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    Abrir las porteras

    Nº 2256 - 21 al 27 de Diciembre de 2023

    Una de las conclusiones más importantes surgidas de los resultados del último censo es que la población uruguaya permanece estancada y con serios riesgos de entrar en una fase de decrecimiento. De hecho, el único motivo por el cual los uruguayos somos apenas un poco más que hace 10 años es gracias a los inmigrantes. De no ser por ellos, que llegaron de a decenas de miles principalmente de Venezuela, Cuba y Argentina, estaríamos casi incambiados, mucho más cerca de los tres que de los cuatro millones.

    Así que el fenómeno de la migración, al igual que en distintas etapas de la historia nacional, hoy pasó a ser central y debe ser atendido como corresponde. Al igual que cuando llegaban europeos, principalmente españoles e italianos en barcos, los hechos se repiten, pero ahora los traslados se dan desde dentro del continente latinoamericano.

    Por eso el lunes 18, Día Internacional del Migrante, fue una fecha importante para Uruguay. El gobierno resolvió celebrarla de una buena manera, fortaleciendo el proceso de integración social de los extranjeros que viven en nuestro país, a través de un nuevo centro de atención de migrantes. El local, ubicado en la Ciudad Vieja, lo puso el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial y el que se encargará de gestionarlo será el Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

    El ministro de Desarrollo Social, Martín Lema, uno de los protagonistas de la inauguración del nuevo centro, informó en el acto del lunes 18 que en los últimos 10 años más de 60.000 extranjeros llegaron al Uruguay y que durante 2023 se recibieron en el Mides más de 14.000 consultas de inmigrantes relacionadas con trámites de índole laboral, prestaciones sociales, salud e identificación civil.

    La cifra exacta que arrojó el censo es 61.810 extranjeros que vinieron a vivir a nuestro país desde 2011 a 2023, 27% de ellos venezolanos, 22% argentinos, 20% cubanos y otros porcentajes más pequeños de nacionalidades de todos los continentes. Por eso es un acierto la decisión del Poder Ejecutivo de centralizar la ayuda a todos ellos para las cuestiones laborales, de salud e identificatorias.

    Pero hay más buenas noticias. También se incrementó la revalidación de títulos universitarios de extranjeros que solicitan ejercer sus profesiones en Uruguay. Porque otro dato importante que muestra el censo es que muchos de los inmigrantes son egresados universitarios y que los primeros tiempos después de su llegada realizan trabajos vinculados a los servicios, que no tienen nada que ver con sus profesiones.

    La Ley de Urgente Consideración (LUC) estableció que las reválidas internacionales las hace el Ministerio de Educación y Cultura y desde que eso ocurre, a partir de mediados de 2022, se habilitaron más de 2.000 títulos, lo cual significa un récord histórico, según se informó en la última edición de Búsqueda. La mayoría de los graduados son argentinos, cubanos y venezolanos y están vinculados al área de la salud, pero también hay de otras nacionalidades y profesiones, como por ejemplo, docentes, ingenieros, arquitectos y abogados.

    Otro dato interesante es que esa realidad de país abierto y receptor de extranjeros es percibida como positiva por la mayoría de los uruguayos. Al menos de la boca para afuera. Una encuesta de la empresa Cifra de fines de 2021 reveló que cerca de dos de cada tres encuestados (62%) considera que es positivo para el país que vengan inmigrantes y menos de un tercio (28%) piensa que es negativo. Las opiniones son más positivas que las que se registraban en 2019, cuando solo poco más de la mitad apoyaba la llegada de inmigrantes.

    Sería una muy buena cosa que esos porcentajes fueran sinceros, siguieran creciendo y que no respondieran solo a respuestas políticamente correctas. Porque otra vez necesitamos de los inmigrantes. Por eso hay que volver a fortalecer el país de porteras abiertas, de oportunidades, atractivo para los que lo necesitan. Vamos por buen camino, pero hay que profundizarlo. Nos hace falta más población tanto en nuestro campo como en nuestras ciudades. Y también diversidad en la cultura, que se alimenta de lo heterogéneo. Así lo demuestra nuestra rica historia, a la que habría que mirar con más atención para poder repetirla cuando vale la pena.