N° 1930 - 10 al 16 de Agosto de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa semana pasada, en una conferencia organizada por la Fundación Astur presidida por Enrique Iglesias, el economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, el uruguayo Carlos Végh, trazó un panorama algo sombrío para la región, debido a la combinación de tres desafíos relevantes que aparecen en el horizonte: la necesidad de realizar un ajuste fiscal que además deberá procesarse en época de “vacas flacas”; la posibilidad de que el proteccionismo gane fuerza en Estados Unidos, y el hecho de que aunque más no sea a un ritmo gradual, la política monetaria en los países desarrollados se irá “normalizando”.
Al final de la conferencia, Iglesias señaló: “Podríamos estar entrando en peligros de grandes crisis en el mundo. Espero que no. Pero lo cierto es que esa opción está en el mercado, y para eso hay que estar preparado, con políticas económicas muy sensatas”.
Dada lo acontecido desde la gran crisis financiera internacional de fines de 2008 (Great financial crisis o GFC), es virtualmente inevitable que vayamos a tener nuevas crisis similares en el futuro con impactos incluso potencialmente mayores, particularmente en función del comportamiento observado en los mercados financieros, que ha mostrado una exuberancia totalmente disociada de los fundamentos económicos. Los actuales niveles récord de los precios de los activos de riesgo parecen tener mucho más que ver con el gigantesco carry trade que directamente e indirectamente han incentivado los principales bancos centrales del mundo con sus políticas monetarias no convencionales (quantitative easing, zero and negative interest rate policies, forward guidance, etc.), que con un crecimiento robusto de la productividad y de la economía mundial, que en realidad ha mostrado todo lo contrario.
No solo al presidente del Banco Central, Mario Bergara, le “corre un frío por la espalda” al ver la actual exuberancia de los mercados de capitales internacionales —como señaló durante los comentarios a la exposición de Végh— sino que son cada vez más las voces que semana a semana expresan su preocupación por el actual funcionamiento de los mercados de capitales, donde prácticamente ha desaparecido toda expectativa de riesgo cuando en la realidad son muchísimos los factores de incertidumbre. Como señalara recientemente el famoso inversor norteamericano Howard Marks en una carta enviada a los clientes de su firma Oaktree Capital Management sobre fines del mes de julio: “Tenemos una incertidumbre inusual tanto en términos de la cantidad de temas, su escala y la insolubilidad de los mismos, como en áreas tales como el crecimiento económico secular; el impacto de los bancos centrales; las tasas de interés y la inflación; la disfuncionalidad del sistema político; los problemas geopolíticos y el impacto a largo plazo de los cambios tecnológicos”.
Nadie sabe cuándo los inversores comenzarán a “internalizar” los variados factores de incertidumbre económica, financiera y política que existen, pero es seguro que ello ocurrirá en algún momento. Y el desenlace no será nada agradable, particularmente dado el comportamiento “de manada” que parecen estar mostrando los inversores en los diferentes mercados desde hace un buen tiempo.
Las actuales condiciones financieras que está enfrentando la región en general y nuestro país en particular —pautadas por una demanda aparentemente infinita por la deuda que se emite, y tasas de interés y spreads de riesgo en mínimos— serán imposibles de sostener durante mucho tiempo más. Aun en caso de que no se materialice una nueva GFC que genere un cierre total de los mercados y una reversión de los flujos de capital, el financiamiento de los elevados niveles actuales de déficit fiscal será cada vez más difícil y, además, costoso.
El hecho de que en Uruguay el gobierno aparezca básicamente “paralizado” por las grandes diferencias internas en el partido de gobierno en una variedad de temas, vuelve la situación mucho más compleja para que se puedan implementar políticas económicas “muy sensatas”, como reclamó Iglesias. No podemos dejar de lado el hecho de que básicamente todavía no se ha cumplido la mitad del actual período de gobierno, y los desafíos que el país tiene por delante son cada vez más grandes y exigentes.
En particular, la actual situación fiscal y en materia de competitividad externa son cada vez más difíciles de sobrellevar para el sector privado, que debe soportar tanto una mayor presión tributaria directa e indirecta permanente como una caída igualmente significativa de su rentabilidad. Invertir y aumentar el empleo en este contexto es una utopía, aun en aquellos sectores en los cuales el país tiene ventajas comparativas.
Si el gobierno sigue intentando “hacer la plancha” como hasta ahora en lo que resta de su mandato, el desenlace no será nada agradable, por más caja que se tenga y buen manejo de la deuda que se haya hecho. Dependiendo de cómo evolucione la situación internacional, la única duda será si el inevitable ajuste lo deberá hacer la actual administración o el mismo será un “regalo” para quien asuma el 1º de marzo de 2020.