Nº 2097 - 11 al 17 de Noviembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs claro que la pandemia que sigue azotando al mundo ha dejado secuelas en todos los órdenes de la vida. Y el fútbol no puede ser la excepción. Tras la lógica paralización de actividades apenas entrara en escena, cuando con el correr del tiempo pudo atisbarse una atenuación de su rigor, la pelota entró paulatinamente a rodar en las distintas canchas del mundo. Aunque los partidos no pudieran contar con una de sus características esenciales, como lo es la presencia de público en las tribunas.
En nuestro medio (y es de suponer que algo similar ha de estar ocurriendo en muchos países) esa forzosa interrupción de la actividad ha determinado que la planificación originaria se viera profundamente alterada, de modo que por estas fechas se acumulan, con separación de pocos días, partidos en el ámbito local con otros de índole internacional; lo que conlleva la necesidad de atender ambos frentes casi a un mismo tiempo.
Anunciamos en nuestra última columna que el partido de Peñarol ante Vélez el pasado miércoles (cuyo resultado no conocíamos) iba a resultar decisivo para el futuro aurinegro, y ¡vaya que lo ha sido! Frente a un rival modesto, que llegó al Campeón del Siglo con un planteo extremadamente conservador, Peñarol no tuvo la capacidad (algunos pueden pensar que tampoco la fortuna) de traducir en el arco adversario la neta superioridad que mostró dentro del terreno; y ello por la alarmante falta de definición de sus delanteros. Y un innecesario penal, cuando expiraba el partido, lo dejó afuera de la Copa Sudamericana. Y así, en cuestión de pocos días, el equipo aurinegro —que una vez más no había podido acceder a la segunda fase de la Libertadores— vio malograrse prematuramente su propósito de recomponer su pobre imagen internacional, en un torneo que, aunque de inferior jerarquía, igual podía reportarle un respetable provecho económico. Y por si fuera poco, quedó relegado en el Torneo Intermedio, por cuanto su técnico, Mario Saralegui, eligió abordar un par de partidos con integraciones de alternativa, preservando a los titulares para la competencia internacional; lo que le hizo dejar muchos puntos por el camino (su equipo está hoy seis abajo de Nacional en este Intermedio y 10 en la Tabla Anual, en la que incluso tiene otros dos equipos por delante). Así las cosas, actualmente Peñarol tiene muy comprometidas sus posibilidades de pelear por el título de campeón de la presente temporada. Su chance en el actual certamen es remota, y su apuesta a corto plazo (y en el marco de un clima preelectoral muy complicado) parece apuntar a ganar el próximo clásico, para achicar esa diferencia en la Anual. Y luego jugarse todos los boletos a la conquista del Torneo Clausura, lo que le aseguraría tener un lugar en la definición del presente año futbolístico.
Por oposición, el panorama actual de Nacional es muy diferente. Tras fracasar inesperadamente en la definición del Apertura, y luego de que Jorge Giordano pasara a desempeñarse como técnico interino, el equipo tricolor ha tenido un arranque perfecto en el actual Torneo Intermedio, bien que compartiendo la punta de su grupo con River Plate (con el que justamente hoy se enfrenta). Sin brillar, ha hecho sobrados méritos para ganar los tres partidos que disputó, contando con una renovada estructura en la mitad del terreno —incluyendo dos juveniles prometedores— y el aporte siempre vigente de su goleador Bergessio. Es notorio el crecimiento, tanto en lo estrictamente futbolístico como en el rubro físico, el que en la etapa anterior dejaba que desear. Su nuevo orientador ha sabido leer muy bien los partidos, encontrando siempre desde el banco de suplentes la respuesta adecuada ante las dificultades que se le presentaron durante su desarrollo. Y es ya evidente que lo que en principio se dijo era una solución transitoria, puede ser a más largo plazo; aunque en mucho dependerá de cómo le vaya al equipo en el próximo clásico, así como en el inminente inicio de la segunda ronda de la Libertadores. De todos modos, esa envidiable ubicación actual en la Tabla Anual le da una nada despreciable cobertura de seguridad para lo mucho que aún resta por jugar.
Dicho lo que antecede, sin perjuicio de que existen antecedentes relativamente recientes que dan fe de la llamativa irregularidad de los dos equipos grandes, por lo que esas distancias de puntos entre ambos, que hemos mencionado, no han pesado a veces de manera decisiva. Así, en la temporada del año 2018, Nacional ganó sucesivamente el Apertura y el Intermedio, llegando a estar 10 puntos por encima de Peñarol en la fase inicial del Clausura. Sin embargo, se produjo una abrupta caída en su producción y Peñarol, en briosa arremetida, se quedó con ese torneo y también con el título de campeón uruguayo. Y a la inversa, debe recordarse que el año pasado Nacional arrancó muy mal el Apertura (llegó a estar nueve puntos por debajo del equipo aurinegro), lo que no le impidió —tras la designación de Álvaro Gutiérrez como técnico— quedarse finalmente con el título de campeón uruguayo, definido en un recordado desempate clásico. De allí entonces que estos pronósticos deben ser hechos con bastante cautela.
En tanto, en el plano internacional la atención se centra en la segunda fecha de las Eliminatorias Sudamericanas, en la que enfrentaremos a Colombia y Brasil. Con un partido ganado y otro perdido, el de mañana es un compromiso de alto riesgo, tanto por la valía del rival como por la altísima temperatura y humedad en que habrá de jugarse. Allí en Barranquilla nunca nos ha ido bien. No conocemos qué alineación elegirá el Maestro Tabárez. Podrá ahora contar con Giménez, Suárez y Cavani, aunque registrará la ausencia importantísima de Federico Valverde (y, aunque en menor grado, la de Maxi Gómez). Es claro que nuestra clásica dupla goleadora no llegará con el rodaje más adecuado (Cavani solo jugó unos pocos minutos en su último partido), por lo que cabe la duda del modo en que podrán ser utilizados; especialmente por la circunstancia climática ya mencionada. ¿Arrancarán como titulares o quedarán a la espera del momento oportuno para poder ingresar? Quizás pueda dársele cabida en el ataque a Jonathan Rodríguez, o aprovechar el sorprendente momento de Darwin Núñez. La retaguardia va a contar con el vital regreso de Giménez y —ausente Valverde— Torreira o Nández (o quizás ambos) pueden acompañar a Bentancur en el medio campo, para mejorar la primera línea de contención. Sin dudas será un partido harto complicado.
Con miras al futuro, sería importantísimo rescatar al menos algún punto como visitante, y tratar de sumar los tres cuando, en unos pocos días, enfrentemos a Brasil en el Centenario. Sin olvidar que la ausencia de público en las tribunas ha mitigado sensiblemente el tradicional peso de las localías.