desperdiciaban una tras otra por ambos lados. Así, el recién ingresado Arezzo malogró un par de ellas muy claras, que pudieron habernos dado la victoria, hasta que finalmente un delantero boliviano corrigió por fin la puntería, anotando el gol de la victoria para su equipo ya en los descuentos del partido.
Jugando otra vez muy mal, igual se pudo haber ganado. Y es posible que, si ello hubiera sucedido, el tono de este comentario fuera otro. Pero lo cierto es que esta derrota bien pudo haberse evitado con una mayor audacia en el planteo táctico y con actuaciones individuales de mayor jerarquía. Lo que nos hubiera evitado depender no solamente de una nueva victoria propia, sino de varios otros resultados en una combinación harto problemática. Y que deberemos esperar sentados frente al televisor… ¡y con una calculadora en la mano!
Igualmente, el martes a la noche Uruguay se jugó con éxito la última carta que le quedaba. Y sin jugar bien, con un solitario gol del buen volante Ginella, derrotó a Perú, quedando transitoriamente segundo en su serie, pero aún no clasificado. Se destacaron Santiago Rodríguez y Sanabria en la mitad del terreno, y el muy empeñoso Viñas en la ofensiva, aunque faltó una mayor audacia para estirar la ventaja en el tanteador a fin de mejorar el saldo de goles, que puede ser decisivo para acceder a la ronda siguiente. Una vez más el rival tuvo la iniciativa, pero sin provocar situaciones de peligro para nuestro arco (aunque el juez no sancionó un muy claro penal en su favor, que pudo haber cambiado el resultado final del partido).
A favor de nuestra aún remota chance de pasar a la próxima fase, a segunda hora Brasil derrotó a Bolivia 5-3, en un partido muy cambiante, necesitándose que también lo haga en el partido siguiente frente a Paraguay; en tanto que Perú y Bolivia deberían empatar en esa última fecha, pues de haber un ganador, este podría tener un mejor saldo de goles que Uruguay (que justamente tendrá fecha libre). Nuestra suerte, pues, sigue estando en manos (o pies) ajenos.
Y cualquiera sea ella, cabe suponer que tras esta serie de fracasos consecutivos a nivel juvenil (en el Mundial Sub-20 de Polonia, en los Juegos Panamericanos y finalmente en este Preolímpico), la permanencia del técnico Gustavo Ferreira al frente de la selección pende de un hilo. Es cierto que solo tuvo un mes para preparar al equipo, que se le negó la cesión de algunos jugadores y que existieron llamativas defecciones de orden individual, obviamente ajenas a su responsabilidad. Pero en todo este tiempo de trabajo nunca definió un estilo de juego medianamente aceptable. A ello se suma una actitud estática al borde de la cancha durante los partidos.
Igualmente deberemos esperar unos días más… porque ¡matemáticamente, aún tenemos chance!