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    Argentina quema los últimos cartuchos

    N° 1984 - 30 de Agosto al 05 de Setiembre de 2018

    En medio de una desconfianza generalizada que ha llevado a que el dólar se disparara por encima de los 34 pesos argentinos, esta semana el gobierno del presidente Mauricio Macri anunció una modificación al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por el cual se adelantarían los desembolsos del actual crédito por US$ 50.000 millones para cubrir las necesidades de financiamiento hasta fines de 2019.

    Las estimaciones de varios economistas privados e incluso del propio gobierno apuntaban a que faltarían entre US$ 8.500 y US$ 15.000 millones para “cerrar” el financiamiento necesario hasta entonces, dependiendo de diversos supuestos en cuanto a la renovación de la deuda que vaya venciendo. Y este punto ha sido un elemento básico de incertidumbre en los últimos días, propiciando la escalada del dólar y el desplome de la bolsa y los bonos argentinos, que en algunos casos ya están con rendimientos de 11% y 12% en dólares.

    De ahí que fuera tan urgente tratar de buscar la forma de “convencer” a los inversores de que al menos hasta fines de 2019 la probabilidad de que vaya a haber un nuevo default sería cero, llegando a manejarse incluso la posibilidad de pedir un apoyo financiero directo al gobierno de Estados Unidos en caso de no prosperar la negociación con el FMI para adelantar los desembolsos del programa vigente.

    A pesar del mensaje de ayer miércoles 29 del presidente Macri, en el que anunció el nuevo acuerdo con ese organismo y la venta de US$ 300 millones en el mercado mayorista por el Banco Central (BCRA), el dólar anotó su séptima suba consecutiva. Eso es un claro indicio de la desconfianza que sigue imperando entre los agentes económicos e inversores.

    Es que si bien el adelantamiento de los desembolsos del FMI debería dar tranquilidad al menos en el corto plazo, habrá que aprobar el Presupuesto 2019 rápidamente para asegurar la reducción del déficit primario al 1,3% del Producto Bruto Interno (PBI) el próximo año, sin lo cual el apoyo del organismo se caería. Todo ello, además, en un contexto donde la recesión se está profundizando (el propio ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, pronosticó una caída de 1% del PBI para este año), y donde, en parte como consecuencia de la fuerte devaluación, la tasa de inflación para fines de año se proyecta más cerca de 40% que de 30%.

    Y con la profundización de la recesión, se vuelve mucho más difícil el cumplimiento de las metas fiscales para 2019, a lo que tampoco contribuye el impacto de la devaluación en el monto de los subsidios sobre las tarifas públicas (salvo que se decida aumentarlas fuertemente para acotar los desembolsos del gobierno federal, aunque en este último caso el impacto inflacionario sería mucho más significativo).

    Evidentemente, se trata de un “puzzle” muy complicado el que debe armar el gobierno argentino, que además tiene que hacerlo “contrarreloj” y con una contundencia tal que revierta la actual pérdida de confianza para poner fin al actual contexto recesivo y de aceleración de la inflación y de la devaluación. Además del adelantamiento de los desembolsos del FMI (y la eventual búsqueda de apoyos financieros adicionales por el Tesoro americano u otros organismos multilaterales), las otras dos “patas” de la estrategia oficial para recuperar la confianza pasan por la rápida aprobación del presupuesto 2019 y por un plan de “reactivación” que Macri le ha encargado al ministro de Producción, Dante Sica, a ser presentado en algún momento entre octubre y fines de este año, que seguramente estará basado en estimular los sectores que se han visto favorecidos por la fuerte devaluación.

    Por ahora, el único aspecto medianamente favorable de la actual coyuntura es que, a pesar de la fuerte compra de dólares que vienen realizando los argentinos en los últimos años (según datos del BCRA, más de US$ 52.000 millones desde comienzos de 2016 hasta julio de este año y US$ 20.000 millones en los primeros siete meses de 2018), no han retirado ese dinero del país, por el momento, a diferencia de varios inversores del exterior que salieron del “carry-trade” y ya se fueron. El tema es que es claro que la dolarización de los depósitos y de los portafolios es un primer paso, que necesariamente lleva a la salida de capitales si es que la confianza no se recupera rápidamente. Y si ello ocurre, la contracción económica adquiere proporciones mucho mayores, al contraerse violentamente el crédito bancario.

    En definitiva, es claro que el presidente Macri se está quedando tanto sin tiempo como sin más “cartuchos” a utilizar para encauzar la delicada situación actual. Revertir la desconfianza no es una cuestión que pueda esperar meses, sino que es un tema a resolver en algunos días o en tres o cuatro semanas como máximo. Articular los apoyos políticos para aprobar un presupuesto para 2019 que dé la tranquilidad absoluta de que se va a superar la meta de déficit primario comprometida con el FMI será harto complicado por los contrapuestos intereses políticos en juego pensando en las elecciones del año que viene, pero condición sine qua non para comenzar a ver la luz al final del túnel.

    Desde el punto de vista de Uruguay, lo que queda es esperar el mejor desenlace posible para la actual coyuntura argentina, aunque a medida que va pasando el tiempo lo prudente sería irse preparando para lo peor.

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