Burros vs. chorros

Burros vs. chorros

Editorial

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Nº 2254 - 7 al 13 de Diciembre de 2023

Empezó el último mes del año y con él la famosa modorra veraniega. De aquí hasta el último día de 2023 los días se van sucediendo entre despedidas, reuniones con amigos o laborales de cierre y evaluaciones de lo ocurrido durante los últimos 12 meses. Cambia el clima, cambia el humor, cambia la dinámica, cambia hasta la forma de abordar los problemas.

Pero dura solo un momento, es como un leve recreo en el medio del camino. Responde al descanso necesario como para poder contrarrestar el agotamiento acumulado y prever lo nuevo que traerá el porvenir. Y sobre ese último punto, más allá de la algarabía navideña, algunas de las principales cartas en lo que se refiere al próximo año ya están echadas.

El 2024 es cuando los uruguayos elegiremos al futuro presidente, senadores y diputados. Pasarán muchas otras cosas importantes en el medio pero gran parte de la atención estará centrada en esa carrera electoral que comenzará con las urnas arriba de las mesas de votación el último domingo de junio, seguirá al finalizar octubre y probablemente tendrá otro episodio en noviembre.

El esquema sobre cómo será la campaña electoral ya está trazado porque, en los hechos, la actividad proselitista empezó bastante antes de este mes en el que termina el año. Si se analizan los puntos en común entre los discursos del oficialismo de un lado y la oposición del otro, ya hay señales más que suficientes como para imaginar cuál será el tono durante el próximo año, por más que la cercanía de las fiestas apacigüe un poco las aguas.

El principal argumento al que han recurrido varias de las figuras de primera línea del oficialismo es que estamos ante el peor Frente Amplio de la historia y que las personas a cargo de esa colectividad política permanecen absolutamente presas del discurso de la central sindical PIT-CNT. En otras palabras, que los que ahora quedaron con la responsabilidad de liderar la izquierda local no están a la altura de sus antecesores y se dejaron infiltrar y dominar por los sindicalistas, que solo piensan en sus intereses. Más directo todavía: que son burros.

Del otro lado, lo que argumenta la oposición es que los referentes de la coalición multicolor a cargo del gobierno están enredados entre varias irregularidades que se suceden una tras otra como si fueran capítulos de una misma serie, que está lejos de terminarse. Es más, utilizan la palabra corrupción y hasta recurrieron a pasacalles y volantes para hacer un listado de los episodios que para ellos dejaron en evidencia a varios jerarcas gubernativos corruptos. En otras palabras, que no se puede confiar en ellos porque están más ocupados en ayudar a los suyos y a ellos mismos, aunque eso implique algunas acciones irregulares, que en moverse con honestidad y por el bienestar colectivo. Más directo todavía: que son chorros.

No parece ser el tono más indicado para una campaña electoral que recién empieza. Más aún cuando todas las encuestas muestran que el país está prácticamente dividido en dos y que el resultado de la próxima instancia electoral es muy incierto.

Los discursos tienen un tono que se parece mucho más a los últimos días de crispación de una campaña larga y complicada. Al escucharlos da la sensación de que ya estamos muy cerca de la definición final pero la realidad muestra que falta muchísimo tiempo. Demasiado si se tiene en cuenta que el ruido suele aumentar ante la cercanía de las urnas en lugar de disminuir.

Burros contra chorros no parece ser el camino. De esa forma los que se sentirán más cómodos serán los fanáticos, que ya tienen decidido su voto desde hace tiempo. Los del medio, los que están evaluando las distintas posibilidades, van a tener una tarea muy difícil por delante. La que quedará más afectada será la sensatez y a la larga los perjudicados serán todos los uruguayos, de un lado y del otro.

“O subimos el nivel o bajamos el volumen”, dijo el presidente Luis Lacalle Pou días atrás, citando a un amigo, para referirse al tono actual de la discusión política. Es una buena recomendación pero el problema es que en un año electoral es imposible mantener el volumen bajo. Esperemos que los protagonistas lo tengan en cuenta porque, si no, son ellos también los que sufrirán las consecuencias.