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    Al estribo de la reforma laboral de Brasil

    N° 1932 - 24 al 30 de Agosto de 2017

    “Tengo claro que Uruguay tiene que subirse al estribo del Brasil porque será una superpotencia de las que corta el bacalao grueso en el mundo”, declaraba el inefable Mujica, al recibir al expresidente (hoy casi presidiario) Luis Inácio Lula da Silva, en su visita a Montevideo por mayo del 2010.

    Brasil cambió de monta. Acaba de introducir una serie de reformas laborales que buscan generar más empleo, al ir desarmando esa trama de rigidez laboral, baja productividad y excesivo poder de los sindicatos. Es el camino que demanda la sensatez y las exigencias de un mundo globalizado. Pero el Uruguay socialista no quiere correr ese raid. Y menos subido a ese caballo.

    Lo que la gente de izquierda no termina de entender, es que la mejor protección del trabajador (como la mejor protección al consumidor) no son las regulaciones, las inspecciones del Estado o los sindicatos, sino que es un libre mercado, donde hay muchas ofertas y donde el consumidor (así como el trabajador), es el rey.

    ¿En qué país usted puede comprar los mejores productos y más baratos? ¿En la Argentina de los Kirchner, la Cuba de Fidel o en Japón o Estados Unidos? En julio de 2015, Nicolás Furfaro, periodista de Infobae, cuenta: “Viajé hasta Tokio y me compré la computadora en el Apple de Ginza. ¿La cuenta? Entre ida y vuelta viajé 58 horas pero gasté $ 12 .000, me hospedé en un mono ambiente por $ 8.000 y compré la computadora por $ 23.000. Es decir, gasté $ 43.000 en esos tres ítems. Cuando volví a la Ciudad de Buenos Aires la computadora en el revendedor de Palermo había subido el precio: ahora estaba a $ 50.000”1.

    Este absurdo es fruto del absurdo de las políticas socialistas, como lo son la sustitución de importaciones, la fijación de precios por decreto, los altos impuestos, los salarios mínimos o la excesiva regulación del mercado de trabajo.

    El gobierno uruguayo y sus socios del PIT-CNT están asustados por la reforma brasilera. ¡Y tienen razón! Ahora Brasil va a ser más competitivo, no porque explote a los trabajadores volviendo al medioevo, sino porque los cambios serán beneficiosos y productivos para todos.

    Por ejemplo: dan prioridad a los acuerdos directos entre los trabajadores y la empresa, dejando en un segundo lugar los acuerdos globales por sector de actividad (lo que serían nuestros Consejos de Salarios). Está perfecto. No tiene sentido que el mismo convenio colectivo regule la situación de una gran industria con la empresa familiar.

    Paradójicamente, los que más se benefician de estos acuerdos son las grandes empresas y las multinacionales (que pueden pagar mejores salarios y trasladarlos a precios) y así obliga a aumentar los costos de la pyme, que no puede competir. Una linda connivencia entre Estado, empresarios prebendarios y sindicatos (tal como lo detalla José Luis Espert en su libro La Argentina Devorada2).

    Lo mismo sucede con la posibilidad de trabajar 12 horas por día (no pasando las 44 horas semanales) sin recargar horas extras. A muchos trabajadores les puede convenir trabajar menos días a la semana durante más horas y tener más días libres para otra actividad (sea laboral o no).

    También establecen normas para el trabajo a distancia, una tendencia imparable. Hoy en día en Estados Unidos el 23% de la fuerza laboral trabaja total o parcialmente desde su casa y esa cifra sube al 34% en el sector financiero, donde estiman que llegará casi al 70% en pocos años (Forbes3).

    Si entran a los sitios www.freelancer.com, www.fiverr.com o www.flexjobs.com, verán cómo pueden contratar diseñadores, programadores, escritores, call center, asesores financieros, contadores, consultas médicas, periodistas, investigación de mercado, secretarias virtuales, psicólogos, coaches y decenas de servicios más en cualquier parte del mundo. ¿De qué Convenio Salarial me están hablando? ¿De qué control de horarios? Cada uno trabaja las horas que quiere y cuando quiere. Y si no le gusta la oferta … ¡no la acepta y va por otra mejor!

    “Preocupa a Uruguay porque es una manera de competir en base a la caída de derechos laborales, cosa que siempre hemos tratado de evitar”, dijo el canciller Nin Novoa. Está equivocado Nin y todo el Frente Amplio. Otra cosa que no entiende la izquierda es que los derechos tienen dos contrapartidas: conllevan siempre una obligación y también un costo, es decir, alguien los paga. Y casi nunca es el empresario (que traslada a precios ese costo impuesto), sino el consumidor.

    Otra ley tan natural e innegociable de la economía (como la ley de la gravedad) es la que dice: “lo que no se ajusta por precio, se ajusta por cantidad”. Es decir: si no puedes negociar los precios a la baja de los tomates, la ropa o la luz, lo que hacemos es consumir menos tomates, ropa o luz. Si no puedo negociar a la baja el costo de la mano de obra, lo que hago es contratar menos gente. Punto.

    El año pasado en California, los trabajadores de las cadenas de fast food, exigían un salario mínimo de 15 dólares la hora (contra los 8 o 9 que cobraban). ¿Cuál fue la consecuencia a esta magnífica conquista y derecho para los trabajadores? Sí, eso mismo: el despido de miles de empleados.

    Mc Donald’s instaló unos Self Service Kiosks4, una suerte de smartphone gigante para que los clientes anoten —ellos mismos— qué quieren comer. ¿Necesito un empleado que apriete cuatro botones para elegir una Big Mac con papas y jugo de naranja? Hoy en Uruguay los supermercados Devoto y Geant ya instalaron cajas sin cajeras. ¿Y qué va a hacer Fuecys? Nada.

    La segunda consecuencia es que se estima que se perdieron un millón (sí, un millón) de oportunidades de empleo gracias a la medida impulsada por los sindicatos. Y los más perjudicados fueron los jóvenes de entre 16 y 24 años que buscan su primer empleo y donde se dan las más altas tasas de desocupación.

    Si el gobierno y los sindicatos quieren más y mejores empleos, lo que tienen que hacer es fácil. Lean con detalle el Ranking Doing Business del Banco Mundial y apliquen todas las políticas que aplicaron los países de primera: eliminen monopolios, terminen con el cuento del Estado industrial y comercial, despidan a la mitad de los empleados públicos, bajen los impuestos a menos del 15% del PBI, reduzcan el poder de los sindicatos y profesionalicen la gestión del Estado.

    Si hacemos todo esto, dejaremos de tenerle miedo a Brasil. Ellos van a tenernos miedo a nosotros. Y cabalgaremos por el mundo sin ningún estribo.