Nº 2076 - 18 al 24 de Junio de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa respuesta es bastante simple: Argentina es un país inviable. No lo es en materia económica, encaminándose raudamente a su noveno default. No lo es en lo empresarial, donde la carga impositiva hace imposible prácticamente cualquier emprendimiento legal. No lo a escala social, ya que la “brecha” entre los que producen y los que viven de ellos es enorme.
Lo que otrora fue la fértil tierra de Alberdi, Borges y Favaloro, hoy es un campo arrasado por el populismo, el estatismo y la corrupción. Por eso vienen a Uruguay, que si bien no es el paraíso que podríamos ser al menos no es el infierno en que han convertido a la Argentina.
Para atraer inversores —sean del exterior o locales—, la receta es fácil y conocida. Tan conocida que se puede resumir en el contrato que el Frente Amplio firmó con UPM: bajos impuestos, infraestructura vial, buenos puertos, personal capacitado y sindicatos bajo control.
El fracaso de Argentina no está solo en sus gobernantes, está en las ideas dominantes. Ellos creen en el “Estado presente”, metiéndose en la vida de los ciudadanos con más de 120 impuestos y 69.000 regulaciones. Creen en la política de sustitución de importaciones (impulsada por el argentino Raúl Prebisch desde la Cepal), donde cierran la economía para producir todo en casa (aunque lo hagan caro, malo y pagando coimas a troche y moche). Y creen en el corporativismo fascista impulsado por Perón (admirador de Mussolini) y por todo el peronismo que le continuó.
A pesar de los continuos fracasos, los argentinos insisten con la misma mala receta. Pecan del mismo mal que pecan los socialistas. Los datos, la evidencia empírica y las buenas prácticas de otros no parecen hacerle mella alguna.
A los empresarios que invierten, arriesgan, pagan impuestos y dan empleo el propio presidente los califica de “miserables”, cuando quieren reducir costos por culpa de ese mismo Estado paquidérmico. Y la frutilla de la torta está siendo el intento de expropiación de la empresa Vicentin, un gigantesco grupo agroexportador que acumula deudas por US$ 1.500 millones, que el fundido Estado argentino pretende “recuperar” (cuando ese mismo Estado no puede pagar a sus acreedores).
Uruguay tiene que mirar a la Argentina y hacer todo lo contrario. Debemos seguir por el camino de la libertad (individual y comercial), rebajar impuestos, reducir el gasto público, abrirnos más al mundo, competir e innovar. No será sencillo hacerlo.
Tampoco fue sencillo llegar a la luna. Sin embargo, en 1963, John F. Kennedy se puso el desafío de hacerlo antes de 1970 y dijo: “Nosotros elegimos llegar a la luna en esta década no porque ello sea fácil, sino porque es difícil. Porque esta meta servirá para probar lo mejor de nuestras habilidades y energías. Y es un desafío que no estamos dispuestos a posponer”.
Nosotros tampoco.