N° 2028 - 11 al 17 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace algunas semanas recibimos la noticia de que luego de casi 20 años el Mercosur y la Unión Europea (UE) firmaron el tan esperado acuerdo de libre comercio. Son sin dudas muy buenas noticias, porque como país chico tenemos que agarrarnos a cualquier oportunidad de vender mejor nuestros productos.
Para la agricultura uruguaya, lo primero que se supo es un cupo de 60.000 toneladas de arroz de acceso libre de aranceles (eso son más o menos dos barcos). Sin duda ayuda al sector arrocero que viene desde hace tiempo en muy malas condiciones. Pero vamos a poner las cosas en perspectiva. Para empezar, al acuerdo le faltan algunas etapas formales nada menores (tiene que traducirse, pulirse la letra chica y pasar por el filtro de los parlamentos y en el caso de la UE se requiere de mayorías especiales). Luego de eso viene el proceso de adecuación arancelaria de 15 años entre los bloques. Sin dudas que nuestros hijos tendrán un mejor potencial de mercados que nosotros hoy en día.
Se nos abre la puerta a un mercado enorme y con un poder adquisitivo más que interesante. Pero también es un mercado que, en lo que a alimentos se refiere, es tremendamente exigente y no ven con buenos ojos algunas de nuestras prácticas agrícolas, especialmente en la agricultura. Europa está en la punta de lanza contra el glifosato, el herbicida más utilizado en la región. Son tremendamente celosos de la forma en la que ellos hacen su agricultura y hoy para entrar en sus mercados se pide respeto a esa forma de hacer las cosas. Ya no son solo los aranceles los que cuentan, es también una trama enorme de sistemas de certificaciones de inocuidad y calidad que tienen que asegurarle al consumidor que llegamos en las condiciones que ellos demandan.
Otro punto importante es que Uruguay va a tener que converger hacia aspectos legales y regulatorios que nos lleven a no discutir ciertas cosas esenciales. Empezando por las regulaciones laborales bien entendidas y aplicadas. Eso quiere decir que nuestro país, que es un campeón en generar un Estado que todo lo regula y que es una máquina de entorpecer el desarrollo empresarial, va a tener que ver qué cosas simplifica para ayudar a la competencia de las empresas uruguayas a las que se les abren los mercados. Si no adecuamos nuestra regulación ambiental, económica y laboral, de poco va a servir que tenga un mercado abierto y compradores más dispuestos a pagar si mis empresas se siguen ahogando en regulaciones estúpidas y sin sentido. Tenemos un plazo para adecuarnos, pero recuerden que los tiempos de decisión del Uruguay son por demás largos.
Creo que tenemos una gran oportunidad. Es cierto que estamos en un barrio complicado, pero con relativamente poco podemos ayudar a que esto sea una oportunidad. La agricultura no tiene algunas oportunidades y no va a ser la definitoria del asunto, pero puede apalancar a una ganadería intensiva que sí puede valorizar más el producto que vende.
Celebro que se haya llegado a este destino. Tuvimos que tener una alineación de astros especial en el Mercosur, con dos presidentes liberales y agendas que no les dejó espacio para más que firmar para crecer. El liberalismo logró lo que el progresismo no pudo. Ahora hay que ir por más, aprovechar la circunstancia y presionar porque el Mercosur salga a buscar acuerdos con los grandes que faltan, EE.UU., China e India. Y ponernos a hacer los deberes de ajustarnos para estar prontos a captar las oportunidades que nos den.
Recuerden que Uruguay es un tercio del territorio de Francia. En población somos un barrio de París. Vaya si tendremos oportunidades, es solo ponerse a trabajar y sobrevivir al exceso de costos de ser uruguayos hasta que tengamos el acceso al mercado y al consumidor.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.