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    ¿Treinta años no es nada?: de Sanguinetti a Manini

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2232 - 6 al 12 de Julio de 2023

    Las comparaciones podrán ser odiosas, pero ayudan a pensar. Así que, apelando a la complicidad de los lectores y a la inteligencia (y paciencia) de los dos líderes contrastados, lo diré de entrada y de un modo muy simple: Guido Manini es a Luis Lacalle Pou lo que Julio María Sanguinetti fue para Luis Alberto Lacalle Herrera 30 años antes. Manini, como antes Sanguinetti, es el socio más difícil del presidente. Es sabido que el líder colorado, marcando sistemáticamente sus diferencias con Lacalle Herrera, terminó siendo reelecto en 1994. Pasaron 30 años. Cabe, por tanto, la pregunta: ¿gana o pierde Manini confrontando de forma tan abierta con el gobierno que integra? Lo sabremos en octubre del año que viene. Tengo serias dudas. En el acierto o en el error, pienso que pierde.

    El Foro Batllista fue un socio clave durante la presidencia de Lacalle Herrera. Lo mismo puede decirse de Cabildo Abierto en el gobierno de Lacalle Pou. Es que los dos, padre e hijo, con tres décadas de distancia debieron enfrentar el mismo desafío: al carecer de mayorías propias, tuvieron que construir acuerdos interpartidarios para poder llevar adelante sus respectivas, y en muchos sentidos parecidas, agendas de gobierno. La coalición de Lacalle Herrera se desgranó rápidamente. Los partidos, hace tres décadas, tenían divisiones más profundas que ahora. Colorados y blancos, además, arrastraban los enconos de la transición. La coalición de Lacalle Herrera empezó a desarmarse en mayo de 1991, cuando el Foro Batllista retiró al ministro Alfredo Solari. Lacalle Pou, en cambio, ha logrado llegar al cuarto año de su mandato con todos los socios iniciales a bordo. Perdió ministros, pero no apoyo legislativo.

    Ambos presidentes tuvieron algunos socios más colaborativos y otros más competitivos. El Foro Batllista, por su importancia en todo sentido, fue el compañero de ruta más difícil del gobierno de la época. Se fue temprano de la coalición y se opuso a iniciativas muy importantes. Lo mismo puede decirse de Cabildo Abierto. Su posición durante la reciente interpelación a Luis Alberto Heber es la última perla de un largo collar. Antes, Cabildo llevó la tensión hasta el límite en el debate sobre seguridad social. De inmediato, la remoción de Irene Moreira del gabinete, mirada desde lejos, tuvo sabor a revancha presidencial.

    Sanguinetti y Lacalle Herrera, aunque forman parte de la misma “familia ideológica”, tenían (y siguen teniendo) diferencias ideológicas no triviales. Sanguinetti no cesó de subrayarlas hace 30 años. En Meditaciones del milenio, las dejó negro sobre blanco: “Hemos estado prisioneros entre la dicotomía de la demagogia populista y el neoliberalismo insolidario” (1). El expresidente, dicho sea de paso, ha vuelto a tocar la misma tecla en un libro reciente. En El poder de las ideas, volvió a marcar ambas fronteras. En suma, para Sanguinetti a comienzos de los 90 competían tres proyectos ideológicos: de un lado, la izquierda frenteamplista (permeada por el marxismo), del otro, la derecha neoliberal (liderada por el herrerismo), y en el centro, el proyecto socialdemócrata del Partido Colorado y el batllismo (julista).

    Hace 30 años, marcando de manera sistemática sus diferencias con la “ortodoxia económica” del herrerismo, acercándose a Hugo Batalla (que había roto poco antes con el Frente Amplio y creado con Juan Pablo Terra el Nuevo Espacio), Sanguinetti logró ser electo de nuevo presidente de la República. Durante los cinco años siguientes, la “familia ideológica” gobernó unida. Las diferencias existentes se tramitaron con discreción. La reforma constitucional de 1997 consumó en el plano de las instituciones la relación política que se había tejido en la práctica. En 1999, colorados y blancos, unidos tras la candidatura de Jorge Batlle, lograron vencer a Tabaré Vázquez, pese a que el Encuentro Progresista se había convertido en el partido político más votado.

    Manini Ríos y Lacalle Pou, aunque forman parte del mismo bloque político (el conformado por los rivales del Frente Amplio), también tienen entre sí diferencias ideológicas no triviales. Manini se esfuerza en explicitarlas todo el tiempo. Como Sanguinetti hace 30 años, Manini dice que hay tres proyectos: de un lado, el del FA, del otro, el de colorados y blancos, y en el centro, entre ambos, el de Cabildo Abierto. No es una impostura. Tampoco lo era, ni lo es, la de Sanguinetti. Son posiciones genuinas, con raíces ideológicas profundas.

    Sanguinetti se atrevió a desafiar al gobierno que integraba en el tema más importante para la agenda presidencial: las privatizaciones. Y formó parte de la coalición política y social que impulsó el referéndum que derogó cinco artículos de la Ley de Empresas Públicas. Manini desafió al gobierno que todavía sigue integrando en diversos temas, todos muy importantes. Lo hizo con la reforma de las jubilaciones y anuncia que lo hará en otros asuntos, como el endeudamiento interno. Como Sanguinetti 30 años antes, votó con el Frente Amplio en un tema tremendamente relevante: la legislación forestal.

    Construyendo esa frontera, aunque al precio de romper la coalición, buscando centrarse entre los dos polos (marxismo y neoliberalismo), Sanguinetti logró ganar la elección de 1994. Manini ha logrado tener un gran protagonismo y no vacila en marcar distancia con los demás socios sin romper la coalición. No pasa un solo día sin que se hable de Cabildo Abierto. No hay análisis político que pueda evitar el análisis de sus movimientos y especular con sus perspectivas electorales.

    A Sanguinetti le fue bien. ¿Le irá bien a Manini? Imposible responder con certeza. El libreto “tercerista” funcionó hace 30 años… Es mucho tiempo. Pasó mucha agua bajo el puente. En particular, se conformó una identidad de bloque que en ese entonces no existía. ¿Cómo interpretarán los votantes de la coalición las diferencias expuestas, una y otra vez, por Cabildo? ¿Las premiarán o las castigarán? La política de hace 30 años tenía tres tercios muy parejos. Hoy tiene dos mitades similares. Por eso mismo, terciar es muy difícil. Dado el clima de polarización existente, es una operación política de alto riesgo.

    (1) Sanguinetti, Julio María. Meditaciones del milenio, Arca, Montevideo, 1994, pp. 28-29.

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