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    jueves 13 de junio de 2024

    Aprendamos de Los Andes

    Nº 2196 - 20 al 26 de Octubre de 2022

    La semana pasada se cumplieron 50 años de la llamada “tragedia” de Los Andes, que mudó de tragedia a un grandioso canto a la vida, la resiliencia, el deseo de superación y el amor al prójimo. Convirtieron una enorme desgracia en un ejemplo de superación grupal e individual. Y de eso debemos aprender.

    Vivimos en una sociedad cada vez más hipersensible a todo: cualquier comentario es ofensivo para muchos, no perdonamos un error ajeno pero cometemos cientos, nos quejamos de todo y reclamamos a “otros” (pareja, empleador, Estado, etc.) que nos resuelvan nuestros asuntos.

    Nada de esto sucedió en Los Andes. Allí, en la inmensidad y soledad de la montaña, debieron arreglarse solos. ¿Y acaso la vida misma, en condiciones normales, no nos demanda igual actitud? ¿Acaso no debemos tomar nuestras propias decisiones y llevar adelante nuestros propios proyectos? No cabe duda de que sí. Pero parece que no estamos emocionalmente bien preparados para ello.

    Muchos de los sobrevivientes han aprendido a no quejarse por nimiedades: “Después de lo que pasé, no me puedo quejar de esto”, se decían a sí mismos. Y esto es clave para una buena salud mental: no “terribilizar” (como dice el psicólogo Rafael Santandreu en sus libros Nada es tan terrible o El arte de no amargarse la vida) donde tendemos a exagerar nuestros problemas y eso nos amarga innecesariamente.

    También mostraron una gran capacidad para trabajar en equipo. Se cuidaron y alentaron mutuamente, distribuyeron tareas y se turnó el liderazgo. La pregunta que uno se hace es si esas cualidades surgieron por extrema necesidad o pueden recrearse en otros ámbitos menos hostiles.

    También vale considerar la formación religiosa o espiritual de este grupo y si tal factor hizo o no la diferencia. Más allá de las creencias de cada uno, tengo la percepción de que las personas creyentes asumen las cargas que le pone la vida con otro talante, con otra aceptación, con otra paz.

    También los mantuvo firmes durante 72 días el objetivo de reencontrarse con sus familias, sus proyectos y sus vidas, es decir, con un propósito. Es lo mismo que afirma Víctor Frankl en su libro El hombre en busca de propósito, escrito luego de padecer los oprobios de los campos de concentración nazis.

    Todos ellos han logrado rehacer sus vidas y en forma bastante plena, tanto en lo personal, familiar o social como en lo laboral, con los altibajos de todo ser humano.

    Pero el gran mensaje es que se puede superar la adversidad. Que la vida no es un camino lineal y en unos minutos te cambian todas las coordenadas.

    Pero el gran aprendizaje que todos dicen haber recibido en estas cinco décadas está en las relaciones personales, más que el dinero, el prestigio o la fama.

    Solo resta agradecer sus testimonios, sus conferencias y su generosidad para compartir todo lo vivido, sin ocultar nada. Que lo sigan haciendo porque seguramente al escucharlos nos haga menos quejosos, más agradecidos y mejores personas.