Nº 2112 - 24 de Febrero al 2 de Marzo de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHay episodios en la historia del tango que son verdaderos sacudones emocionales.
En 1956 —cuando Argentina aún se estremecía por el derrocamiento de Perón y la instalación de un poder militar—, Osvaldo Fresedo tocaba en el cabaré Rendez Vous y su número fuerte era el tango Vida mía, considerado el mejor de los que compuso, en este caso con letra de su hermano Emilio. Una noche se presentó el famoso trompetista Dizzy Gillespie, de gira por América del Sur. Saludó a Fresedo y le pidió que tocara ese tema, que le encantaba y había escuchado en Nueva York, y le rogó que lo hiciera solo con la orquesta, sin cantor, pues quería sorprender al público con una improvisación lo más libre posible que solo había ensayado una vez.
Apenas coordinaron unos pocos minutos y aquella propuesta se convirtió en una pequeña maravilla musical, con un Gillespie a pleno y un Fresedo sabiendo cuándo imponer el ritmo orquestal, cuándo solo acompañar a aquel tipo genial y cuándo dejarlo para unos solos que conmovieron la noche. Por fortuna, alguien lo grabó en vivo y hoy, quien quiera, puede disfrutarlo a través de YouTube.
Pero, hay que tomarlo en cuenta, no todo fueron rosas para Vida mía.
Fresedo lo había estrenado en 1934, con la voz de Roberto Ray, en uno de los bailables Geniol de Radio Belgrano. Es un típico tango romanza, que algunos dicen creó Enrique Delfino, inspirado en viejas canciones españolas y francesas y en arias italianas sencillas, tiernas. Se diferencia del tango canción creado antes por Pascual Contursi, en el que predominan aportes rítmicos más marcados, más decisivos en la armonización. Se ha dicho también que el tango romanza permitió germinar a la Guardia Nueva, sobre todo a partir de Julio De Caro.
El más grande problema que afrontó Vida mía fue la frustración de Fresedo porque Gardel, pese a su pedido, no lo grabó. En esa época aún no existía Sadaic y los autores se dividían en dos gremios de artistas, lo que generaba problemas con los derechos y su cobro y hasta con los arreglos de precio para llevar temas al disco. Fresedo llamó a Lepera —a la sazón en Nueva York, con Gardel— y le pidió que el Mago grabara Vida mía durante una audición que él realizaría, con una orquesta sinfónica, en una radio de Estados Unidos y que implicaba un contrato con una compañía norteamericana muy importante. A los pocos días Lepera respondió que era imposible por las múltiples actividades ya comprometidas por Gardel. Sin embargo, luego se supo que ese contrato había sido otorgado a miembros del gremio opositor al de Fresedo, encabezado por Canaro, gracias a una gestión del propio Gardel.
No hay documentos que prueben esta trapisonda, aunque cuando el río suena tanto… Empero, es justo decir que Gardel ya le había grabado a Fresedo Las alegres chicas del Maipo, estrenado por Iris Marga en ese teatro, y Del barrio de las latas, entre otros temas.
Vida mía, además de otras orquestas y solistas, tiene varias grabaciones del propio autor de la música, incluyendo las hechas con las voces de Oscar Serpa (1944) y Héctor Pacheco (1952), del tenor italiano Tito Schipa (1934) y del bolerista Pedro Vargas (1945).
—Siempre igual es el camino / que ilumina tata sol… / Si parece que el destino / más lo alarga / para mi dolor. / Y este verde suelo / donde crece el cardo / lejos toca el cielo / donde está mi amor… / Y de cuando en cuando un nido / para que lo envidie yo… (…) Y de poco a poco / luces que titilan / dan severo tono / mientras huye el sol. / De esas luces que yo veo, / ella una la encendió.
Hubo otra peripecia desagradable para este precioso tango.
Mucho tiempo después de unificados aquellos gremios opositores, y creada Sadaic, en 1992 el cineasta Martin Brest y su director musical —que habían escuchado la obra— eligieron Vida mía para la magnífica escena de la remake norteamericana de Perfume de mujer, donde el coronel ciego, personificado por Al Pacino, baila un tango con una jovencita desconocida en un lujoso restaurante. No obstante, el pedido económico de los herederos de los compositores fue tal que decidieron elegir Por una cabeza, cuyos derechos autorales ya habían pasado al dominio público.
Para terminar esta anécdota, vale recordar que Vida mía, solo instrumental, tiene dos versiones de Horacio Salgán: una con el Quinteto Real y otra, ambas ejemplo de afinación y fina sensibilidad, en dúo con el guitarrista De Lío.