Nº 2252 - 23 al 29 de Noviembre de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl cómodo triunfo del libertario Javier Milei en el balotaje del domingo 19 abre un tiempo de cambios en Argentina no exento de incertidumbre. Supone el cierre de un ciclo del peronismo kirchnerista que deja altísimos niveles de pobreza, una sociedad desintegrada, una economía al borde de la hiperinflación, graves problemas fiscales y de endeudamiento, además de un profundo descrédito en la clase política que costará muchos años restañar.
Milei, que se construyó como candidato con un discurso contra la “casta” política, desde el próximo 10 de diciembre tendrá que gobernar para dar respuesta a una sociedad enojada que lo respaldó en las urnas y que seguramente querrá ver cambios inmediatos. Sin mayoría en el Congreso ni caudillos provinciales consolidados que lo apoyen, el líder libertario tendrá un enorme desafío que es, al mismo tiempo, una oportunidad histórica para la sufrida Argentina. También puede traer cambios en las relaciones regionales.
Visto a la distancia, es comprensible la llegada al poder de alguien que centró su campaña en duras críticas al statu quo que tanto daño causó a la Argentina actual. Hubiera sido realmente insólito que el triunfador fuera el ministro de Economía, Sergio Massa, en el peor momento económico del país en décadas. Pero nadie lo descartaba porque en Argentina todo es posible. Finalmente, se dio la lógica.
Varias de las propuestas económicas del ahora presidente electo fueron lanzadas como un rugido contra el kirchnerismo, pero habrá que ver cuánto de todo eso puede ejecutar y cómo lo hará. ¿Irá Argentina hacia un bimonetarismo o a una dolarización plena? ¿Se achicará el tamaño del Estado y se privatizarán varias empresas públicas? ¿El gobierno de Milei planteará eliminar el Mercosur o romperá con el bloque regional?
Son muchas las preguntas que deja planteadas este histórico resultado electoral y dudas especialmente con asuntos importantes como la agenda social y el tratamiento de cuestiones del pasado reciente. Lo que sí parece claro es que se avecina un tiempo de ajustes imprescindibles en Argentina, para evitar que su economía y la sociedad se hundan todavía más en la crisis. Es urgente un ajuste fiscal, monetario y cambiario que empiece a ordenar los grandes números. También, un ajuste en la calidad de la política que destierre a los corruptos. Y por último, un ajuste microeconómico que desmantele las múltiples ataduras a la actividad privada, que fueron anudando a la rica producción argentina y la hicieron retraerse o incluso emigrar. Nada de esto es fácil de ejecutar para cualquier gobierno, y será un reto supremo hacerlo para un autoproclamado outsider que en pocos años arrasó con los principales dirigentes cuestionándolos como políticos.
Los uruguayos —tan argentinodependientes en muchos sentidos, aunque no tanto como antes— miraremos expectantes esta nueva etapa de nuestro vecino. Con perspectiva de largo plazo, lo más conveniente para Uruguay es tener un socio con su economía saludable que demande bienes y servicios y permita comerciarlos sin trabas o restricciones paralizantes como las impuestas con la lógica del dirigismo e intervencionismo kirchnerista para padecimiento de los empresarios agroindustriales y operadores turísticos uruguayos. Si, además, el nuevo gobierno de Milei se transforma en un aliado en el propósito de quitar el corsé impuesto por el Mercosur —en torno a lo cual parece haber consenso entre la dirigencia política autóctona— y le permite a Uruguay una verdadera inserción internacional, bienvenido sea.
El presidente electo argentino no parece ser de los que le gustan los cambios graduales y corregir algunos asuntos puntuales para que todo siga estando como está, aunque un poco mejorado. Este sí que quiere sacudir las raíces de los árboles y tiene una oportunidad importante como para poder hacerlo. Si lo logra o no es lo que está por verse.