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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSuscribo y apruebo la mayor parte del contenido del comentario de Claudio Paolillo, relativo al tema de la Biblioteca Nacional, del pasado Nº 1.815 de Búsqueda, página 2.
Respecto de las diferencias, las dejo para el final.
No puedo menos que horrorizarme al transitar frente a este monumento de la cultura nacional, convertido en trofeo del vandalismo grafitero, con el agregado escandaloso de la participación de los partidos políticos, convocantes a espectáculos varios y, en el colmo de la hipocresía, los oponentes a la contaminación ambiental (Aratirí) se abaten sin escrúpulos al festival contaminante, muchas veces con la presencia ausente de estudiantes y personas movilizadas por causas por demás compartibles (próxima Marcha del Silencio) que, con suma indiferencia, transitan frente al edificio, quizás tratando de no mirar el triste rostro de la incultura.
Cabe agregar que similar expresión de desprecio irrespetuoso recibe el edificio de la Universidad de la República.
Creo que el Sr. Paolillo acierta al calificar a estas expresiones como de evidente derivación hacia la barbarie de una parte de nuestra sociedad.
A diario, en todo tipo de circunstancias, nos atacan los embates de las más negativas expresiones del comportamiento cargado de agresividad e irrespeto, que campean en nuestra capital. Creo y, en algunos casos, he comprobado que en buena parte de nuestro interior, la actitud de los uruguayos es muy diferente, quizás por la existencia de un relacionamiento afirmado por la presencia de valores, que desde siempre han determinado nuestra forma de relacionamiento, con base en la solidaridad.
Tal como he afirmado al comienzo, expreso mi discrepancia en torno a la tajante afirmación de la “lucha de clases” como propia de “personas de pensamiento estrecho”. Discrepo con esta categorización y me declaro sostenedor de esta categoría del pensamiento sociológico, que parte de la concepción esbozada por Carlos Marx respecto a la división de la sociedad humana en clases, en función de su ubicación en el sistema de producción económica dominante.
Expreso mi voluntad de no introducirme en esta nota, en esta desafiante posibilidad de debate de naturaleza ideológica, que bueno sería dejar para otras instancias.
No obstante creo sí que, atento a lo anteriormente consignado, no puedo dejar pasar esta oportunidad para declarar sentirme avergonzado por la injustificable agresión a la fachada del edificio, realizada para una convocatoria a la conmemoración del 1º de Mayo.
No ha de ser con estas expresiones de fortísima incultura que los trabajadores expresaremos nuestro posicionamiento ético en relación a la abolición definitiva de la inicua explotación humana, que expresan las relaciones de producción actualmente en vigencia.
Entre otros valores a enaltecer y honrar, en la sociedad a construir, deberá prevalecer sin duda la cultura y el respeto a los ámbitos que la expresan, de lo cual el edificio de la Biblioteca Nacional es un símbolo merecedor de todo respeto.
Mario Mora
CI 982.013-6