Nº 2133 - 29 de Julio al 4 de Agosto de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¡Vaya que han sucedido cosas en nuestro fútbol en estos pocos días que han transcurrido desde nuestra última entrega! Y es por demás evidente que el hecho generador han sido estos dos duelos clásicos en apenas una semana, por la Copa Sudamericana (algo exótico en este evento continental, aunque sí con antecedentes por Copa Libertadores). Y, más que nada, la condición de eliminatorio de este choque, pues solo el ganador podría acceder —y así ocurrió— a la siguiente fase del torneo.
Ese mismo jueves por la noche quedó definido ese pleito en favor de Peñarol, y no tenemos duda alguna de que su clasificación a la siguiente ronda de aquel certamen fue ampliamente merecida. Es que, aunque los fríos números indican que, a la postre, cada uno ganó un partido (curiosamente en el escenario del rival), y que todo vino finalmente a resolverse por el mayor peso reglamentario de los goles de visitante, los méritos futbolísticos del equipo aurinegro fueron netamente superiores a los exhibidos por su eterno rival, incluso en la revancha en el Campeón del Siglo, que finalmente ganara el tricolor en el último suspiro del partido. Ello sin perjuicio de que, en un balance solo numérico de lo que ocurriera, resulta que ambos ganaron un partido y perdieron el otro, y los goles convertidos fueron dos por cada lado.
En la columna anterior habíamos manifestado, referido al primer clásico jugado siete días antes en el Gran Parque Central, que esa noche había existido una enorme diferencia entre el altísimo nivel de juego del equipo de Larriera y la correlativa bajísima performance de las huestes de Cappuccio. Aunque sus últimas presentaciones en el Apertura no habían sido convincentes, y venía malherido por su recientísima derrota clásica, sorpresivamente Peñarol mostró una producción futbolística de altísimo nivel, comparable al de los dos cotejos ante Corinthians en la etapa precedente, ante la que muy poco pudo hacer una escuadra tricolor mal conformada, deshilachada y con un bajísimo nivel en la mayoría de sus futbolistas. Sin embargo, recién pudo ponerse en ventaja en los descuentos del primer tiempo. Y aún bajando algo el ritmo, fue Peñarol el que siguió comandando el partido en el complemento, ante los vanos intentos de Nacional por equilibrarlo. Ello empero, recién pudo asegurar el resultado en los descuentos, por un golazo del recién ingresado Valentín Rodríguez, de modo que el aún más postrero gol de Bergessio, apenas sirvió para “maquillar” una derrota rotunda del equipo tricolor. ¡Demasiado premio para un deslucido Nacional, que angustiosamente lograba salir a flote, cuando su chance de clasificar parecía naufragar, ya en ese primer partido!
Restaba, claro está, la revancha en el Campeón del Siglo, y hacia allí apuntó la aspiración tricolor de revertir ese resultado. Claro que con el lastre adicional de los dos goles recibidos, que lo obligaba no solo a ganar, sino a hacerlo con una holgura mayor en el tanteador.
Con lógica, Larriera mantuvo la formación anterior para la revancha, en tanto que Cappuccio apeló a algunas variantes en la integración de su equipo, en procura de mejorar su rendimiento. Igual, cuando se suponía que sería el urgido Nacional el que impusiera el trámite del partido, ya desde el vamos, fue en cambio Peñarol el que, aún con los debidos recaudos defensivos, tomó la iniciativa, insistiendo con la prolija progresión por las bandas del cotejo anterior, aunque sin mayor peligro para el arco de Rochet. Si bien luego Nacional niveló el trámite, sorprendió su postura expectante, como si reservara fuerzas para jugarse a fondo en el segundo tiempo. Sin embargo, ello tampoco ocurrió. El técnico no hizo cambios en el entretiempo, y aunque su equipo adelantó sus líneas situándose en campo aurinegro, su despliegue siguió siendo tan anodino como en la etapa inicial. Ocampo fue bien neutralizado, el argentino Fernández siguió siendo una figura nominal y Bergessio quedó aislado en la ofensiva. Y cuando los cambios finalmente llegaron (fueron solo dos y, sorpresivamente, no el de D’Alessandro), la mejoría esperada no se dio, al punto que hubo solo una acción de gol, protagonizada por una subida del lateral Méndez, mientras a Peñarol —casi sin proponérselo, y lucrando con el anodino adelantamiento del rival— se le presentaron varias chances para liquidar el pleito, desperdiciadas una tras otra. Y así —con el panorama ya absolutamente definido—, en el último minuto de los descuentos, Corujo saltó más que nadie en el área aurinegra, anotando el gol que le dio a su equipo una victoria, para la que había hecho muy escasos méritos.
Aunque igualados en los resultados y también en goles —y sin perjuicio de haber sido indiscutiblemente superior a su rival en los dos partidos de la llave— fue en definitiva el reglamento vigente (otorgando un mayor valor a los goles de visitante) el que dejó merecidamente clasificado a Peñarol a la siguiente fase de un certamen que siempre le ha sido esquivo. Y dándose la singular paradoja de ver, por un lado, a los jugadores aurinegros festejando alborozadamente, lo que no dejó de ser una derrota en un partido clásico, y a los tricolores sin saborear ese triunfo como ha sido siempre desde el fondo de la historia, al quedar afuera de la Sudamericana, como poco antes aconteciera en la Copa Libertadores.
Y si eso ocurrió en la cancha, ha sido también muy particular la reacción de los hinchas de ambos equipos ante esa insólita circunstancia. Los de Peñarol, felices por clasificar, dejando afuera al eterno rival, pero con la amargura de haber perdido un clásico para el que había hecho los mayores méritos, pero que insólitamente dejó escapar en él la póstuma jugada del partido. Y los de Nacional cabizbajos por no haber logrado seguir con su actividad en el plano continental, pero felices de que su equipo salió triunfante en dos de los tres últimos clásicos jugados en un período muy corto (si sumamos también el del actual torneo Apertura). En el que —sea dicho esto de paso— Nacional, aunque hoy aparece en la tabla superado por otros equipos, aún puede pelear por su obtención, algo que se reputa fundamental para poder extender este actual período de predominancia en el ámbito local. En tanto que Peñarol ya ha quedado virtualmente afuera de toda posibilidad en este primer campeonato del año, lo que puede llegar a tener una directa incidencia en la Tabla Anual, y en su indisimulable propósito de cortar el actual ciclo triunfal tricolor en el fútbol doméstico. ¡Esa es la actual realidad!
Como bien dijera el célebre poeta andaluz Ramón de Campoamor, en una muy conocida cita, inspiradora del título de esta nota: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / Todo es según el color / del cristal con que se mira”.