Nº 2140 - 16 al 22 de Setiembre de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNingún científico de ninguna época tiene el récord de Tycho Brahe, personaje de novela y de tragedia indistintamente, pero también de la mejor épica de la ciencia: con sus investigaciones llegó a consumir el 5% de la producción económica anual de la próspera Dinamarca; tal era la devoción del rey por su astrónomo. Brahe usó la riqueza para construir enormes instrumentos astronómicos en una estación subterránea, con un techo que se podía apartar con poleas. Brahe permaneció aquí durante 20 años, haciendo observaciones que eventualmente caerían en manos de Johannes Kepler, lo que le permitió formular sus teorías sobre el universo, incluidas sus leyes del movimiento planetario.
Su observatorio, Uraniborg (Castillo Celestial), se terminó en 1580. En él incorporó varias salas subterráneas repletas de equipos extraños y premonitorios equipos astronómicos que Tycho, junto con varios asistentes, diseñó y construyó. Durante las siguientes dos décadas examinó meticulosamente los cielos, tomando medidas y actualizando los mapas de estrellas. Allí trabajó afanosamente armando cartas y referenciando movimientos con un ardor solo comparable al de un místico; los fondos ilimitados que recibía, además, le permitían desfogar sus acuciantes pasiones mundanas a su antojo y casi podríamos decir que sin medida. Pero la felicidad no dura para siempre y estos buenos tiempos tenían que terminar. En 1596, cuando Federico II murió y fue sucedido por su hijo, Christian IV, Brahe descubrió que la buena voluntad real había terminado y tuvo que huir del país. Así fue que en 1597 el ya respetadísimo astrónomo, la luminaria de la ciencia, se instaló en Praga, donde sin ningún remilgo se convirtió en astrólogo oficial de la corte del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Rodolfo II, de la dinastía Habsburgo.
Tycho quedó extremadamente impresionado con la precisión matemática de Copérnico, pero no pudo aceptar el modelo heliocéntrico; en su lugar diseñó un modelo híbrido que mantuvo a la Tierra en el centro del universo. En su sistema, Tycho propuso que la Tierra se encontraba en el centro del universo, y la Luna y el Sol giraban a su alrededor, con los cinco planetas conocidos dando vueltas alrededor del Sol y las estrellas habitando una región justo fuera de ella. Él basó este modelo en la idea de que la Tierra estaba inmóvil y fija porque, propuso, si la Tierra orbitara alrededor del Sol, las estrellas más cercanas a la Tierra parecerían moverse en relación con las estrellas más lejanas. La otra explicación fue que las estrellas estaban demasiado lejos para notar tal cambio, pero Tycho rechazó esta idea, no estaba dispuesto a aceptar que el universo era tan grande. A pesar de la inexactitud de su teoría y del hecho de que pocos la aceptaron, contribuyó a la historia de la astronomía realizando mediciones extremadamente precisas y empleando a un asistente, Johannes Kepler, que se convertiría en uno de los más grandes astrónomos de todos los tiempos.
Nada hacía predecir esto desde su cuna. Conforme lo que cuenta Henriette Chardak, ya el día de su nacimiento su padre tuvo la infeliz idea de donarlo a su hermano, que estaba desolado porque no podía tener hijos en su matrimonio. No fue tanto por piedad que lo hizo, sino por una cierta venganza, porque Tycho vino al mundo con un gemelo que murió al nacer. Todo hubiera fluido bien, como de hecho lo planificaron sus padres adoptivos. Adoraron a ese niño y le dieron una excelente educación, rodeándolo de primores. De no haber ocurrido la desgracia de que se enamorara de sus primas, que en realidad eran sus hermanas, su vida pudo haber sido presumiblemente normal. Este infortunio le causó prohibiciones, alarmas, luchas, fugas y acabó por forjar un carácter torcido y levantisco por el que a la edad de 16 años perdió la mitad de su nariz en una pelea de taberna que duró dos días al filo de las espadas.
La peor hipótesis que todavía sobrevuela sobre su muerte es que fue asesinado por encargo del rey de Dinamarca Christian IV, que estaba muy ofendido porque sospechaba que el científico había pervertido a su señora madre, la reina Sophie von Mecklenburg, que tenía fuerte interés por la astronomía y al parecer conoció y disfrutó los rasgos menos civilizados de Tycho.