Nº 2171 - 28 de Abril al 4 de Mayo de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Poder Ejecutivo no claudica en su intención de abrir más puertas en el mercado internacional pero el camino promete ser duro. El sábado 23 estuvo en Montevideo el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Mevlüt Cavusoglu, para confirmar el interés de su país en explorar la posibilidad de firmar en forma bilateral un tratado de libre comercio (TLC). De hecho, acordaron con el canciller Bustillo los términos de referencia para comenzar con el estudio de viabilidad de ese TLC y suscribieron un tratado de protección y promoción de las inversiones.
El optimismo que pudo provocar este primer paso contractual entre los países se dio de bruces por la actitud repudiable e irresponsable del ministro Cavusoglu al responderle a un grupo de manifestantes armenios que protestaban rechazando su visita. Desde su auto oficial, el ministro hizo con una sonrisa socarrona el gesto de guerra de la organización Lobos Grises, grupo que justifica el genocidio del pueblo armenio.
Este episodio se convirtió en un llamado a la realidad para nuestros gobernantes y le dio una idea de lo que hoy representa el gobierno turco. Y por más llamados al embajador que intente la Cancillería, eso no va a cambiar. Pero también es cierto que a la hora de firmar acuerdos no se elige el estilo político de la contraparte, sino las ventajas que puedan hacer una diferencia comercial para nuestros intereses. La exigencia puede ser, eso sí, que se cumpla con todos los términos acordados.
Turquía entra en los planes de nuestro gobierno por la iniciativa de aquel país al registrar los intentos de Uruguay de flexibilizar el Mercosur. Si bien este país —que tiene un limitado comercio con el nuestro, principalmente de ganado en pie— no estaba en un principio en las prioridades, hoy el Poder Ejecutivo ve en cualquier posible TLC una oportunidad de mejorar nuestra actividad comercial, pero también una plataforma para sacudirse de encima las normas proteccionistas del Mercosur. Este TLC se puede convertir en una prueba de fuego para nuestra relación con el bloque regional.
Si bien por el momento no hubo reacciones de nuestros socios, es obvio que se puede esperar en cualquier momento una movida contraria al intento uruguayo. No parece sabio soñar con otra actitud.
Nuestros gobernantes siguen apuntando a una situación que todos los especialistas consideran la mejor, si no la ideal, que es lograr la flexibilización del acuerdo regional para que permita una mayor libertad comercial de sus miembros, lo que facilite tanto acuerdos grupales como bilaterales. Pero la realidad nos muestra que Voltaire tenía razón: “Lo perfecto (o lo ideal) es enemigo de lo bueno”.
Mientras tanto el país sigue perdiendo oportunidades.
Quizás sea el momento de escuchar a técnicos como Ignacio Bartesaghi, que en varios medios (incluida la última edición de Búsqueda) dio su punto de vista que se puede resumir en la siguiente frase: es “insostenible seguir en un bloque que no se abre al mundo, que su arancel es el doble de la media internacional, que estás en una región con Argentina y Brasil, que son clasificadas como las economías más cerradas del mundo. ¿Cuánto más vas a aguantar si el Mercosur no se decide a abrirse?”.
La salida del Mercosur está prevista en el tratado fundacional de Asunción. Para eso se necesita denunciarlo y discutir las nuevas condiciones comerciales. Quizás esta sea una instancia favorable para nuestros intereses, aunque con riesgos pero, como se pregunta Bartesaghi, “¿y no tiene riesgos quedarnos quietos?”.
La palabra bilateral es un poco la clave, es el término pecaminoso según nuestros vecinos. Pero tampoco parecen interesados en darnos alternativas, como queda claramente demostrado en los 30 años de existencia del acuerdo regional. Hoy se necesita flexibilidad y bilateralidad. Si no se consigue, que es obvio que no, habrá que pensar en el plan de negocios para salir. Tratados con China, Turquía y todos los países que quieran negociar, más allá de las cuestiones políticas, pueden ser el apoyo necesario.