N° 1964 - 12 al 18 de Abril de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCon pocos días de diferencia, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó datos relativos a la evolución de la pobreza y la indigencia en 2017, y sobre la situación del mercado laboral en febrero.
Comenzando por las buenas noticias, el INE informó que el año pasado la pobreza se redujo a 7,9% de la población (algo así como 275.963 uruguayos), el nivel más bajo desde al menos 1985 y marcando una caída de 1,5 puntos porcentuales respecto a 2016. A su vez, la indigencia disminuyó en 0,1 punto porcentual, a 0,1%; son 3.467 individuos menos en esa situación frente a 2016. Además, se observó una leve mejora en la distribución del ingreso, ya que el índice de Gini pasó de 0,383 a 0,380.
Las malas noticias vinieron por el lado de los datos del mercado laboral, que mostraron un fuerte aumento del desempleo en el segundo mes del año. La tasa se ubicó en 9,3%, el nivel más alto para un mes de febrero desde 2007, y el dato mensual más elevado desde julio de 2007 (cuando había alcanzado a 10,06%). Se compara, además, con al 8,5% de enero pasado y con el 8,2% de febrero del año pasado. Si se analizan el comportamiento de los determinantes básicos de la tasa de desempleo, como son las tasas de actividad-TA (oferta de trabajo) y de empleo-TE (demanda de trabajo), se observa que en la comparación mensual el aumento del desempleo en febrero se dio porque una mayor cantidad de gente buscó trabajo (la TA pasó de 62,6% en enero a 63,2% en febrero) sin poder encontrarlo, ya que el empleo se mantuvo (la TE fue 57,3% en ambos meses). En la comparación interanual se observa que el salto del desempleo se dio como consecuencia básicamente de la pérdida de empleo (la TE pasó de 58,2% en febrero de 2017 a 57,3% en febrero de este año, lo que implica la pérdida de aproximadamente unos 15.000 puestos), en un contexto donde menos gente salió a buscar empleo (la TA pasó de 63,4% a 63,2%).
Aunque es claro que los datos del mercado laboral muestran una gran volatilidad mes a mes (basta con señalar que tan solo dos meses atrás, en diciembre de 2017, la tasa de desempleo fue 6,9%, frente al 9,3% de febrero de 2018), parece evidente que la tendencia al deterioro que comenzó a fines de 2014 se mantiene. Y que seguiremos en un contexto donde el crecimiento económico global muy probablemente convivirá con un incremento del nivel de desempleo y con la continuación en el margen de la destrucción de más puestos de trabajo.
Es que en lo que hace a la demanda de trabajo, son múltiples los factores que han llevado y continuarán llevando a los empresarios por el camino de no aumentar y reducir el nivel de empleo, y lamentablemente no es fácil ser optimista en cuanto a que estos factores vayan a cambiar a corto plazo al menos. Entre los mismos hay que mencionar el encarecimiento relativo del factor trabajo; la pérdida de rentabilidad y competitividad de muchos sectores; los cambios tecnológicos; el aumento de los costos explícitos e implícitos para ajustar el nivel de empleo de ser necesario ante los cambios en el marco de funcionamiento del mercado laboral en los últimos años; el creciente divorcio entre los niveles salariales y la productividad de la mano de obra (brecha que crece particularmente entre los salarios más bajos); la inflexibilidad para ajustar salarios a la baja en las pautas de negociación colectiva, entre otros factores.
Si la oferta de trabajo sigue aumentando —como fue el caso en febrero—, no es descartable que la tasa de desempleo vuelva a aproximarse a los dos dígitos e incluso a superar dicho nivel en los próximos meses, ya que por el lado de la demanda de empleo es poco el impacto positivo que puede esperarse, a pesar de que el Producto Bruto Interno continúe creciendo como hasta ahora.
Evidentemente, el contexto en el cual van a transcurrir las próximas rondas de negociaciones en el marco de los Consejos de Salarios es harto complicado, y debería ser tomado muy en cuenta por todos los actores, tanto trabajadores, empresarios y gobierno. De la cautela y madurez que muestren las partes dependerá el que en algún momento pueda frenarse el deterioro en los indicadores laborales. Solo de esa forma, a su vez, podremos continuar recibiendo buenas noticias en términos de reducciones adicionales en los niveles de pobreza e indigencia.