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    ¡Motivación... y algo más!

    Nº 2154 - 23 al 29 de Diciembre de 2021

    Concluido el extensísimo ciclo del Maestro Tabárez al frente de la selección, y el consecuente tiempo que les llevó a las autoridades de la AUF la elección de su sustituto, estos días han permitido conocer algunos aspectos de esta última etapa y, muy en especial, ciertas aristas de quien habrá de asumir el difícil desafío de colocar al representativo celeste en la instancia culminante de la Copa del Mundo de Catar.

    Lo primero que ha quedado en claro con el paso de las horas, es que el motivo fundamental para que fuera Diego Alonso el técnico finalmente designado, ha sido (más allá de su destacada trayectoria) la convicción de que es poseedor de los atributos necesarios para dotar a quienes serán sus dirigidos del temple indispensable para dejar atrás esta reciente y preocupante racha de resultados adversos, que han comprometido muy seriamente nuestras posibilidades de clasificación. Algo que —a juicio de quienes debieron adoptar esa difícil decisión— el anterior cuerpo técnico no demostraba estar en condiciones de hacer. Y ello se ha visto reforzado por la temporaria incorporación al habitual equipo de Alonso, del profesor Oscar Ortega (un preparador físico muy capaz y experiente, con una extensa y exitosísima trayectoria en el medio europeo, y desde hace muchos años en el Atlético de Madrid), que entre sus reconocidas virtudes ostenta una muy especial, que es la de ser un insuperable “motivador” de los futbolistas con los que trabaja.

    Y bien: en el correr de estos últimos días tuvimos la oportunidad de conversar —y no hemos sido los únicos, por cierto— con nuestro compatriota Julio Ribas, un técnico tan singular como exitoso, en nuestro país y en el exterior (hoy al frente de la selección de Gibraltar). ¿La razón de tanto interés por su opinión? Pues el haber tenido entre sus dirigidos a Diego Alonso, cuando se iniciaba como futbolista, y ser considerado por este (desde su actual rol de técnico) como un insoslayable referente en cuanto a la forma de ver y enfocar el fútbol. Que para Ribas —vale señalarlo— no ha sido otra que considerar que lo verdaderamente importante es ganar, sin preocuparse mayormente por la forma en que ello se consigue. En una nota reciente en El País declaró sin tapujos que “ganar no es lo más importante, es lo único”, aclarando luego: “Yo no exijo ganar, enseño a ganar. No es a ver de qué manera jugamos, si el fútbol es lindo, elegante, perfumado”.

    Pero aún más importante es su respuesta al preguntársele cuál era la principal cualidad del recién designado técnico de la selección: “Que tiene personalidad, que si no lo doblan los poderes de dirigentes, periodistas o jugadores con nombre —que no lo creo—, va a lograr lo que quiera y pueda contagiarle a los jugadores”. Para agregar luego, contundentemente: “Esta situación de Uruguay no es para decir que hay que jugar bonito o con muchas triangulaciones, pasajes por detrás, llegar con mucha gente, tener la pelota, mandar en el partido. ¡Mentira! No tenés tiempo de trabajo… Va a depender mucho del liderazgo, de la impronta, y de lo que pueda hablarle al alma del jugador”. Y se pregunta: “¿Importa ahora jugar lindo? ¿Qué se quiere? ¿Ir al Mundial? Y para ir al Mundial ¿qué hay que hacer? Ganar”. Y afirma concluyentemente que Diego Alonso está “preparado para todo esto”

    Ocurre, sin embargo, que no es solamente de eso que tendrá que preocuparse (y ocuparse) el flamante técnico de nuestra selección, en el breve lapso que falta para el primer partido de este tramo decisorio, fijado para el 27 de enero del año próximo, ante Paraguay y en Asunción. Es que una visión objetiva de la actual realidad indica que resulta más que probable que tenga que modificar sustancialmente la nómina de convocados para este tramo definitorio, y —lo que puede ser aún más delicado— dejar fuera de ella, circunstancialmente, a alguno de los futbolistas “históricos” del proceso anterior. Y no solamente por el bajón futbolístico que exhibieran en el último tramo de estas Eliminatorias, sino por algunas otras circunstancias coadyuvantes, tales como las lesiones sufridas por algunos de ellos, o la baja participación —o incluso inactividad— en los clubes europeos en los que actualmente militan. Adviértase, a vía de ejemplo, que Fernando Muslera (casi inamovible en el arco celeste en la mayor parte del ciclo Tabárez) está todavía convaleciente de una seria lesión, y que otro tanto ocurre con Rochet, quien aparecía como su más factible sustituto. Y, por otra parte, hay varios futbolistas habitualmente titulares que, por distintas causas, no vienen siendo tenidos en cuenta en los clubes europeos en los que militan. Así, Cavani —que jugó apenas cinco de los 14 partidos de estas Eliminatorias— viene teniendo muy pocos minutos en cancha en el Manchester; Giménez hoy ya no tiene la continuidad de antaño en el Atlético de Madrid; el mismo Luis Suárez (factótum de la histórica coronación blanquirroja en la última temporada) hoy es frecuentemente sustituido por Simeone en el curso de aquellos partidos en los que ingresa como titular; y —más recientemente— el capitán Godín y Cáceres han sido virtualmente desafectados por el Cagliari. ¡Y atención, que todos ellos han constituido prácticamente la base en que se ha cimentado un gran tramo del fructífero ciclo anterior de la selección!

    Dicho de otro modo: no parece ser suficiente que el recién designado técnico de la selección se dedique prioritariamente a retemplar el decaído ánimo que ha denotado últimamente el núcleo seleccionado, sino que deberá decidir si ha llegado el momento de introducir variantes significativas en la conformación del plantel celeste de cara a este tramo definitorio; y, lo que es aún más delicado, si esa renovación significa dejar de lado a alguna o algunas de las figuras consulares, en que se ha cimentado el ciclo anterior. De allí esas charlas que Alonso ya viene manteniendo con algunos de ellos.

    Es cierto que, últimamente, Tabárez había incorporado al núcleo tradicional a varios futbolistas jóvenes ya consolidados en equipos europeos de renombre, y también (algo extraño en él) a otros que vienen destacándose en el medio local. Y que aún puede Alonso agregar otros, al caso Cannobio, Arezzo o aun Gargano. Pero las circunstancias ya anotadas ponen al novel técnico celeste en una encrucijada delicada, por la trayectoria de aquellos que eventualmente podrían quedar desafectados. ¡Que una cosa es motivar más adecuadamente a quienes vienen asumiendo el rigor de una campaña que se ha complicado en demasía, y otra muy distinta tener que hacer un cambio radical en la nómina de jugadores que deberán llevarnos al Mundial!

    Y, por si algo faltaba, al cierre del plazo para entregar esta columna, llega la noticia de que Alonso acaba de contraer el Covid; lo que no deja de ser una complicación adicional e inesperada.

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