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    Aquella vieja casa

    Nº 2119 - 22 al 28 de Abril de 2021

    Nadie que gusta del tango y su historia ignora la estrecha amistad que unió a dos grandes creadores: Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo. Es posible que la mayoría recuerde obras monumentales que compusieron juntos, entre las cuales las más recordadas quizás sean Nostalgias, Nieblas del Riachuelo, Los mareados o Rubí. Pero no sé si es tanto el conocimiento popular acerca de la conmovedora experiencia vivida en oportunidad de su primera colaboración.

    —¿Qué hiciste? —preguntó Cobián a Cadícamo luego de leer una letra que le había pedido y tararearla al tiempo que tocaba la música en su piano.

    —Unos versos… —contestó sorprendido Cadícamo—, los que vos me pediste que escribiera…

    —¡Pero esto es parte de mi vida, hermano…! —exclamó el músico, emocionado—. Si nunca te conté que hace más de 15 años me fui de la casa de mis padres y no regresé más…

    Corría el año 1931 y los dos asistían al parto de La casita de mis viejos, nombre que, obviamente, le brotó en ese instante al pianista.

    Cadícamo regía su trabajo de letrista siempre exigiendo ver antes la partitura. Su teoría era que el poeta debía, aunque fuere rudimentariamente, tocar algún instrumento —preferentemente el piano— para, en tanto despertaba la inspiración a fin de elaborar los versos, ayudar al proceso de su progresivo acople a la melodía y el ritmo del tema en cuestión. Por supuesto, la letra que tanto sacudió a Cobián fue una de las casualidades más puras y enternecedoras entre las peripecias de los tangos; Cadícamo ignoraba la circunstancia familiar atravesada por su querido amigo.

    La historia había comenzado unos meses antes, cuando Cobián citó a Cadícamo en la editorial Ricordi, le pidió componer un primer tango entre los dos y le entregó una partitura sin título. En sus Memorias, el poeta recuerda: “Luego de tocarlo al piano como pude, dos o tres veces, empecé a formar un ‘monstruo’, que, en el lenguaje nuestro, equivale a sacar la medida de las sílabas. De ahí a una letra primaria, se acorta mucho el tiempo, los versos van saliendo más rápido junto a la parte melódica y rítmica, incluso para la armonía. Sin embargo, ese ‘monstruo’ lo olvidé entre otros papeles y recién dos meses después se lo llevé a Juan Carlos. Jamás esperé la emocionante reacción que le produjo”.

    Barrio tranquilo de mi ayer, / como un triste atardecer, / a tu esquina vuelvo viejo… / Vuelvo más viejo, / la vida me ha cambiado… / en mi cabeza un poco ‘e plata / me ha dejado (…) Vuelvo vencido a la casita de mis viejos, / cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria, / mis veinte abriles me llevaron lejos… / ¡Locuras juveniles! ¡La falta de consejos…!

    La casita de mis viejos, según testimonio de Cadícamo, tuvo ciertos tropiezos. Para empezar, dos estrenos y no uno. El primero, con Cobián tocando el piano en un ciclo de funciones de la compañía teatral de Brasil Tro-lo-ló, con la voz de la cantante Ítala Ferreyra; el segundo, calificado por los autores como el oficial, con Tania, cantando acompañada por la orquesta de la revista Lo mejor es reír, de Ivo Pelay, en el teatro Maipo. Luego, en tiempos de censura, debió modificar el título La casa de mis padres y un par de partes de la letra: veinte años en lugar de veinte abriles y en muchos puertos atraqué mis ilusiones sustituyendo a y cada beso lo borré con una copa. Y el moñito de las rarezas; muchos intérpretes lo grabaron modificando a su gusto el título: La casa de mis viejos, La casita de mis padres y hasta La casa de mis viejitos…

    Registrado en Sadaic como “tango moderno”, fue llevado al disco a lo largo de los años por Fresedo con Héctor Pacheco, Pontier con Julio Sosa, Pugliese con Jorge Maciel, Sassone con Carlos Malbrán y, entre los solistas más destacados, Alberto Gómez, Alberto Marino, Hugo del Carril, Goyeneche, Fabián, Susana Rinaldi, Jorge Sobral y Guillermo Rico. Hay versiones solo instrumentales: Julio De Caro, Lucio Demare, Cacho Tirao, Carlos García, Sexteto Mayor, Antonio Agri y Ray Nolan y su orquesta en estilo Dixieland. Astor Piazzolla hizo dos versiones excelentes: una en solo de bandoneón y la otra con la voz de Nelly Vázquez.

    Es de interés recordar un comentario del diario La Prensa al otro día del estreno por Tania: “El nuevo tango, el primero de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, fue un éxito total y arrancó tantos aplausos que la cantante debió hacer ocho bises”.

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