Nº 2127 - 17 al 23 de Junio de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos consecuentes lectores saben bien de nuestra predilección por valernos de algunos refranes o dichos populares al momento de rotular algunas de nuestras notas. La del título es una expresión muy usada en casi todo el mundo (aunque con pequeños matices diferenciales) y quiere significar que los conceptos que se emiten sobre algo deben tener un justo equilibrio, distante por lo tanto de las valoraciones extremas a ese respecto. Y nos pareció particularmente oportuna para hacer una justa valoración del muy extenso ciclo que el Maestro Oscar W. Tabárez viene desarrollando al frente de la selección uruguaya, en momentos en que está compitiendo en forma paralela en dos torneos internacionales de singular envergadura.
Es sabido que el actual técnico celeste es quien ha estado por más tiempo al frente de la selección uruguaya, aunque en dos etapas separadas: la primera entre los años 1988 y 1990, y la segunda y actual desde el 8 de marzo de 2006 hasta la fecha. Según las estadísticas, si se computan ambos ciclos, lleva 206 partidos dirigidos (los colegas que le siguen son Omar Borrás con 56, Juan López con 45 y Nino Corazzo con 43). Siguiendo con los números, Tabárez ha participado en cuatro Mundiales (1990, 2010, 2014 y 2018), en cinco Copas América (1989, 2007, 2011, 2014 y 2018), en la Copa América Centenario (2015), en los Juegos Panamericanos de 1983, y en los Juegos Olímpicos de Londres en el año 2012. Si nos enfocamos únicamente en estas cifras, el saldo no le es muy favorable: tiene 100 partidos ganados, 52 empatados y 54 derrotas, o sea apenas 57% de puntos ganados. Y en materia de títulos obtenidos su mayor logro en Mundiales es el 4º puesto en Sudáfrica 2010, y luego la obtención de la Copa América de 2011 en Argentina. Aunque es altamente significativo que en buena parte de su largo recorrido logró posicionar a nuestra selección entre las 10 mejores del mundo, según el ranking FIFA.
Es de estricta justicia reconocer la valía de estos dos momentos culminantes de su trayectoria. A nuestra selección le costó mucho clasificar para Sudáfrica, ocupando el último lugar en su grupo y debiendo eliminarse con Costa Rica, en la repesca con la Concacaf. Ya en el Mundial ganó su grupo clasificatorio, y tuvo que dirimir con Ghana el acceso a la fase de semifinales, lográndolo en un partido épico, con la providencial mano de Suárez en el último minuto del cotejo. Forzó así un alargue en desventaja numérica y —en la tanda definitoria de penales— se dio la insólita “picada” de Abreu, para colocarnos en la ronda definitoria del certamen. En ella, una injusta derrota ante Holanda nos privó de llegar a la final, para caer luego ante Alemania, en la definición por el tercer puesto. Sin embargo —a nuestro juicio— estas dos derrotas consecutivas, que nos radiaron del Mundial, mostraron paradojalmente los momentos de mejor fútbol que le hemos visto a un equipo dirigido por el Maestro Tabárez. Junto, claro está, con algunos partidos (en especial la final ante Paraguay) de la Copa América del año siguiente en Argentina; el que, a la postre, resultó ser el único título que aquel lograra en su extensísima trayectoria al frente de la selección. Como contrapartida, nuestra mayor frustración se dio en el Mundial de Rusia, cuando con un planteo timorato ante quien finalmente resultó ser el campeón, no supimos sacar provecho de la inédita circunstancia de que los equipos que, en lo previo, parecían ser los más serios aspirantes al título en disputa, no habían logrado acceder a la fase definitoria del certamen.
Lo hemos dicho muchas veces: en líneas generales, no nos ha convencido el tipo de juego habitualmente desplegado por los equipos dirigidos por Tabárez, afiliado más a un futbol de respuesta que de propuesta, sin lograr aprovechar debidamente a una generación de futbolistas de enorme valía, en especial en ofensiva, que no suelen coincidir temporalmente. Y si bien es cierto que tuvo el gran mérito de contribuir grandemente a su iniciación y maduración (al punto que buena parte de ellos ha logrado brillar en los mejores equipos del mundo), no logró sacarles el mejor rédito cuando los tuvo bajo su dirección. Y otro tanto parece estar dándose actualmente, cuando ya está en pleno curso el inevitable recambio generacional (al menos por lo que ya se ha visto en estos anteriores partidos por las Eliminatorias para Qatar).
Sin perjuicio de lo que venimos de expresar, nadie puede desconocer la valía de este extenso y muy cuidado proceso de selecciones, ideado por el Maestro y puesto en marcha con el respaldo de un valioso grupo de colaboradores, que casi no ha tenido variantes en todos estos años. Se preocupó por dotar a su trabajo de una infraestructura edilicia adecuada, a tono con las instalaciones en las que suelen moverse los futbolistas del exterior llamados a la selección. Y no hay duda alguna de que, por sobre todas las cosas, logró imponer (con la impronta de su latente condición de Maestro) un clima de respeto mutuo entre los jugadores y funcionarios, que se proyectaba también en su relación con el mundo circundante. Cuando en épocas pasadas los jugadores convocados del exterior eran renuentes a venir a la selección, invariablemente durante todos estos años, ellos lo hacen gustosos, como si fueran parte de una gran familia, que se renueva permanentemente sin perder su esencia.
¿Alcanza con esto? No, a nuestro modesto entender. A un técnico se lo juzga fundamentalmente por los resultados que obtiene dentro de la cancha. Y no hay duda de que, en un balance integral —así lo dicen las cifras— los títulos que el Maestro ha obtenido en tantos años, han sido pocos. En el marco de este largo proceso se ha acuñado la frase “El camino es la recompensa”, que aparte de no ser original (Steve Jobs ya había expresado que “La meta no es el premio. La verdadera recompensa es el camino hasta llegar a ella”), parece relativizar la importancia del fruto de todo el esfuerzo realizado. Y la historia, en el fútbol, se escribe con los resultados obtenidos en la cancha.
Todos —incluso quienes hoy lo criticamos— entendemos que su presencia sigue y seguirá siendo indispensable en la fase organizativa interna del proceso de selecciones, pero que lamentablemente sus serias limitaciones físicas hoy le impiden desempeñar cabalmente su rol de técnico al borde de la cancha. Aunque seguramente el Maestro seguirá al firme en su función. Y contando con un tiempo mayor para trabajar el equipo, no nos sorprendería (y es nuestro deseo) que pueda lograr un buen resultado en esta Copa América; y sumar así algún lauro más a un proceso singularmente extenso, pero innegablemente pobre en los títulos conseguidos.