Nº 2183 - 21 al 27 de Julio de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa crisis en Argentina parece no tener fin. Hoy su riesgo país, para referirse solo a un indicador, está cerca de los 2.800 puntos. Nuestro gobierno intentó aprovechar desde que asumió el potencial de esta situación y hace un tiempo somos testigos de cómo empresarios de aquel país deciden radicarse en Uruguay atraídos por las condiciones de estabilidad y reglas claras. Ayuda que la mayoría de los otros países de la región no despierta confianza, ya que todavía cree en la fantasía de los modelos de gestión que se dedican a gastar antes de generar el dinero, siempre con el objetivo de la famosa y bien vista utopía de la igualdad. Es un engaño —quizás bien intencionado, aunque a esta altura lo podemos poner en duda— que lleva a mayor miseria a los ciudadanos.
Hoy el turno parece tocarles a los chilenos. Al discurso de su nuevo presidente, Gabriel Boric, se suma la inminente aprobación de la reforma tributaria que por supuesto apunta a hacer realidad las promesas del mandatario, todo lo cual impulsa una ola de consultas de empresarios trasandinos interesados en alternativas de países con tratamiento tributario más benévolo al capital y generación de rentas. Las miradas se concentran especialmente en el negocio inmobiliario y en el campo, siendo Montevideo y Punta del Este los primeros pero no los únicos objetivos.
De varias fuentes involucradas de alguna manera en la captación de inversiones se constata este fenómeno, y también se destaca que Chile cuenta con grupos económicos de la mayor relevancia regional. Pero también hay interés desde otros países, porque estamos rodeados por un contexto regional de más dudas que certezas. Colombia se sumó recientemente a la ola socialista, probablemente por inexperiencia.
Estamos a 20 años de la crisis social y política que sufrió Uruguay arrastrado por la crisis de aquellos años en Argentina. Hoy hemos pasado la prueba de evitar ese arrastre muy negativo de nuestros vecinos gracias a un mejor manejo fiscal y financiero y una mucho menor dependencia comercial. En eso China juega y promete seguir jugando un papel importante.
Pero no todo es color de rosas. Hay preguntas que debemos contestar: ¿alcanza con ser la envidia de unos vecinos siempre en problemas? ¿Eso asegura que más adelante no tengamos otro 2002?
Hoy Uruguay, la “perla” en la complicada Sudamérica —como aseguró un consultor argentino en una reciente edición de Búsqueda—, necesita dejar de procrastinar: hay ciertos cambios estructurales que si no se hacen frenan su desarrollo. Ya nos hemos referido en estas páginas a la imprescindible reforma del sistema de seguridad social, por ejemplo, que parece seguir avanzado entre muchas miradas escépticas.
Otro cambio impostergable está en un sistema educativo de nivel medio que se encuentra desconectado de los tiempos que corren, que empuja a los adolescentes a la deserción, mientras los relativamente pocos que egresan lo hacen sin las destrezas requeridas para insertarse en el trabajo de hoy. Así Uruguay se rezaga en su productividad frente al mundo.
El presidente Luis Lacalle Pou y sus socios llegaron al poder con una agenda ambiciosa para lo que es usual en Uruguay. La pandemia consumió el tiempo para reformas —algunas como la del sector de los combustibles lamentablemente quedaron fuera— y como siempre, antes de lo recomendable, el sistema político empieza a mirar el calendario con los ojos puestos en las elecciones del 2024. Pero después de la ratificación por referéndum de la Ley de Urgente Consideración, por alguna razón que no se explica fácilmente, muchos integrantes de la coalición multicolor parecen haber “tirado la toalla” en cuanto a respetar la alianza y todavía es tiempo de producir resultados. El panorama para Uruguay está bien planteado, pero es tiempo también de cambios como para definitivamente empezar a apostar al crecimiento y a una gestión mucho más efectiva, una deuda que tienen nuestros gobernantes.