N° 1989 - 04 al 10 de Octubre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana comenzó la implementación de la nueva política monetaria por parte del Banco Central de Argentina (BCRA), que tiene como objetivo lograr un crecimiento nulo de la base monetaria hasta mediados del año 2019 buscando estabilizar la situación del mercado cambiario primero y conseguir una reducción sustancial de la inflación más adelante.
Las señales que emitió el BCRA desde el lunes 1º de octubre fueron muy contundentes, ya que a los efectos de “secar” la plaza de pesos para evitar que se vuelquen a la compra de dólares, en tan solo tres días adjudicó “Letras de Liquidez” —Leliq— por cerca de 200.000 millones de argentinos (algo así como el equivalente a US$ 5.000 millones) a siete días de plazo, llegando a pagar tasas de 74% anualizadas. Dado este “apretón” monetario, no es de extrañar que la cotización del billete verde bajara desde casi 42 pesos argentinos el 28 de setiembre a algo menos de 39 ayer miércoles 3.
Se trata, sin dudas, de un buen comienzo para la gestión del nuevo titular del BCRA, Guido Sandleris, ya que no solo el dólar bajó de precio, sino que ello le permite guardar “poder de fuego” a futuro: al no tener que vender dólares en el techo de la banda a razón de US$ 150 millones por día como se ha acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), esos recursos se podrán utilizar eventualmente a futuro si fuera necesario (el monto total a utilizar para “defender” el techo de la nueva banda de flotación de 44 pesos, que se incrementará a razón de 3% por mes hasta fin de año, es de unos US$ 9.000 millones).
Sin embargo, y como las propias autoridades argentinas reconocen, se trata de un equilibrio muy precario y totalmente insostenible en el tiempo, ya que los actuales niveles de tasas de interés a las que se deben colocar las Leliq —más de 30 puntos por encima de la inflación— son imposibles de mantener durante mucho tiempo. Por más que el BCRA está absorbiendo fondos a siete días, si las tasas no bajan rápidamente, se corre un gran riesgo de que la “bola de nieve” que se había armado con las “Lebac” se repita con las Leliq.
Y el problema es que es muy difícil ver cómo las tasas de interés puedan bajar de manera significativa de manera rápida. Por lo pronto, el propio BCRA se habría comprometido con el FMI a mantener las tasas a un mínimo de 60% al menos hasta fines de año, a los efectos de conseguir que la inflación efectivamente se desacelere. La expectativa oficial es que la inflación, que en setiembre se habría ubicado en el entorno de 7%, llegue a 3% o menos para el último mes de este año.
Otro punto a tener en cuenta es que la política monetaria superrestrictiva que está aplicando el BCRA tiene como “daño colateral” profundizar la recesión económica, lo que deteriora la credibilidad en que se va a poder cumplir la meta de un déficit primario cero para el año que viene. Algo de eso ya se observó en setiembre, cuando la recaudación impositiva creció 32% respecto a un año atrás, frente a una inflación que se estima habría llegado a niveles cercanos a 40% (cuando hasta agosto se venía observando un aumento real de la recaudación todos los meses). Como hasta el propio gobierno reconoce que la recesión se profundizará al menos hasta el primer trimestre de 2019, aun descontando la aprobación del Presupuesto y tomando en cuenta el impacto de los impuestos sobre todas las exportaciones que ya entraron en vigencia en setiembre, no es nada claro que se puedan alcanzar las metas de ingresos, y por ende de resultado fiscal. Si políticamente resulta imposible generar una caída mucho mayor del gasto público, no sería de extrañar que más temprano que tarde la poca credibilidad que se tiene en el actual programa de estabilización se evapore, por más respaldo que se haya conseguido del FMI.
En definitiva, el BCRA ha logrado “alquilar” una “tregua” en el mercado cambiario de muy corto plazo, pagando tasas de interés extravagantes. No es mucho más lo que puede hacer, y ahora el “partido” pasa a jugarse en la “cancha” fiscal, que estará mucho más complicada por la magnitud de la recesión que habrá que transitar al menos hasta el segundo trimestre de 2019 en el escenario más optimista.
Más allá del respiro de esta semana con el dólar, el escenario continúa siendo harto complicado, y la volatilidad se mantendrá muy alta durante un buen tiempo. El resultado de la guerra por conseguir la credibilidad del mercado y la estabilidad económica y financiera es imposible de prever en la actualidad, y se irá definiendo por batallas que se librarán día a día.