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    ¡Sorpresa y media!

    Nº 2162 - 17 al 23 de Febrero de 2022

    Solemos utilizar como títulos de estos encuentros semanales, algunos que son conocidos por ciertas razones (este era el nombre de un popular programa televisivo), pero que sirven para graficar otras situaciones inherentes al tema que habitualmente nos ocupa.

    En la columna anterior aludimos a una situación muy peculiar que se diera en el arranque mismo del primer torneo del año, como lo fue que los dos equipos grandes perdieran sus respectivos partidos; algo que no ocurría desde el lejano año 1939. Y planteábamos la interrogante de qué podría pasar con ambos, en sus futuros compromisos. Pero si fue muy singular lo ocurrido en esa primera fecha, lo que pasó en la siguiente sorprendió aún más. Como cabía suponer, uno de ellos (Nacional) se recompuso y ganó su segundo partido; pero el otro (Peñarol) sufrió una nueva derrota, que lo dejó circunstancialmente en el fondo de la tabla de posiciones.

    Nacional resolvió el pleito ante Rentistas con una facilidad mayor a la que podía preverse, y por un resultado más expresivo que la real diferencia entre uno y otro durante el partido. Su integración casi no cambió respecto a la de su fallido debut (faltó el argentino Gigliotti por estar suspendido, el colombiano Castro aún no está habilitado, el zaguero brasileño Coelho no está físicamente a punto y el zaguero Risso sigue en recuperación). Aunque ello quizás responda al propósito del técnico Repetto de darle cierta estabilidad al equipo, para hacerle a su debido tiempo las modificaciones que considere necesarias. En el transcurso del primer período no se advirtió una mejoría apreciable, ante un rival bien plantado que le jugó de igual a igual. Pero hubo, sí, un aspecto diferencial y decisivo para que Nacional pudiera alzarse con una victoria finalmente muy amplia, y lo fue el muy marcado repunte de Brian Ocampo, que cumplió una de sus mejores actuaciones en el equipo tricolor. A nuestro juicio –y así lo señalamos más de una vez– se trata de un interesantísimo proyecto del jugador, que aún no había logrado plasmar en la cancha todas sus cualidades; que son muchas y poco comunes. Para definirlo en pocas palabras, hace cosas con la pelota que no se les ven al común de los delanteros, una suma de habilidades y picardía traídas del “potrero” (como verse acorralado por dos rivales contra el banderín del córner y enganchar desde atrás el balón, por sobre sí mismo y sus marcadores, y enfilar con él en solitario hacia el área rival).

    Con tamaño potencial, la realidad indica sin embargo, que en todo este tiempo –y con varios técnicos– no ha podido aún afianzarse como titular indiscutido en el equipo principal. ¿Las razones? En primer lugar, su manifiesta irregularidad, sus lagunas que le hacen desaparecer por largos pasajes del encuentro. También algunas reacciones destempladas frente a algunos fallos arbitrales, que le hacen “salirse” del partido, cuando no es el propio juez el que así lo determina. O acaso lo sea el hecho de no sentirse titular indiscutido, de no tener la seguridad de su permanencia en el equipo principal, pese a esos bajones circunstanciales. Más aún, cuando ya ha sido ocasionalmente convocado a la selección. Sea cual fuere la explicación, lo cierto es que la producción de Ocampo el pasado fin de semana fue por momentos deslumbrante. Y el factor determinante de que un partido que tenía un curso muy equilibrado (el primer gol llegó prácticamente en el cierre del primer tiempo) se desnivelara en el complemento, sumándose otros tres más, uno de ellos de su propia autoría, con un potentísimo remate de afuera del área. Aunque, como ya dijéramos, el técnico Repetto aún tiene que buscar la mejor formación y con mucho aún por corregir, sabe que puede contar con el talento de Ocampo; lo que no es poca cosa, cuando faltan apenas dos fechas para el partido clásico, con todo lo que ello implica.

    Pero si no fue sorpresa que Nacional volviera a la victoria, en cambo sí lo fue que Peñarol sufriera una nueva derrota, esta vez ante el recién ascendido Defensor (que le ha ganado tres de los cinco últimos partidos que jugaran entre sí). El equipo aurinegro volvió a jugar mal, muy por debajo del rendimiento que se esperaba. Larriera apeló a un cambio (el ingreso de Bentancourt por Laquintana) para conformar una dupla en la parte central de la ofensiva, que facilitara el trabajo de Álvarez Martínez, cuya merma en la faceta goleadora –no en otros rubros donde sigue manejándose eficientemente– se torna preocupante. Sin embargo, fue muy escasa la ayuda de su ocasional acompañante, al igual que aconteciera con Viatri, que le sustituyera en el segundo tiempo. Pero ocurre que esa falta de efectividad que preocupa al técnico, no es solo de ahora. Ya en los tramos finales de la temporada anterior (vale recordar el agónico desenlace de su partido ante Sud América, en el cierre del torneo Clausura y la ulterior y obligada definición por penales del Campeonato Uruguayo, ante Plaza Colonia) a Peñarol le había costado más de la cuenta cerrar partidos que había dominado netamente en el plano futbolístico. Y a ese déficit se le ha ido agregando la pérdida de varios futbolistas importantes (los dos zagueros, Jesús Trindade, Giovanni González y Facundo Torres), que aún no ha podido disimular. Lo que ha llevado a que, a esa falta de definición, se le haya sumado en los últimos tiempos un marcado deterioro en otras líneas (la retaguardia ante los violetas fue un flan, al punto de que bien pudo perder más categóricamente). Por otra parte, los técnicos de los rivales también juegan su rol, y hoy conocen bien cuál es el estilo de juego que Peñarol impuso con señorío en el año anterior, o sea un fútbol prolijamente elaborado desde el medio del terreno, y la obsesiva proyección ofensiva con desbordes por los dos flancos del campo de juego. Y han tomado las lógicas precauciones para neutralizarlo.

    Tiene igual el equipo aurinegro material suficiente para elevar su actual nivel de juego. Pero entendemos que su técnico –que no oculta su preocupación– deberá encontrar la fórmula más adecuada para, sin abdicar de esos atributos que tan justamente se elogiaran en el año anterior, mejorar un rendimiento actual que no es el esperado. Es que, pese a las ausencias ya mentadas, el aurinegro tuvo algunas incorporaciones de valía (al caso Arias y Aguirregaray) y sigue contando con el aporte de futbolistas de la talla de Gargano, Canobbio, Ceppellini y Álvarez Martínez, y algunos juveniles promisorios. Lo que sí parece claro es que un técnico inteligente y trabajador como Larriera, deberá encontrar urgentemente alguna variante táctica (él habla de “reconstrucción”), para volver cuanto antes a la victoria. Más aún, cuando el clásico está casi a la vuelta de la esquina.

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