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    ¡Opa!

    N° 1980 - 02 al 08 de Agosto de 2018

    El concierto comenzó 20 minutos tarde. El retraso en una función de cine o de teatro es inadmisible: la película o la obra deben empezar a la hora señalada, la gente se ajusta a horarios, las oficinas, las escuelas y los ómnibus también (o deberían). Un retraso jode a todo el mundo. En música está bueno que haya cierto delay: da la sensación de que los tipos están calentando detrás de bambalinas, el público aplaude pidiendo a los músicos, la cosa se caldea como si estuviésemos en una fonda y eso está bueno. Y así salió el Trío Oriental: con unas ganas bárbaras de tocar para los fieles aparceros que los esperaban en la Zitarrosa. Lo primero que se percibe en un buen espectáculo en vivo: la disposición, la energía, en este caso de tres finos músicos como Hugo Fattoruso (piano), Daniel Maza (bajo eléctrico) y Fabián Miodownik (batería). No sé los nombres de los temas (aunque me causó gracia la Chacarera pasteurizada de Maza, en homenaje a Jaco Pastorius), pero todos destilaron abundantes referencias al candombe, al samba, al funk y, por encima de todo, al jazz. La música que hace este trío es difícil de clasificar —hay abstracción sin perder frescura— pero por la improvisación, la calidad y extensión de los solos y el swing resultante, fue jazz y del mejor (una curiosidad: el público no parecía acostumbrado a aplaudir los solos, y hubo algunos donde los músicos dejaron la vida). Al principio me tentó una idea: ya que tenemos piano acústico, ¿por qué no un contrabajo? Prejuicios. A los pocos minutos, mis oídos ya estaban disfrutando el sonido del Fender y del piano, un ataque distinto al de la madera y la cuerda pero igualmente cálido y reposado. Tanto Fattoruso como Maza no se caracterizan por el canto, pero cuando emplearon el recurso vocal resultó el adecuado, porque así lo pedían sus propias composiciones. No tenés que ser un capo en todas las facetas para hacer buena música. Maza y Miodownik (el más rockero de los tres) siempre tuvieron claro a dónde iban. Y el experimentador, el audaz, el tipo capaz de ingresar en zonas no conocidas (que a veces no desembocan necesariamente en una melodía armoniosa, pero hay que intentarlo), fue Hugo Fattoruso, el músico uruguayo más completo, capaz de sintetizar varios estilos y volverlos su estilo, de raíces populares y procesamiento refinado.

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