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    ¿Pesimismo injustificado o realismo?

    N° 1982 - 16 al 22 de Agosto de 2018

    En declaraciones realizadas ayer miércoles 15 en el programa Desayunos informales de Canal 12, el ministro de Economía, Danilo Astori, se congratuló de que los diputados oficialistas habían hecho un “buen trabajo” al aprobar la Rendición de Cuentas. Señaló además que el gobierno mandó un proyecto “austero”, ya que solo implica un aumento del gasto de 0,25% del PBI, unos US$ 150 millones.

    Si se compara el aumento de gasto de 0,25% del PBI con anteriores proyectos de Rendición de Cuentas, no cabe ninguna duda de que hay cierta “austeridad” en la propuesta que acaba de aprobar el Parlamento. El problema es que las circunstancias actuales, lamentablemente, son mucho peores a las que estaban vigentes en años anteriores, como incluso el propio Astori mencionó, tanto por las complicaciones internacionales como en el vecindario.

    Justamente, son esas “complicaciones” internacionales y especialmente en los países vecinos las que le quitan la calificación de “austera” a la propuesta de Rendición de Cuentas enviada por el Poder Ejecutivo y aprobada esta semana por el oficialismo en la Cámara de Diputados.

    Existen innumerables síntomas de que estamos transitando por una fase bastante complicada en materia económica, como la caída de la recaudación impositiva, la fuerte baja en la venta de automóviles, la retracción de las importaciones, las dificultades que está atravesando el comercio, el estancamiento de la producción industrial en el “núcleo” en el primer semestre del año, la baja de la confianza de los consumidores, el incremento en el número de empresas en concordato, la casi que continua pérdida de empleo y la primera caída en casi dos años del índice Líder de Ceres que se dio en mayo, entre otros. Pensar que la economía va a crecer 2,5% este año como piensa el gobierno luce como algo mucho más optimista en lugar de “realista”, aun incluyendo el casi 1% del PBI que va a aportar la refinería de Ancap (que a los efectos fiscales prácticamente no tendrá ningún impacto).

    De hecho, la propia dinámica que han tenido las cuentas fiscales en los últimos meses está mostrando que estamos con un problema serio, que se resume en que como el gasto sigue subiendo, y los ingresos ya han dejado de crecer (básicamente por el freno en el nivel de consumo y de gasto interno), el déficit no solo no baja sino que aumenta. En ese contexto, aumentar el gasto aunque más no sea en 0,25% del PBI no tiene nada de “austero”.

    Además, hay que tener en cuenta que el ajuste de precios relativos y de gasto que debe hacer la economía uruguaya como consecuencia del cambio negativo en el contexto externo requeriría de todo lo contrario, es decir que se reduzca el gasto público en lugar de que se lo aumente. Sobre todo teniendo en cuenta la pérdida de competitividad —“atraso cambiario”— y de rentabilidad que se ha acumulado en estos últimos años y ha llevado a que la mochila con la que deben cargar las empresas sea cada vez más pesada.

    En la entrevista en Canal 12, el ministro Astori también señaló: “Si nosotros inyectamos pesimismo en la sociedad uruguaya, podemos obtener como resultado conductas pesimistas”. Lógicamente, un ministro de Economía tiene que ser siempre optimista, y tratar de convencer a los agentes económicos de que las cosas están bien y de que van a estar mejor.

    El problema se da cuando las acciones que se toman van en sentido opuesto a lo que se intenta transmitir. Si afirmar que la actual Rendición de Cuentas es “austera” fue un intento por generar confianza, mucho nos tememos que va a provocar el efecto contrario, ya que sigue mostrando al gobierno viviendo en una “realidad virtual” que poco y nada tiene que ver con la que debe padecer a diario el sector privado.

    Es más, se puede llegar a generar el efecto exactamente contrario, ya que los empresarios van a tener más claro todavía —por si a alguien le quedaba alguna duda— de que al menos hasta fines del actual período de gobierno no van a tener ninguna ayuda de parte del sector público en el sentido de contribuir a hacer menos complicado el proceso de ajuste ante el cambio negativo en el contexto regional e internacional.

    Ante esta situación, no sería de extrañar que el ajuste de actividad y de empleo en los próximos meses en el sector privado se intensifique. Salvo un cambio sorpresivo y muy favorable en el contexto externo que hoy por hoy no luce nada probable, vamos a un escenario en el que las proyecciones de crecimiento y de empleo para el resto de este año y el que viene serán ajustadas sistemáticamente a la baja, el déficit fiscal se mantendrá cómodamente por encima del 4% del PBI, y la inflación se ubicará por encima del techo del rango meta. Al menos el sector privado debe ser realista, o tener un pesimismo totalmente justificado.

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