N° 1708 - 11 al 17 de Abril de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn una disertación realizada esta semana ante el Economic Club of New York, la directora-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, señaló que la economía mundial no luce “tan peligrosa” como hace seis meses, más allá de que la reducción de los riesgos en los mercados financieros no se ha trasladado a una mejora de la economía real.
Durante su presentación, Lagarde defendió las políticas monetarias “ultra-expansivas” que vienen aplicando los países desarrollados. Señaló que en las actuales circunstancias es lógico que sea la política monetaria la que haga el “trabajo pesado” de fomentar la recuperación económica, dada la realidad fiscal que existe en los principales países industrializados. En Estados Unidos, según Lagarde, la política fiscal es “demasiado agresiva en el corto plazo y demasiado tímida en el mediano plazo”, lo que genera dudas sobre la fortaleza de la recuperación. La crisis de deuda europea, por otra parte, tiene prácticamente a toda el Área Euro en una política de fuerte austeridad fiscal, sea por necesidad (en el caso de los países mediterráneos altamente endeudados) o por convicción (caso de Alemania y otros países del norte de Europa). Si bien Japón está embarcado en un nuevo programa de estímulo fiscal para tratar (junto con el “tsunami” monetario anunciado la semana pasada por el Banco de Japón) de sacar a la economía de la recesión y de la espiral deflacionaria, habrá que ver si esta vez (a diferencia de lo ocurrido con los múltiples paquetes de estímulo fiscal aplicados en los últimos 25 años) el mismo resulta efectivo.
Ciertamente que desde el punto de vista financiero los riesgos en los mercados parecen haber disminuido de manera significativa en los últimos seis a ocho meses, básicamente desde que a fines de julio de 2012 el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, anunció que iba a hacer “todo lo que fuera necesario” para preservar la integridad del euro. También contribuyeron a la mayor tranquilidad financiera las nuevas rondas de estímulo monetario implementadas tanto por la Reserva Federal en Estados Unidos como, más recientemente, por el Banco de Japón. La perspectiva de abundante liquidez a tasa cero en el mundo desarrollado al menos en el próximo año o año y medio ha generado la euforia de los mercados financieros, comprimiendo todos los spreads de riesgo en los mercados de crédito y llevando a que las bolsas de valores marquen nuevos máximos históricos. Sin embargo, y seguramente como reflejo de las dificultades que sigue enfrentando la economía real (así como también por el fin del proceso de depreciación del dólar), los precios de las materias primas en general han mostrado caídas en los últimos meses y se encuentran bastante por debajo de los anteriores máximos históricos.
Más allá de la actual bonanza que se observa a nivel de los mercados financieros, la economía mundial sigue dando muestras de enormes dificultades para sostener un ritmo de crecimiento adecuado (especialmente en el mundo desarrollado) y sobre todo de manera autónoma. Incluso en el caso de Estados Unidos, los datos conocidos en marzo resultaron decepcionantes tanto a nivel del mercado de trabajo como en relación a la actividad en los sectores manufactureros y de servicios, a pesar de que todavía no se han implementado los recortes automáticos de gastos a nivel del gobierno federal que entraron en vigencia el pasado 1º de marzo. Europa sigue inmersa en una recesión que ya es muy significativa en los países de la periferia y tampoco se observan señales claras de reactivación ni en Japón ni en China y otros países emergentes importantes.
¿Cuánto tiempo más podrá mantenerse el aparente divorcio entre la economía real y los mercados financieros? Eso es lo que determinará si realmente estamos en un mundo menos peligroso o no. Si efectivamente la actual bonanza que están mostrando los mercados financieros comienza a trasladarse a la economía real, entonces podremos decir que el accionar de los bancos centrales en el mundo desarrollado ha sido efectivo. Si, por el contrario, la economía real no logra despegar, tarde o temprano se terminará la actual bonanza financiera y potencialmente la economía mundial puede llegar a enfrentar tiempos muy complicados, porque además, al menos en el mundo desarrollado, claramente ya no hay más margen para utilizar ni la política monetaria ni la fiscal como elementos compensatorios.