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    Adicta irresponsable

    Nº 2236 - 3 al 9 de Agosto de 2023

    Aunque a la senadora oficialista Graciela Bianchi le faltan cuatro meses para cumplir 70 años, su edad no es un impedimento para que inicie una terapia contra su adicción al Twitter guerrillero, morigere su incontenible iracundia y reflexione sobre su responsabilidad como gobernante.

    Pero rechazará la terapia porque como todo adicto negará serlo, no solo porque Twitter forma parte de su estrategia política, sino porque las repercusiones periodísticas de sus expresiones, la mayoría violentas y agresivas, alimentan su ego y sus correligionarios las festejan mientras degradan al sistema político.

    Luego de décadas de militancia comunista y desde 1985 como secretaria del extinto senador Germán Araújo, Bianchi se distanció de la izquierda y se unió a la Lista 404, liderada por el hoy presidente Luis Lacalle Pou.

    Este y el grupo de genios políticos que la asesora consideraron que sería un importante aporte electoral por haber transcurrido toda su vida política en la izquierda y cambiar radicalmente de rumbo. Pero no consideraron el contagio del virus crónico que incorporó durante su militancia comunista. Una cosa son los dichos y otra, los hechos.

    En los últimos cinco años Bianchi ha tuiteado con insistencia una enciclopedia de acusaciones, cuestionamientos y mentiras para descalificar a la oposición política y a organizaciones y personas que supone afines a la izquierda. Bajo sus dardos cayeron opositores al gobierno nacional, expresidentes frenteamplistas, el gobierno de Montevideo, periodistas en actividad, dirigentes sindicales, el exfiscal de Corte Jorge Díaz y el actual, Juan Gómez, además de jueces y fiscales.

    Cegada por su iracundia guerrillera no reflexiona con prudencia. Pese a su formación académica (abogada, escribana y profesora de Historia) ignora los límites políticos y los códigos morales y legales. Actúa con irresponsabilidad.

    Duras han sido sus acusaciones de corrupción a jueces y fiscales. Les imputó no avanzar en perseguir delitos cometidos por gobernantes durante las gestiones del Frente Amplio. Sostuvo que ocurre porque el Poder Judicial está “infiltrado”, lo que impide que haya más frenteamplistas “en cana”. Vale decir que jueces y fiscales toman partido en favor de la izquierda e ignoran la ley. Si eso no es acusarlos de corruptos, que me digan de qué se trata.

    Jueces y fiscales se limitan a refutar sus dichos mediante inofensivos comunicados de prensa que nadie lee. Evaden impulsar acciones penales, tal vez debido a la inmunidad de la senadora o por algún oculto temor. El blablablá es más sencillo que tomar decisiones concretas.

    El martes 25, mientras participé en Madrid de una pequeña reunión social, circuló entre diplomáticos españoles, franceses e italianos un tuit de Bianchi sobre las elecciones parlamentarias españolas. Como resultado de estas el gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) quedó a un paso de que Pedro Sánchez vuelva a gobernar mediante acuerdos parlamentarios.

    “Con el PSOE se tiene asegurado la financiación y los valores de las narcodictaduras cubana, venezolana, nicaraguense, iraní, el terrorismo de la ETA y el separatismo catalán que quiere terminar con España”, bombardeó Bianchi.

    Agregó que “el PSOE actual no es el de Felipe González, el sanchismo es el de la Guerra Civil en que predominaba el comunismo y el anarquismo; y si no hubiera implosionado se seguiría admirando el régimen soviético. Stalin fue el inspirador del PSOE. Con estudiar historia se soluciona”, argumentó quien durante décadas reverenció al comunismo.

    Bianchi ignora que el actual gobierno de Pedro Sánchez y su eventual segundo mandato son centrales para las relaciones comerciales y de inversión y que esa situación se consolidó con diferentes gobiernos uruguayos. En marzo la secretaria de Estado de Comercio de España, Xiana Méndez, al visitar Montevideo remarcó que España es el primer inversor extranjero en Uruguay.

    Recordó que Uruguay es el segundo país de destino del stock de inversión de su país con un valor de US$ 3.734 millones en 2020. En 2021 Uruguay ocupó el quinto puesto del destino de las inversiones españolas, con 825 millones de inversión bruta.

    Cuando entre los participantes de la reunión social a la que hice referencia se supo que la autora del tuit era la vicepresidenta en ejercicio de Uruguay (la vicepresidenta titular Beatriz Argimón estaba en España para participar de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana) no daban crédito. “Creímos que el gobierno uruguayo era otra cosa”, me comentó uno. “Es como si lo hubiera escrito Putin”, sostuvo otro. ¿Quién es esta mujer que tiene un discurso totalitario diferente al del presidente Luis Lacalle Pou?”, preguntó un tercero.

    Ese mismo día el canciller español convocó a la embajadora uruguaya Ana Teresa Ayala para expresarle el malestar de su gobierno por los dichos de Bianchi. Lacalle Pou reaccionó y le encomendó al canciller Francisco Bustillo la solución. Este se explicó con elocuencia, en persona ante el embajador español y por teléfono con el canciller de ese país.

    Más tarde Lacalle Pou y Bustillo le advirtieron a Bianchi sobre sus exabruptos pero nada se informó sobre el contenido de esas conversaciones.

    Las disculpas se complementaron con explicaciones que dio en Madrid Argimón, quien enfatizó que los dichos de Bianchi “no representan institucionalmente” a Uruguay.

    Sin embargo, el Partido Nacional respalda a Bianchi. El presidente de su directorio, Pablo Iturralde, dijo durante una rueda de prensa que en su partido “cada cual dice lo que tiene ganas” porque “somos un partido de hombres libres”.

    Un razonamiento panfletario, de campito, para un partido que forma parte de los más destacados hitos de la historia patria.

    Así nos va.