• Cotizaciones
    miércoles 12 de junio de 2024
    • Temas del día

    Cambiar el chip

    Nº 2225 - 18 al 24 de Mayo de 2023

    Cada cierto tiempo, invariablemente, Conaprole es noticia por algún conflicto laboral. El actual, que ya lleva algunas semanas e hizo escasear leche y otros de sus productos, devino a raíz de la incorporación en una de sus plantas de una máquina envasadora de leche UHT en sustitución de otra tecnología más vetusta, con lo que la empresa logrará incrementar su capacidad de procesamiento.

    Según lo que planteó Conaprole, no habría pérdida de puestos de trabajo sino la posibilidad de mover de área a los que ya no sean necesarios para la tarea, que se hace de forma más eficiente con la máquina. Pero el sindicato se opuso y arrancó el conflicto.

    Más allá de los detalles, el caso parece ser simbólico de la actitud de ciertos sindicatos que se resisten a aceptar la tecnificación, como ocurrió en los inicios de la primera Revolución Industrial. Cualquier cambio proyectado en ese sentido, por pequeño y evidente que sea, suele ser cuestionado desde la dirigencia gremial sin demasiado análisis. La respuesta siempre es “no” por lo que ellos llaman una cuestión de principios relacionados con la supuesta defensa de las fuentes laborales, aunque se terminen generando efectos contrarios.

    Hoy, parecería que lo lógico, al menos, sería mostrarse abiertos a discutir avances que, en ciertos sectores de actividad, serán imparables. Para muchas empresas y para sus empleados, ponerse de espalda a los cambios puede amenazar su subsistencia. Conaprole, de hecho, es una gran exportadora uruguaya, pero puede perder negocios si no logra ser competitiva en precios y en calidad en los muchos mercados a los que vende. Sus rivales, multinacionales con amplias espaldas, deben frotarse las manos cuando les llega la noticia de otro conflicto en esta industria uruguaya porque es una oportunidad para arrebatarle clientes.

    Casualmente, al mismo tiempo que está planteado este conflicto de alta sensibilidad social, el PIT-CNT volvió a poner sobre la mesa su reclamo de reducir la jornada laboral. Es, desde nuestro punto de vista, un asunto atendible, que debe debatirse. Son cada vez más los países que van por ese camino, también en nuestra región, adaptándose a los nuevos tiempos en el mundo del trabajo.

    Aunque la central sindical no desarrolló ni expuso hasta ahora una propuesta sustentada de manera técnica, está bien que el tema empiece a ser considerado por los empresarios, así como por las actuales autoridades y las que eventualmente accedan al poder en 2025. Sería saludable que estuviera en la agenda del futuro gobierno, al menos como una iniciativa para analizar en profundidad. Eso, está claro, deberá incluir un debate acerca de la productividad laboral. No se trata de producir menos sino de producir mejor.

    Hay sindicatos y empresas que ya tienen experiencia de negociación de convenios que redujeron la jornada de trabajo e incorporaron mediciones de productividad, procurando que todos ganen. En esos casos hubo razonabilidad y madurez de las partes.

    Es posible que otros aspectos de la regulación laboral uruguaya hayan quedado obsoletos y deban ser revisados. Habría que discutirlo.

    Está claro que, con avances tecnológicos sorprendentes como los que han surgido en los últimos tiempos —como ciertas herramientas de inteligencia artificial— todos tendremos que asumir posturas menos intransigentes. Sería bueno empezar a cambiar el chip desde ya. Mañana puede ser demasiado tarde. Y entonces no habrá ni gobierno, ni empresariado ni sindicatos que resistan. Mejor intentar estar un poco más preparados.