Nº 2128 - 24 al 30 de Junio de 2021
Nº 2128 - 24 al 30 de Junio de 2021
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSegún el pensamiento de Martín Heidegger en su Carta sobre el humanismo la misión primera y última de la poesía (o de la filosofía, que es su sinónimo radical) reside en la capacidad fundante del ser. Los poetas y los filósofos, dice, son los vigilantes de la morada del ser, que es el lenguaje. Su guarda es gravitante por cuanto consiste en llevar a cabo la manifestación del ser, es decir estar atento, cuidar, determinar que la palabra haga posible la manifestación del ser, que la palabra permita un despliegue hacia el ser. Esa vigilancia consiste en consumar la manifestación del ser, es decir, hacer hablar a la palabra conservando en ella lo que el ser es; que el ser sea, que el lenguaje no se banalice, que conserve la inmediatez del ser; custodiar consiste en cuidar que no se pierda el ser en la palabra, que la palabra no abandone su funcionalidad originaria. Tal es el sentido último de la guarda del lenguaje: la palabra habla de lo que es, pensar. ?Filosofar es tratar con el ser y eso ocurre a partir del habla. Por eso el habla no debe ser envilecida, por eso los poetas y los filósofos exprimen la palabra, la esencializan. Esa es la función del filósofo, que es también la función del poeta. Aquí reside la gran maravilla de la literatura; no de la literatura como discurso estético, sino el hechizo de la literatura como fundante de una verdad. Se trata este de uno de los puntos centrales del pensamiento de Martín Heidegger, que es también una evocación de los momentos fundacionales del pensamiento de los antiguos griegos.?Heidegger inventa un lenguaje nuevo a partir de las raíces, porque la palabra tiene que decir lo que es y no otra cosa. La palabra hace que el ser se exprese, y eso ocurre con el acto de decir, pero no de cualquier manera. Se trata de ser esencialista en el habla. En uno de los diálogos más arduos y reveladores de Platón, que es en el Crátilo, Platón nos dice que la función del habla es decir lo que es. Dice, parafraseado por Borges, que la palabra rosa está en la rosa, que la palabra contiene al ser. Algunas leyendas nos refieren a Heráclito como alguien que hablaba poco y, según lo cuenta Aristóteles, cierta corriente de los discípulos de Heráclito prácticamente no hablaban, y no porque hicieran voto de silencio, sino porque entendían que el acto de hablar solo se reservaba a lo esencial.
Ese pensar que se hace posible en el habla no se convierte en acción porque solo salga de él un efecto o porque pueda ser utilizado; que no existe “pensar en” o “respecto de”. El pensar no es una acción porque de ello se derive un efecto. El pensar es acción por el solo hecho de pensar. No es porque se piense en un hagamos, cantemos, bailemos; es acción por el pensar en sí: pensar es la acción por excelencia. Por eso nos va a significar que el pensar solo actúa en la medida en que piensa, que el pensar solo obra en cuanto piensa. Es en este punto exacto donde estamos frente a la esencialidad del lenguaje. Este actuar es seguramente el más simple, pero también el más elevado, porque atañe a la relación del ser con el existente, con el dasein: no hay pensar sin pensador; no hay filosofía, hay filósofos; no hay pensamientos, hay un pensar del pensador. Ese pensar está ligado al habla, y el habla está ligado al hombre que es sustancialmente un hablante. El hombre es lo que es pensando en su camino a través del habla.?Pero Heidegger no quiere que nos perdamos en la curva equivocada, que sigamos los señalamientos automáticos del camino; por eso subraya: todo obrar reside en el ser y se orienta a lo ente. Por el contrario, el pensar se deja reclamar por el ser para decir la verdad del ser. Esto significa que todo obrar encuentra una manifestación externa, y hace pie en algo externo, pero tiene su origen en el ser. El ser es la esencia y el ente la manifestación. El pensar se deja interpelar por el ser para decir la verdad del ser. El pensar está al servicio del ser. Se manifiesta en lo ente, pero es de la índole del ser. No hay un pensar genuino, auténtico que no relacione, que no vincule con el ser.
La función de la poesía en esta íntima reducción a su razón de ser es prestarle lealtad a su condición de custodia; esto supone, en su puro hacer, abrazarse a la pregunta por el ser, prestarle lealtad.