En Semana Santa, La Pedrera recuperó gran parte de la tranquilidad de antaño y volvió a ser, con cierta sorpresa —sobre todo la de encontrarse con los conocidos de siempre— el lugar apacible y de descanso, que era en otro tiempo.
En Semana Santa, La Pedrera recuperó gran parte de la tranquilidad de antaño y volvió a ser, con cierta sorpresa —sobre todo la de encontrarse con los conocidos de siempre— el lugar apacible y de descanso, que era en otro tiempo.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPero Antel no se dio cuenta de nada y siguió adelante con su estúpido programa de marketing. Toda la semana una oficina rodante y embanderada, estacionada en la rambla, se interpuso en la visual del mar, anunciando, con los altoparlantes al viento, los planes comerciales del verano. ¿Por qué? No hay una explicación inteligente. Es solo, creo, prepotencia comercial, indiferencia y falta de respeto.
Al intentar hablar con el jefe, a través de la funcionaria, me hizo saber que no hablaría conmigo y que ella no estaba autorizada a darme su celular, y que tenían vigentes todos los permisos municipales y nacionales. Entonces, colige, no es solo Antel quien molesta a la gente, sino que es el Estado, que, lamentablemente, y en muchos aspectos, ha perdido el sentido y su razón de ser.
Tengo que destacar la amabilidad y la corrección de la funcionaria a cargo, que hizo todo lo posible por hacer tolerable la convivencia.
Sé que muchos pensarán que este es un hecho banal frente a los enormes problemas que tiene el país, pero no lo es. La calidad de vida pasa por estas pequeñeces y por otras sumadas, que si las perdemos y las olvidamos, perdemos y olvidamos las normas de convivencia basadas, desde siempre, en el respeto y en la dignidad de las personas.
Eduardo Dieste
CI 1.141.011-3