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    A 40 años de la hazaña de Defensor

    Sr. Director:

    Un sistema para derrotar al sistema

    El 25 de julio de 1976 Defensor cambió la historia del fútbol uruguayo, por lo que durante el festejo la “vuelta olímpica” en el Franzini se hizo en sentido contrario. Defensor pudo romper una hegemonía que se mantenía como regla tanto dentro como fuera de la cancha (de ser necesario, otorgando los campeonatos en las “oficinas” de la AUF a los dos únicos equipos que debían ganarlos). El artífice del éxito fue el profesor José Ricardo de León, un adelantado a quienes los partisanos del poder denominaron desde sus respectivas zonas de confort como el creador del “anti fútbol” o, incluso, el “destructor del fútbol uruguayo”. Y vaya si fue un destructor del sistema denominado “fútbol uruguayo”. Su sistema a la “europea” fue tan destructor que pudo sortear todas las “barreras del poder” y del conservadurismo uruguayo. Defensor cambió la historia porque así fue planificado. Mientras los equipos “grandes” se preocupaban tan solo de conocer al “dedillo” la nómina de jueces designados para dirigir el campeonato, el Profe viajaba en 1972 a Holanda para aprender de un nuevo sistema que se venía denominando “fútbol total”. El “fútbol uruguayo” defendido por la prensa del momento era aquel que dio lástima y vergüenza en el partido de primera ronda del mundial de 1974 contra Holanda, cuyo entrenador, Rinus Michels, usaba un sistema de presión y “fútbol total” muy similar al planificado y utilizado por Defensor en 1976. Causalidad en lugar de casualidad. De todas formas, cabe a los historiadores investigar: ¿Por qué y cómo pudo ganar Defensor? ¿Qué y quién falló en el sistema “fútbol uruguayo”, esa vez, para que se admitiese un cambio tan radical? En mi opinión, el sistema de De León se basaba, primero, en vencer todas las adversidades y realidades dadas de un sistema injusto, y, luego, en la elemental y básica idea de hacer más goles que los rivales en todas las canchas (y aquí sí me atrevo a incluir también a un “terreno imaginario” político y social). Aquel Defensor derrotó al sistema del fútbol porque demostró que se trataba de un sistema caduco (de pensamiento y acción) basado en la improvisación de sus dirigentes y porque deportivamente estaba perimido en su estilo de juego basado en la viveza/guapeza en su acepción matoneísta (conducta de quien quiere imponer su voluntad por la amenaza o el terror). De León inculcó confianza, convencimiento y exigió inteligencia a sus jugadores (la cabecita levantada de un Schiaffino, pero el sistema de presión aprendido de memoria de Graffigna). No puedo evitar una comparación con el sistema del “Maestro” Tabárez, porque quien no estuviese convencido del sistema, no podía jugar en aquel equipo donde solo importaba competir para ganar (si bien en el sistema del Maestro la victoria podría acontecer o no al final del camino). El legado de ese equipo permanece vivo hoy en Defensor, que no compite si no es para ganar. Ante la pregunta sobre el jogo bonito De León contestaba: “Por supuesto, si voy ya ganando por 4 a 0”. La base sistémica estaba en hacer jugar al rival apenas en un pequeño sector del terreno, que el Profe gustaba denominar “terreno rectangular reglamentario”. De León jugó al básquetbol y de ahí se explica la rigurosidad defensiva, el famoso pressing. Solo quienes creen en un sistema propio pueden entender ese traslado de conceptos de un deporte colectivo a otro. Recuerdo haber visto al Maestro Tabárez en las finales de la Liga de Básquet entre Defensor Sporting y Malvín de 2014, a quien a sabiendas de su simpatía o preferencia le pedí cordialmente y con animus jocandi que no siguiera viniendo porque le estaba dando demasiada suerte al equipo rival. El Maestro me contestó que aprendía de los sistemas defensivos de Jauri y de López, conceptos que luego intentaba aplicar en la selección uruguaya. En ese momento volví a pensar en lo adelantado que estaba De León para su época y lo incómodo que resultarían sus ideas para el nivel promedio de envidia de este país. El Profe hablaba de fútbol científico (no improvisado), por eso entrenaba sin golero en el equipo titular (a veces, con uno o dos jugadores menos), en los partidos hacía jugar al golero al borde del área porque según su filosofía de juego se trataba de ahogar totalmente al rival. Defensor no presionaba sobre el mejor jugador rival, sino sobre la pelota, para que no llegara a los pies de aquel. La mediocridad de los periodistas vernáculos, sin embargo, interpretaba aquello novedoso como “tramposo” o como “no-fútbol”, ¡cuando era la base del éxito holandés! ¡Por supuesto que el rival no podía jugar fútbol!, eso no se puede negar, porque esa era la base de un sistema diseñado para ganar dentro de lo reglamentario. En una entrevista realizada en el programa de tv “Los bueyes perdidos” De León contó que su sistema no fue apreciado en Uruguay porque (salvo Victor Hugo Morales y los fieles hinchas) los uruguayos no lo iban a ver jugar a Defensor. Su sistema era denostado porque los uruguayos solo lo apreciaban cuando sus equipos “grandes” eran derrotados por Defensor. Esta frase explica la aversión de muchos hacia el sistema y hacia el propio Defensor, un sistema y una institución que se acostumbró a derrotar a los adversarios, aunque sean más poderosos, aunque jueguen siempre en la misma cancha, y, como dijo en aquella entrevista el Profe, aunque sean beneficiados por los árbitros que quieren ascender en sus respectivas carreras. Esta condición quijotesca y de defensa de una forma de ver el mundo caracteriza aún hoy a Defensor, que se posiciona fuerte en la interrelación de fuerzas que luchan al interno del sistema de fútbol uruguayo, en varios terrenos y en varios frentes. Los campeones de 1976 demostraron que se puede contra la adversidad, aun cuando las libertades más básicas están siendo vulneradas por un sistema más totalitario y mucho más cruel que el que gobierna al fútbol. Defensor se caracteriza por desafiar al sistema y por no ser funcional al poder, lo que puede explicarse como un legado de aquel momento histórico. Defensor no solo cambió la historia deportiva del Uruguay sino que derrotó al sistema, porque a la cabeza de aquel proceso había un adelantado que creó un sistema para derrotar al sistema.

    Pablo Galain Palermo