Nº 2117 - 8 al 14 de Abril de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáYa hemos señalado la dificultad de acompasar las opiniones vertidas en nuestras columnas semanales al acelerado ritmo impreso a este tramo definitorio de la presente temporada futbolística. Venimos corriendo de atrás, sin saber qué ha ocurrido entre la entrega de nuestro material y el momento en que el ejemplar de Búsqueda llega a manos de sus consecuentes lectores. Lo que se ha visto aún acentuado por la tradicional pausa de la reciente Semana de Turismo.
A la fecha de nuestro último contacto, Liverpool ya había conquistado el torneo Clausura, a una fecha de su conclusión, por lo que debía disputar una semifinal con Rentistas, campeón del Apertura. Quedaba pendiente la definición de la Tabla Anual, la que finalmente (aunque con una impensada cuota de suspenso) obtuvo Nacional, que la había liderado holgadamente en casi todo su desarrollo. El título de campeón de la temporada debía pues dilucidarse entre el equipo tricolor y el vencedor de ese partido entre Liverpool y Rentistas (resultado que, además, sería determinante para el futuro del expectante Peñarol, en el ámbito continental).
Sin saber qué podía acontecer, nos permitimos arriesgar algunos pronósticos, con base en los más recientes antecedentes de ambos protagonistas. Y por tanto le adjudicamos al equipo negriazul una chance prioritaria para obtener el título máximo, suponiendo que no iba a tener mayores dificultades para ganar la semifinal, ante un Rentistas drásticamente debilitado, en relación con el que había ganado inobjetablemente el Apertura. E incluso (descontando que Nacional se quedaría finalmente con la Tabla Anual) nos animamos a sindicar a Liverpool como el favorito en las finales del Uruguayo, en atención a la abultada goleada que le propinara, unos días antes, a quien sería su rival en esa instancia decisiva.
Sin embargo —y lo aceptamos plenamente—, ese vaticinio fracasó rotundamente. Lo que no nos inhibe de hacer algunas precisiones al respecto. Así, y en primer lugar, es indiscutible que el resultado de la semifinal no refleja en absoluto lo que fue la producción de ambos oponentes. Tal como lo habíamos supuesto, Liverpool dominó claramente las acciones durante todo el encuentro, generando muchas situaciones de gol frente al arco rival, aunque no concretadas, ya sea por la falta de puntería de los ejecutantes, por alguna buena atajada del bisoño golero rival, o porque los palos jugaron esa noche obstinadamente en favor de Rentistas. El negriazul debió retirarse ya en ese primer tiempo con una clara ventaja en el tanteador. A lo que sumó —casi simultáneamente— la ventaja de jugar con un hombre de más, tras la expulsión de un zaguero rival. Aunque marró alguna otra chance de gol, su accionar bajó bastante en el complemento, lo que hizo que su rival emparejara en algo el trámite del partido. Igualmente, ya cerca del final, llegó ese gol que se le había negado tantas veces, y pareció sellada la suerte del partido. Sin embargo, poco después, llegó el inesperado empate de Rentistas, que forzó el alargue de rigor. En este se aunaron el notorio bajón de Liverpool y el titánico esfuerzo de su corajudo rival, que pese a su desventaja numérica supo mantener la paridad hasta forzar la siempre incierta definición por penales. Y allí apareció el héroe de la noche, el juvenil golero Rossi, que, atajando tres penales consecutivos, colocó —inesperadamente— a su equipo en las finales del Uruguayo (y de paso dejó a Peñarol sin chance de acceder a la Copa Libertadores). Mérito grande de los dirigidos por Capuccio, no dando nunca por perdido un cotejo que le fue mayormente desfavorable. Pero sobre todo un estrepitoso fracaso de Liverpool, que, superando netamente a su rival y teniendo un hombre de más en la mayor parte del juego, dejó escapar una oportunidad única de disputarle el título máximo a Nacional, con la importante ventaja psicológica de la rotunda goleada que le había propinado pocos días antes.
Como contrapartida, ese imprevisto resultado fue un significativo alivio para los dirigidos por Martín Ligüera, de cara a la decisiva instancia final del certamen. Es que, curiosamente, la definición vino a darse entre el primero y el último de la Tabla Anual (separados por 22 puntos); y con la significativa ventaja para el tricolor de que su rival llegaría a esa instancia desgastado físicamente, por haber disputado pocas horas antes un partido con alargue y penales para clasificar, y con un hombre de menos durante casi 90 minutos (las bajas por Covid, que debió afrontar Nacional, no parecen ser equiparables). ¡El ansiado bicampeonato le había quedado, pues, servido en bandeja!
Y esa diferente perspectiva quedó rotundamente plasmada en la primera final. Sin deslumbrar (lo que fue una constante en este tramo final del Clausura), el tricolor aprovechó las facilidades que se le presentaron en el curso del partido, con la particularidad de que los tres goles que le dieron su victoria llegaron por la misma vía: la impecable ejecución de un tiro de esquina por Ocampo (en “versión Recoba”), la reiterada defección de los defensores de Rentistas y el clásico oportunismo del implacable Bergessio. Y como esta instancia se define por puntos pero también por goles, entendemos que el amplio tanteador de este primer partido ya le aseguró a Nacional el título en disputa, más allá del formulismo de la revancha jugada ayer miércoles.
Peñarol, en tanto, debió contentarse con participar en la Copa Sudamericana, un torneo que siempre le fue esquivo. Como también terminó siéndolo el resultado de su debut ante Cerro Largo, el pasado martes. El fútbol aurinegro en la primera media hora fue muy auspicioso. Dominó abiertamente las acciones y se puso prontamente arriba en el tanteador. Pero luego sacó el pie del acelerador, permitiendo que su rival se reacomodara en la cancha. Apenas reanudado el cotejo llegó el segundo gol, y Peñarol bajó aún más su ritmo, quizás pensando que el triunfo ya era suyo. Incluso Larriera hizo algunos cambios, preservando a Gargano y dándole minutos a un Schiappacasse totalmente fuera de forma. Cerro Largo se adueñó entonces de la iniciativa y logró descontar tras un penal bien sancionado. Lejos de reaccionar, Peñarol se fue apagando y el rival se le vino encima cada vez con mayor peligro. Una pelota en un caño fue el anuncio, y en el último minuto de los descuentos (en un calco del partido del Clausura) apareció otra vez la cabeza ganadora de Enzo Borges, para poner un empate con claro sabor a derrota para el equipo aurinegro. Como ocurriera otras veces, llamativamente Peñarol no supo mantener un tanteador favorable, resignando dos puntos que ya eran suyos. Y ahora deberá ganar la revancha en el Campeón del Siglo, la próxima semana, con el riesgo de quedarse también afuera de esta suerte de “Copa consuelo”, que es la Sudamericana.