N° 1860 - 31 de Marzo al 06 de Abril de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáYo creo que sí se puede trabajar seis horas. De hecho, en muchos trabajos de ocho horas se está lejos de cumplir con esa carga horaria: se llega a la oficina, se prepara el café, se comentan las noticias, se tienen reuniones más extensas de lo necesario, se descansa la “sagrada” media hora y se sale a fumar un par de pitillos. De las ocho horas, con suerte trabajaron cinco y pico.
Además, cada vez menos el trabajador tiene que ser visto como un taxímetro: en realidad, uno no va a trabajar por horas, sino por resultados. Son las ventas, las reparaciones, los metros cuadrados construidos, los pacientes curados o las pizzas entregadas lo que hace al negocio. No el horario.
De hecho, en muchos comercios, en especial en servicios gastronómicos o en locales de un shopping, las “curvas de demanda” son muy claras: un pico de clientes sobre el mediodía, otro pico a la tarde o a la noche y, en el medio, un gran desierto de clientes y exceso de ocio en el personal.
Hago la pregunta: si la empresa genera el 80% de sus ingresos en los picos, ¿por qué no concentrar el 80% de los salarios en ese tramo? ¿Por qué no pagar más por esas horas donde el personal “está al palo” y que gane lo mismo por trabajar cuatro horas que ocho?
¿Y qué hacemos con los trabajadores que tienen que estar en las horas del valle, porque el negocio tiene que estar abierto todo el día? Bueno, aquí juega la flexibilidad laboral, que hoy no existe. En Uruguay, la inmensa mayoría de los empleados priorizan la “seguridad” frente al ingreso. Seguramente habrá personas que preferirán trabajar ocho horas con un valor hora menor, pero tener licencias, aguinaldo, indemnización por despido y mil etcéteras, y otros que preferirán trabajar menos horas, generar más ingresos y no priorizar esos otros “beneficios”, que en definitiva no son considerados tan beneficiosos para ellos como trabajar menos horas y ganar más dinero.
Pero la mentalidad socialista que rige en Uruguay desde hace más de un siglo hace que todos seamos tratados como si tuviéramos iguales gustos, necesidades y prioridades. No se admite la negociación uno a uno, sino la negociación “colectiva”.
Lamentablemente, esto va en contra de las tendencias que nos impone el mundo moderno, la tecnología, la robótica y el comportamiento de los propios trabajadores, en especial de los jóvenes. La gente quiere tener más tiempo libre y sentir que agrega valor con su trabajo, ver los resultados de su esfuerzo.
Cumplido el mismo, ¿para qué quedarme en la empresa a “llenar horas”?
La enorme rotación de personal que hay en el rubro gastronómico y en locales de shoppings está demostrando, con la fuerza irrefutable de los hechos, que el modelo de las ocho horas está quedando perimido. Habrá que probar nuevas maneras de llegar a acuerdos ganar-ganar entre empleadores y empleados.
Pero la rigidez de la legislación laboral y la rigidez mental de empresarios y obreros harán imposible que esto suceda. Y parafraseando a Galileo, “sin embargo, sucederá”.