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    jueves 13 de junio de 2024

    Bielsa presidente

    Nº 2257 - 28 de Diciembre de 2023 al 3 de Enero de 2024

    No se sabe quién va a ganar. Tampoco hay favoritos claros, aunque los especialistas y los que se dedican a medir el estado de la opinión pública puedan tener algunas sospechas. La mayoría permanece en silencio o habla de final impredecible. Los pocos que se animan a tirar un pronóstico lo hacen de una forma tan matizada que más que un grito de convencimiento se termina pareciendo a un susurro que solo sirve para aumentar la incertidumbre.

    Igual hay algunas certezas que se pueden poner sobre la mesa desde ya. La primera es que los candidatos presidenciales con reales posibilidades de ganar en las próximas elecciones nacionales de 2024 serán todos debutantes en las grandes ligas. Los que hoy pueden cruzarse la banda presidencial son cuatro, según todas las encuestas: Álvaro Delgado y Laura Raffo del Partido Nacional y Yamandú Orsi y Carolina Cosse del Frente Amplio. Ninguno de ellos ha representado todavía a su colectividad política en la batalla electoral más importante, la presidencial, y eso es muy significativo.

    La segunda es que ninguno es un caudillo indiscutido, un líder masivo de esos que han tenido los principales partidos políticos uruguayos a lo largo de su historia. Al menos por ahora. El hecho de que estén recién asumiendo el rol protagónico los lleva a tener mucho más para construir y mostrar que lo que ya han expuesto y eso también genera un escenario por demás interesante hacia el futuro.

    Y la tercera es que tampoco ninguno de los cuatro son figuras que tengan antecedentes recientes en el Parlamento y por lo tanto tampoco son esgrimistas especializados en usar la palabra como espada y con horas acumuladas de largos debates políticos. Están asociados a cargos más ejecutivos, en especial en el último período de gobierno. Sus eventuales votantes los conocen por lo que hacen o hicieron más que por lo que dicen. Ese es otro punto que podrá tener su incidencia en la campaña electoral.

    Hasta ahí el escenario principal, que ya está con las luces desplegadas y los actores principales protagonizando sus primeras escenas. Los diálogos iniciales son de intercambios fuertes, de idas y venidas, de muchos contrapuntos y pocas propuestas. Al menos por ahora. Es como si se estuvieran midiendo antes de empezar con la actuación principal. Es comprensible dado todo lo mencionado anteriormente pero no parece ser definitivo. No debería ser por ahí la resolución de la batalla final.

    Los convencidos seguirán igual o más convencidos por más recriminaciones que escuchen, y los que están dudando no lograrán aclarar el panorama porque los protagonistas empiezan a jugar el juego de los malos y los buenos. Eso puede llegar a ser una estrategia lógica para las elecciones internas, que no son obligatorias y donde votan la mayoría de los militantes y seguro los fanáticos. Pero después del último domingo de junio, con los candidatos presidenciales ya definidos en todos los partidos, cambia el escenario y probablemente también el auditorio. Lo que antes era un tablado de barrio ahora pasa a ser el principal teatro del país y el tiempo que queda es poco.

    Entonces sí estarán un poco más maduros los nuevos liderazgos, que probablemente recaerán sobre las personas a cargo de la candidatura presidencial de cada uno de los partidos principales y que tendrán sobre sus espaldas todo el peso de la definición final. Pero, con tan pocos antecedentes y un país dividido prácticamente en dos —como muestran todas las encuestas—, lo que evalúan los especialistas de ambos lados es que hay un factor que va a ser más definitorio que las ideas y los perfiles: no cometer errores.

    La competencia, por lo que dicen, será a quién logre avanzar en las semanas hacia octubre y noviembre sin salirse demasiado del libreto, mostrando seguridad y generando confianza. No será tan importante quién hace la propuesta más interesante o el que se muestre como más aguerrido combatiente o maneje mejor la ironía o las críticas al adversario. Lo realmente sustancial será no tropezar en ningún momento porque cualquier resbalón puede significar una señal de debilidad que haga fugar los votos necesarios como para poder hacer la diferencia para una de las partes.

    Así piensan muchos de los que están atrás de cada uno de los comandos, preparando la hoja de ruta del largo año que se inicia en unos pocos días. Pero hay un agregado central para poder concretar con éxito esa estrategia, desde los dos lados, que todavía no parece haberse tenido en cuenta. Además de no cometer errores, ante una situación de postulantes que se están mostrando por primera vez como los conductores de fuerzas multitudinarias, parece fundamental conocer a quiénes eligen para formar sus equipos. Ese es también un punto sustancial.

    Siempre fueron centrales los anuncios que los postulantes realizan durante la campaña electoral de sus futuros ministros, en especial si son los de Economía, de Relaciones Exteriores, del Interior o de otras carteras claves. Con eso dicen mucho de lo que tienen planificado para sus eventuales futuros gobiernos.

    Pero hoy esa formación de equipos adquiere un protagonismo más importante. Al menos así parece al imaginarse una disputa tan pareja y tan distinta a las anteriores por quienes serán sus protagonistas. Los movimientos en ese sentido serán definitorios. Desde los compañeros de fórmula que eligen los candidatos hasta los anuncios previos que hagan sobre personas que pueden integrar futuros gabinetes.

    Lo de la fórmula parece estar bastante resuelto. Tanto en el Frente Amplio como en el Partido Nacional, los favoritos para disputar la segunda vuelta electoral, existe el convencimiento de que los candidatos a presidente y a vicepresidente se definirán a través de las urnas. Más si no hay una distancia considerable entre el primero y el segundo. Resolver ese asunto de esa manera puede ser una fortaleza importante, aunque seguramente los igualará a ambos.

    Entonces, lo que venga después será lo fundamental. La base ya estará consolidada pero lo sustancial será de qué forma se construyen certezas a partir de ahí. Y qué mejor que hacerlo con personas que pueden y saben jugar en equipo. Qué mejor para no cometer errores que exponerse lo menos posible y dejar que otros, los que saben, hablen cuando así sea necesario. Qué mejor que dibujar el inicio de otra etapa con nuevas figuras que vengan a trasmitir nuevos mensajes, aunque se hagan arriba de lo ya hecho.

    Como hizo Marcelo Bielsa con la selección uruguaya: trabajar sobre lo construido para proyectarlo de otra forma, en la que algunas individualidades se destacan especialmente pero mucho más lo hace el equipo. Sin ruido, sin personalismos, sin errores, así, a lo Bielsa, es ahí donde debería estar el futuro presidente.