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    jueves 13 de junio de 2024

    Adam Smith

    Nº 2224 - 11 al 17 de Mayo de 2023

    Este año se cumplen tres siglos del nacimiento de Adam Smith, un acontecimiento que no solo queda para el registro de la economía o de la filosofía política sino también para memoria de la filosofía. Por definición propia, Smith fue antes que nada docente y luego devino en pensador. A su aporte en este campo se debe integrar la profundización de la ética con una perspectiva antropológica que sería base de su principal hallazgo en el dominio de la economía, a saber: el hombre es egoísta y su egoísmo es algo bueno para el mundo social.

    La historia de las ideas de la libertad tiene en Smith uno de sus referentes más enteros y originales por cuánto representa la contribución del registro existencial del acto libre. Esto es: la libertad no es una teoría o idea en el sentido platónico a la que propicias leyes del universo nos conducen y tampoco es un proyecto político como si se tratara de un repertorio de bienes para conquistar ni es una amarra que se distiende, un lazo que se afloja. Para Smith la libertad es la forma natural en el que el hombre opera en el acto continuo de compensar con trabajo, con imaginación, con inteligencia lo que la Providencia no le ha concedido como defensa originaria, automática para lidiar en este mundo.

    Adam Smith nació el 5 junio de 1723 en Escocia, en el pequeño pueblo de Kirkcaldy. Su padre sirvió en la aduana; seis meses antes de que naciera Adán, falleció. Por disposición y protagonismo de su madre recibió desde muy temprano una excelente educación. Mujer de firme carácter y de una cultura media bastante calificada, tuvo una gran influencia moral en su hijo, al que acompañó y en cierta forma siguió educando en buena parte de su vida adulta. Smith, dicen sus biógrafos, desde la primera infancia estuvo rodeado de libros; eran su principal pasatiempo. Eso y los acertijos y los juegos mentales de lógica.  El episodio más radicalmente dramático de su tranquila existencia tuvo lugar cuando apenas contaba tres años y estaba de visita en casa de unos primos: fue raptado del jardín por unos gitanos. A las pocas horas, luego de febriles gestiones de su tío, fue recuperado sano y salvo. Smith recuerda en sus apuntes personales que su madre siempre aludía a este incidente para disuadirlo de cualquier audacia, incluso de cualquier cambio…

    A los 14 años ingresó en la Universidad de Glasgow y durante dos años recibió conocimientos en el campo de la filosofía en la universidad bajo la dirección de Francis Hutcheson, cuyas brillantes conferencias dejaron tanto en Adam como en Hume, su amigo, las impresiones más vívidas e inolvidables. El siguiente paso en la educación de Smith fue Balliol College, en Oxford; allí estudió desde 1740 hasta 1746. Pero Oxford recibió a Adam Smith de manera poco hospitalaria: los escoceses, que allí eran muy pocos, se sintieron incómodos, sometidos a constantes burlas, indiferencia e incluso trato injusto de parte de los profesores. Smith consideró los seis años que pasó aquí como los más infelices y mediocres de su vida, aunque leyó mucho y estudió constantemente por su cuenta. No es casualidad que haya dejado la universidad antes de lo previsto.

    Hacia 1748 Smith comenzó a dar conferencias de literatura inglesa en la Universidad de Edimburgo, pero a poco de empezar derivó con más brío al derecho natural (que incluía jurisprudencia, doctrina política, sociología y economía). Estas ponencias le trajeron un éxito indudable. Fue la preparación de conferencias para los estudiantes de esta universidad lo que impulsó la formulación de Adam Smith de sus ideas sobre los problemas de la economía y se calcula que comenzó a expresar las ideas del liberalismo económico, presumiblemente, en 1750. Dos años más tarde ingresó a la Universidad de Glasgow, donde estrechó su amistad con Hume.

    Es probable que los 13 años que enseñó allí fueran los más felices de su provechosa vida. Su naturaleza era genuinamente la de un filósofo, de modo que las habituales ambiciones políticas y el deseo de grandeza le resultaban convenientemente ajenas. Era un conservador satisfecho; creía que la felicidad está disponible para todos y no depende de la posición en la sociedad y que el verdadero placer se da solo por la dicha de trabajar, por la paz mental y por la salud corporal; literalmente, dijo: “¿Qué más se necesita para la felicidad de una persona que tiene salud y una conciencia tranquila y no tiene deudas?”.

    Smith vivió hasta la vejez conservando una mente clara y una laboriosidad extraordinaria, como lo veremos en la próxima columna.