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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Es tiempo de apocalipsis, pero donde los pesimistas ven el fin del mundo, los optimistas podemos ver el comienzo de uno nuevo”, Patrick Viveret, La causa humana
La humanidad está en guerra con ella misma
Agrupados por creencias, intereses y emociones que no todas se explican con palabras, millones combaten y explotan a otros millones. De esta manera destruimos la naturaleza de la cual y en la cual vivimos, y aniquilamos una parte de nuestra propia especie. En estos tiempos agitados e inciertos vemos morir un mundo con los monstruos que fabrica, pero también vemos nacer uno nuevo. Hay muchas luchas, pero necesitamos priorizar las que ponen en peligro la supervivencia. Los más grandes enemigos, aunque en el origen tengan nombre y apellido, son las crisis globales, porque nos afectan a todos.
Somos una humanidad global que se enfrenta a su destino.
No se trata de una guerra de los “malos” contra los “buenos”
No somos malos o buenos. Somos malos y buenos. Milenios de lucha por la supervivencia nos han impregnado el egoísmo y el altruismo, porque esos dos comportamientos contradictorios contribuyen a proteger al individuo y a la especie. Eso está escrito sin palabras en nuestro cuerpo, como el nido en un pájaro que nace sabiendo hacerlo. Pero a diferencia de los pájaros, los humanos inventamos la palabra y con ella creamos espacios que no existen en la naturaleza: las civilizaciones y sus instituciones. Juntos desarrollamos cultura, tecnología, ciencia, creencias, tradición. La palabra les da nombres a las cosas, explicaciones a la vida y a la manera en que vemos al mundo. Nos permite tomar conciencia de nuestro dilema entre egoísmo y altruismo y de imaginar y de cambiar lo que nos rodea, y a nosotros mismos. Los virus dan la vuelta al mundo en pocos días, el cambio climático y los desastres ecológicos se viven en todos los continentes, miles de emigrantes mueren ahogados en busca de un destino. La acumulación de crisis de impacto global puede llevar a un colapso de la vida. El dilema entre altruismo y egoísmo debe superarse porque se trata de la supervivencia de la especie.
El egoísmo bien entendido tiene interés en apoyar al altruismo
La mayor parte de la gente no se interesa en la política
La política, tal como la conocemos, no cumple la función esperada, no alcanza la imaginación y la voluntad de gobernantes y militantes para abarcar la complejidad del período actual. La gobernanza internacional que algunos esperaban que creara las condiciones para más paz y seguridad duraderas también ha perdido relevancia. El eje del mundo bascula hacia el oriente y el occidente pena para reorganizarse. La crisis sanitaria hace caer a unos en la miseria mientras otros acumulan recursos gigantescos. Los gurúes del modelo económico están pregonando y haciendo lo contrario de sus dogmas. Miles de jóvenes transforman la desesperanza y el temor en fanatismo o en indiferencia, aumentando la irracionalidad que nos rodea. Faltan nuevos planteos políticos creíbles o ideas luminosas para dar sentido a nuestras vidas. Falta esperanza en un mundo mejor, sentimiento de identidad con nuestros semejantes y nuevas guías para la acción. Hay que apelar al altruismo, como lo hacen las religiones que movilizan a la mayor parte de la humanidad, y plantear objetivos universales, alcanzables por todos los medios, en todas partes.
No solo la razón movilizará a las multitudes, tiene que participar la fe y la confianza en un futuro posible.
La religión es la continuación de la política por otros medios
Más del 60% de la población mundial concibe la vida según un pensamiento sobrenatural. Tienen fe en el relato de alguna de las más de 4.200 religiones que se practican, en las palabras de profetas o simplemente en la tradición de la sociedad en la cual viven. Palabras que dicen qué es el bien y qué es el mal. La mayor parte de estas creencias hablan de amor, de fraternidad, de reconocimiento de que hay algo que es superior a cada uno de nosotros. Intentan dar fuerza al altruismo y doblegar al egoísmo a través de rituales, prohibiciones y promesas. La creencia en dioses es un invento que ha permitido unificar y dar sentido a la vida a miles de pueblos, durante milenios. No fue y no es solamente usada por el poder para conquistar y someter, la usan también los más humildes, y los que sufren para llegar al día siguiente. El amor está en el centro de la cultura, la música, la literatura y la vida personal. Pero es palabra prohibida en política.
Es hora de integrar el amor y la esperanza a la razón y a la acción.
Se abre un universo gigantesco de libertad
“Cuando un sistema es incapaz de resolver sus problemas estos se potencian unos a otros, se amplían y multiplican y al fin el sistema se desintegra... salvo que sea capaz de originar un meta-sistema, es decir de metamorfosearse, reorganizarse totalmente a partir de los elementos de los que dispone para crear otro sistema”. E. Morin
Esta acumulación de crisis que nos amenaza abre también un mundo de oportunidad. Se desvanecen las viejas maneras de comprender, pensar y organiza la sociedad. Es el momento de crear nuevas. Necesitamos pensar y actuar para sobrevivir al cambio inevitable y encontrar las palabras y los caminos para ir creando un mundo nuevo. Tenemos la libertad de elegir, pero no es un problema que pueda resolverse a nivel personal. Es un problema político y de nuestro sistema de creencias, que concierne a nuestras sociedades y economías que verán su salvación si se transforman en sociedades de buen vivir, de bienestar, de justicia y de dignidad.
Tenemos varios desafíos principales:
–Los que presenta la naturaleza, seamos o no los causantes, como el calentamiento global y sus consecuencias climáticas o las pandemias.
–Los que son consecuencia de un modelo económico y social construido en beneficio de quienes controlan el capital y no en beneficio de las sociedades en las que vivimos.
Y no va a haber más remedio que ocuparse, también y simultáneamente, de superar las relaciones de dominación en el seno de la humanidad por los daños y perjuicios que causan.
Los objetivos globales prioritarios de lucha son:
–Enfrentar la crisis climática.
–Crear un sistema de salud pública universal.
–Imponer justicia social.
–Desarrollar la inteligencia natural con más educación y más ciencia.
La economía debe estar orientada prioritariamente a satisfacer las necesidades básicas de todos los seres humanos asegurando la sustentabilidad. El objetivo es construir una economía de sentirse bien y vivir austeramente, de tener una sobriedad feliz.
La solidaridad es la herramienta principal. La cooperación a escala local y global es la forma de ponerla en práctica.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos es el programa.
En cualquier lugar del mundo y en cualquier época que los convencidos salgan a la calle, que se organicen de forma local, que elijan sus medios de lucha evitando la trampa de crear una iglesia, la cual constituiría un centro de acumulación de poder cuya consecuencia sería la de neutralizar los efectos deseados.
Un millón de hormigas se comen un león, diez mil pirañas se comen un elefante.
Es necesario hablar proféticamente, es decir con confianza en que hay un futuro más justo, más feliz. Nuestras culturas tienen superávit de egoísmo y déficit de altruismo, pero es este último que nos va a salvar, y es lo que está en el deseo más profundo de los seres vivos. Hay que hablar claramente del amor, del altruismo, de la solidaridad. No es necesario pregonar un pensamiento mágico ni soluciones sobrenaturales. Lo que llamamos misterio es ignorancia.
La fuente de la esperanza y de la fuerza reside en la toma de conciencia por la razón o por la emoción de que somos, todos juntos, capaces de transformar al mundo. Multitudes pueden cambiar el curso de la historia. El mensaje de religiones milenarias lo confirmamos con las palabras de hoy:
Existe algo superior a cada uno de nosotros: somos nosotros, todos juntos.
Un humanista