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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Con una mentalidad distinta obtendrás un resultado diferente” (Jack Ma).
Una de las causas más comunes del fracaso en lograr lo que se desea es la “programación de la escasez”. Consiste en una actitud que nace en creencias que se resumen en: “No puedo”, “somos chicos”, “somos pobres”, “eso es para otros”, “nunca vamos a poder”, “no nos toca, “la vida es dura”, “es más noble ser pobre”, “es inmoral y egoísta tener bastante”, “nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás”, etc. Toda una serie de creencias que nacen de una filosofía pesimista con una mezcla de “pobrismo”, pensamiento tan exitoso por esta región.
Una de las caracterizaciones que existen respecto a la personalidad de los individuos se refiere al grado en que las personas suponen que su comportamiento influye en aquello que les ocurre. Hay personas que creen que controlan su vida y sus actos, mientras existen otros que creen que otros controlan su vida y sus actos. Los primeros creen que, a mayor esfuerzo, estudio, sacrificio, trabajo duro, mayor será su éxito. Para los segundos, nada de los que les pasa será su culpa, creen en la suerte y que las cosas ocurren porque deben ocurrir. Obviamente el mundo no es dicotómico, existe una variada gama de personalidades, desde el blanco pasando por todos los grises hasta llegar al negro. Demás está decir que estas creencias se verán reforzadas por el ambiente cultural en el que están inmersas. En el caso de EE.UU., país en el cual existe gran valoración por el emprendimiento personal y son tratados como verdaderos héroes nacionales muchos CEO de grandes empresas, menos del treinta por ciento de los individuos se reconocen como que pueden controlar su vida (Gordon, Juditth, 1997, Comportamiento organizacional, un enfoque diagnóstico, Prentice Hall Hispanoamericana S. A., 5ª edición).
Aquí conviene destacar la importancia de las creencias, ya que la neurociencia afirma que un individuo solo hace caso a lo que cree, a las creencias que posee, que no son otra cosa que “hábitos del pensamiento” (Bachrach, Estanislao, 2021, En el limbo, Penguin Random House Grupo Editorial, pág. 62). Por tanto, las creencias determinan lo que es verdad para una persona. Una persona a partir de sus creencias “crea su realidad”. Son siempre tus creencias las que le dicen a tu cerebro qué es verdad, o sea, qué es verdad para ti (Bachrach, Estanislao, 2021, op. cit., pág. 27).
Se piensa en términos positivos, por tanto, se estima que en Uruguay también cerca del treinta por ciento de su población cree que controla su vida y sus actos. Por tanto, dicha población se distribuye “normalmente”, independientemente de su ideología política, si es que la tiene, en los partidos políticos del país.
Así, un treinta por ciento de los que están a favor de la “coalición multicolor” serán emprendedores. Serán aquellos que luchen por sus ideas, por sus familias, pueblos, negocios, pues saben que de su esfuerzo dependerá el éxito del país, de sus hijos, de su negocio y el suyo propio. El resto de los integrantes acompañará con mayor o menor entusiasmo y sus aportes guardarán relación con sus creencias más firmes y al contagio que les trasmiten sus pares y los que lideran.
En el caso del FA la situación es más compleja, sobre todo en la medida que la mitad de ese conglomerado político es marxista (PCU y MPP). Quienes creen que controlan su vida y sus actos y son marxistas viven en permanente disonancia cognoscitiva. Esto se refiere a situaciones en las cuáles los conocimientos, la información, las actitudes y las creencias de las personas se contraponen. La disonancia cognoscitiva afectará la relación entre las actitudes, las creencias y los comportamientos de la persona. Los marxistas subordinan el conocimiento a la ideología. Por ejemplo, sucumben al historicismo, creen que la historia obedece a leyes inflexibles. Que existen fuerzas superhumanas (“la lucha de clases es una verdad inherente al sistema capitalista”) que los humanos no pueden cambiar. ¿Entonces qué hace un marxista emprendedor? Si es marxista y es emprendedor va a luchar por exterminar el capitalismo. ¿Cómo lo extermino?
No hace mucho tiempo, llenos de “realismo mágico”, tomaron las armas para transformar al Uruguay en una nueva Cuba socialista.
Fracasada esa vía al socialismo, hoy mediante huelgas político-partidarias, entre otros “palos en la rueda”, actúan de forma tal que limitan y restringen la eficiencia y eficacia de los potenciales logros de una economía capitalista, que sería muy distinta si se instala un ambiente de confianza, cooperación y colaboración entre los diferentes actores del sistema socio-productivo.
Dentro del FA, a las mayorías marxistas solo les cabe avanzar hacia el socialismo. El único “socialismo” que existió (URSS) o que existe (Cuba, Corea del Norte) es el marxista, comunista, dictatorial. Como estas formas no son democráticas, son dictaduras, y su estructura económica colectivista ha fracasado (la prueba es la disolución de la Unión Soviética y países del Pacto de Varsovia y el abandono por parte de China de la economía socialista), su objetivo es la “superestructura”, la “hegemonía cultural”, en términos gramscianos del socialismo. Eso supone un discurso contra el capital, antiimperialista, que corre la inversión externa, antiempresario, de reparto, de gasto, etc., todo lo que el manual enseña que es bueno para el proletariado.
¿Dictadura del proletariado?, ¿qué es el proletariado?
1. Capital humano. Se define como capital humano al valor intangible e inmaterial que se deriva de las personas que integran la sociedad. Se trata del conjunto de habilidades, formación, capacidades, conocimientos, experiencias que cuentan los integrantes de una sociedad y que con su trabajo y productividad alcanzan los objetivos de las personas, familias y la sociedad como un todo. La educación es básica para incrementar el capital humano, en lo que tiene que ver con la formación académica y las habilidades técnicas. Una buena salud física y mental es imprescindible. Hoy también son imprescindibles lo que se conocen como competencias, de comunicación, puntualidad, resolución de problemas y sobre todo habilidades interpersonales que faciliten trabajar en equipo, única forma de progreso en el siglo XXI.
El capital humano se expresa en la siguiente formula: capital humano = capital intelectual × capital emocional.
Nótese que los dos factores de la ecuación están unidos por un signo de multiplicar (×). Eso significa que, si un factor es alto, por ejemplo, el capital intelectual (la gente sabe lo que hay que hacer), pero si la gente carece de capital emocional (entusiasmo, motivación, amor por su trabajo/profesión, responsabilidad, etc.) ese factor tiende a cero y cualquier valor multiplicado por cero es cero.
Por ejemplo, yo no entiendo por qué a mi sobrina nieta que estudia la carrera de comunicación en la Udelar, en primer año, en una materia relacionada con la sociología, le enseñan “marxismo” puro y duro, igual que el que me enseñaban a mí hace 50 años. ¿Qué capital intelectual estamos formando?
¿Qué herramienta emocional le brindamos a la gente?, ¿a hacer paros, a oponernos a todo, a ocupar lugares ajenos, si trabajas te explotan, si no trabajas es porque el capitalismo es neoliberal?
“El acuerdo es la etapa superior de la inteligencia” (M. L.).
El optimismo como sensación de control de la situación, que está en nuestras manos salir adelante, forma parte de lo que los genes consideran útil a la hora de sobrevivir y prodigar nuestra especie. Según la fuerza de selección natural, que está probada en los humanos y en los animales, los genes van incorporando aquellas facetas que nos ayudan a sobrevivir.
En tiempos de transformación educativa, ¿qué les parece aprender a cultivar el optimismo? Formar líderes políticos que entusiasmen con propuestas de un país mejor, empresarios que demuestren que vale la pena colaborar con ellos para lograr mejores niveles de vida y trabajadores que amen sus tareas, pues además de ser su medio de ganarse la vida se harán felices desarrollándose profesionalmente.
A todos los jóvenes les aguarda el fantástico país que van a construir, dejemos de programar la escasez.
Rafael Rubio
CI 1.267.677-8