Nº 2206 - 29 de Diciembre de 2022 al 4 de Enero de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSuele decirse que el tercer año de un mandato es el más difícil de todos. Demasiado lejos del casi siempre breve cuarto de hora de “luna de miel”. Demasiado lejos, también, de la eventual cosecha electoral. 2022 no fue la excepción. El gobierno que lidera el presidente Luis Lacalle Pou empezó su tercer año con un triunfo con sabor a derrota en el referéndum de la Ley de Urgente Consideración: por un puñado de votos, logró sostener los 135 artículos impugnados por el Frente Amplio y las organizaciones sociales aliadas. Todo indica que terminará con una buena noticia: la aprobación de la ley de reforma de la seguridad social. En el medio, pasó de todo.
Es evidente que logró algunas metas importantes. En primerísimo lugar, la ya mencionada reforma de la seguridad social. En este asunto, a priori, todo lucía muy difícil. Tomar la decisión de no postergar la reforma, de no eliminarla de la agenda a pesar del riesgo político implícito, solamente eso, ya era todo un desafío. Es meritorio que, ante la incertidumbre, a instancias del presidente, el gobierno haya optado por avanzar hacia el cumplimento de una de sus promesas de campaña. Acordar un anteproyecto dentro de la coalición tampoco era sencillo. Mucho se especuló, y con razón, respecto a si Cabildo Abierto apoyaría o no una propuesta de este tipo. No fue fácil, pero el enfoque gradualista de la reforma lo hizo posible.
En segundo lugar, el gobierno siguió impulsando la transformación educativa, otro de sus principales compromisos electorales. Los especialistas en el estudio del cambio en las políticas públicas insisten en que no hay reformas sin líderes (policy entrepreneurs). El emprendedor clave en el tema seguridad social fue Rodolfo Saldain. En educación, fue, y sigue siendo, Robert Silva. Al frente del Codicen, el excandidato a la vicepresidencia por el Partido Colorado viene llevando adelante un gran esfuerzo por mover el statu quo. Además de compromiso con el tema, tiene energía, un libreto técnico solvente y apoyo político en toda la coalición de gobierno. No la tiene fácil. Es posible que la resistencia a las innovaciones aumente a medida que se avance en la implementación. En todo caso, el gobierno no se conforma con responsabilizar a los sindicatos de la educación por las dificultades y asume su responsabilidad ante la ciudadanía en un tema clave para el futuro.
En tercer lugar, el gobierno puede mostrar buenos resultados en el plano económico. La economía creció a buen ritmo respecto al 2021, al tiempo que la inflación y el déficit fiscal siguen bajo control. Aquí también la gestión de gobierno está alineada con las expectativas generadas durante el 2019. Hay dos variables muy importantes que, en cambio, hacen ruido. La disminución del salario real y la apreciación del peso uruguayo causan malestar. Finalmente, el gobierno tampoco ha podido avanzar en la apertura comercial, otro de sus compromisos más sonoros. De todos modos, hay que reconocer que Lacalle Pou no disimula su interés en el tema, incluso al costo de tensar la cuerda con los vecinos del Mercosur.
Cuando se aprieta la tecla del subtotal no está mal. Sin embargo, hay que restar. 2022 fue también el año de los escándalos. El pasaporte emitido en circunstancias inexplicables al narcotraficante Sebastián Marset y el no menos insólito affaire Astesiano tuvieron un fuerte impacto en el clima político del país. El primero acaba de costarle el cargo a Carolina Ache, subsecretaria de Relaciones Exteriores. El segundo, que está teniendo ramificaciones inesperadas, afectó de forma directa la credibilidad del presidente. Ambos escándalos sumados seguramente erosionaron un intangible fundamental, la imagen de Uruguay como país con bajos niveles de corrupción. Un tercer asunto completó el combo de los escándalos evitables: el súbito y prácticamente inconsulto cambio de normas en el empaquetado de los cigarrillos, que tanto disgustara en su momento al ministro Daniel Salinas.
En este año tan difícil, el gobierno retrocedió además en una de sus fortalezas más notorias: el profesionalismo en la comunicación. De eso se habló mucho, en especial durante el año 2020. Desde la oposición se solía atribuir los altos niveles de aprobación de la gestión presidencial a su equipo de comunicación. Dejemos de lado ese debate. Lo que interesa señalar ahora es que hay un fuerte contraste entre la prolijidad de entonces y la tendencia a la improvisación de ahora. A pesar de todo, del descuido en la comunicación, de los costos de algunas reformas y de los inusuales escándalos mencionados, los niveles de aprobación de la gestión del presidente Lacalle Pou (46%) siguen sensiblemente mejores que los de Tabaré Vázquez durante su segundo mandato (27%). (Ver tabla).
La necesidad de mejorar la comunicación fue planteada por el presidente en el último Consejo de Ministros celebrado el lunes 19 para hacer un balance de la gestión. Siendo una dimensión importante, me pregunto si con esto alcanza. Una de las razones del desgaste de Tabaré Vázquez durante su segunda presidencia fue no haber hecho modificaciones en el gabinete. ¿No será el momento para el refresh? Además, de caras nuevas, el gobierno está precisando políticas públicas nuevas. Por ejemplo, ¿no deberían pensar en un paquete más ambicioso de iniciativas para combatir la pobreza? ¿Cuál es, por ejemplo, la política del Mides para abordar el problema, cada vez más vergonzoso, de las personas en situación de calle?
Este último asunto me lleva a otra dimensión de la gestión del gobierno en la que, para mi gusto, notoriamente, el presidente no ha cumplido con las expectativas. Lacalle Pou afirmó durante la campaña: “El próximo gobierno no puede ser cambiar una mitad por otra, tenemos que unir a la sociedad, tenemos que unir a los uruguayos”. Es evidente que no lo ha logrado. Es más: para mi gusto, (casi) no lo ha intentado. En estos tres años, el gobierno dialogó poco y nada con la oposición. Rescato, por paradigmática y excepcional, la visita de Lacalle Pou y Saldain a la Huella de Seregni para compartir con el Frente Amplio el anteproyecto de reforma de la seguridad social. Rescato, también, que hace pocos días el Ministerio del Interior instaló una mesa de diálogo entre expertos de todos los partidos. Me pregunto si no podría hacer lo mismo, por ejemplo, el Ministerio de Desarrollo Social, o la presidencia, para abordar el enorme, complejísimo desafío de las personas en situación de calle.