Nº 2171 - 28 de Abril al 4 de Mayo de 2022
Nº 2171 - 28 de Abril al 4 de Mayo de 2022
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDías atrás, las autoridades de la AUF, a través del integrante de su Comité Ejecutivo Jorge Casales, informaron a la prensa la realización en el correr de este año de la denominada Copa Uruguay, torneo que además de disponer de los equipos capitalinos habrá de contar con una muy amplia participación de los clubes agrupados en OFI (Organización del Fútbol del Interior). Siempre hemos pensado que era un absoluto contrasentido que el organismo rector de nuestro fútbol, desde sus lejanos orígenes hasta la fecha —y salvo algunas ocasionales y fugaces excepciones—, haya organizado sus torneos únicamente con equipos montevideanos, relegando a la entidad rectora del fútbol del interior del país a organizar los suyos en cada uno de los restantes departamentos o en algunas justas de carácter regional. Lo que, claro está, no fue óbice para que —desde siempre— los equipos capitalinos hayan nutrido sus filas con futbolistas nacidos y desarrollados en el interior del país.
Tal como lo señalara Casales, “poder disputar este torneo nos lleva a que realmente haya una integración total de todos los estamentos del fútbol uruguayo, profesional y amateur, y desde el norte, el sur, el este y el oeste”. Un propósito tan lógico como deseable y que en distintas épocas ya supo ponerse en práctica (los intentos fueron varios y de diversa índole), aunque nunca llegó a consolidarse y perdurar en el tiempo. No parece lógico que en un pequeño país de apenas 187.00 km2, cuya mayor distancia entre extremos no llega a los 800 kilómetros, sin accidentes geográficos que impidan acceder a cualquier rincón de su territorio, no se haya podido conseguir lo que sí han logrado, y desde hace un buen tiempo, sus dos gigantescos vecinos (es el nuestro el único miembro de la Conmebol que no tiene un torneo de esta índole).
¡Y no es que ello no se haya intentado! Muy atrás en el tiempo ya hubo algunas iniciativas en tal sentido (así, en la época de mayor gloria de nuestro fútbol, entre los años 1928 y 1930, se organizó un fugaz torneo con varias selecciones del interior y un combinado de los clubes montevideanos). De todos modos, el antecedente más serio fue la denominada Copa Artigas, disputada apenas en dos temporadas —entre los años 1960 y 1962— en la que se enfrentaron, en una única rueda de todos contra todos, los 10 equipos de la Primera A de la AUF y las cuatro selecciones campeonas regionales de la OFI. Defensor ganó la primera edición (participaron Durazno, Tacuarembó, Artigas y Maldonado), Nacional lo hizo en las dos siguientes y luego se dejó de jugar. Sumariamente, hubo después otros intentos integracionistas con selecciones departamentales, como el Torneo Confraternidad en 1977, la Liga Mayor al año siguiente —con la participación de los cuatro campeones regionales de la OFI— y más adelante el Torneo República, del que tomaron parte las selecciones de Canelones, Salto, Treinta y Tres y Cerro Largo. Tras un interregno de varios años, en 1995 la AUF optó por un criterio distinto, invitando a participar de la liguilla clasificatoria para la Copa Conmebol directamente a dos clubes del interior: Porongos de Trinidad y Frontera de Rivera (equipo este que, al ocupar el cuarto lugar, logró clasificar a aquel torneo, aunque quedó prematuramente eliminado en la ronda inicial).
Ya por esa misma época, los intentos de integración —aunque solo en forma parcial— comenzaron a operar en sentido inverso, cuando algunos equipos del interior optaron por presentarse y competir dentro de la propia estructura de la AUF. En 1995 Deportivo Maldonado dio el primer paso al inscribirse en la segunda división, y otro tanto hizo Frontera de Rivera en 1997, ascendiendo al año siguiente a la primera división. De ese entonces a la fecha fueron varios los clubes que, aisladamente (y en algún caso, por una expresa invitación de la propia AUF), fueron integrándose al profesionalismo capitalino y llegando —por la vía de los ascensos— a la divisional mayor. Incluso uno de ellos, Rocha, se dio el gusto de conquistar el Torneo Apertura del 2005. Tiempo después fue Plaza Colonia el ganador del Torneo Clausura del 2016, lo que repitió luego en el Apertura del 2021. Y como es bien sabido, hoy Deportivo Maldonado aparece liderando la tabla del Torneo Apertura, a pocas fechas de su culminación, con una chance prioritaria de quedarse con el primer título de esta temporada. Sin perjuicio de lo que viene de reseñarse de forma muy escueta, desde hace algún tiempo varios equipos chicos montevideanos han optado por oficiar de locales en distintas ciudades del interior, de modo de ganarse otros públicos. Incluso, hace ya unos años, Wanderers llegó a instalarse físicamente fuera de Montevideo, fijando sus partidos como locatario en el Parque Artigas de la ciudad de Las Piedras.
Comparada con estos antecedentes (bien intencionados, aunque transitorios y a la postre descontinuados), esta reciente iniciativa de la AUF ha sido el fruto de un largo y muy meditado proceso de preparación. En resumen, el torneo contaría con 76 participantes que representan a todas las regiones del país (solo resta por definir lo relativo a la presencia de equipos de Treinta y Tres y de Rivera) y su forma de disputa será con partidos jugados entre semana, con varias series o etapas eliminatorias sucesivas, que irían desde el 15 de junio hasta la final del certamen, que será un partido único a disputarse en el Estadio Centenario entre el 9 y el 13 de noviembre. Ya está estipulado que el ganador en esta primera edición habrá de llevarse un premio de US$ 100.000.
No tenemos inconveniente en señalar que resulta digno del mayor apoyo este supremo esfuerzo por concretar por fin una largamente postergada integración de todo el fútbol del país por medio de un proyecto que cuente con un apoyo unánime y sólidas perspectivas de perdurar en el tiempo. Ello, empero, no nos parece que sea esta la oportunidad más propicia para ponerlo en práctica. Aparte del cabal cumplimiento de los calendarios de los torneos actualmente en vigencia, debe tenerse en cuenta que es este el año de un Campeonato del Mundo y que —quiérase o no— es de suponer que el interés casi excluyente de los aficionados habrá de estar puesto en lo que pueda ocurrir con nuestra selección en ese magno evento. Sería pues una pena que, por las razones que vienen de exponerse, esta compleja y muy laboriosa ingeniería no cuente finalmente con el debido respaldo popular. Y que tanto esfuerzo hecho para consensuar las disímiles realidades de los numerosos equipos participantes pueda finalmente convertirse en un nuevo y lamentable intento fallido.