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    domingo 26 de julio de 2026

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    Camino a las alturas

    Sr. Director:

    En el campo de las relaciones internacionales, algunas experiencias orientan más que libracos y discursos.

    En lo personal, cuando empecé a conocer gente de otros países y otros idiomas, fue una experiencia estimulante, pero a la vez de gran riesgo; como caminar al borde de un abismo, no es para gente con vértigo. Un vicio para pocos, como el paracaidismo, el alpinismo o la pesca de altura.

    Como dijo cara al viento el expresidente y entonces senador Luis Alberto Lacalle, cuando lo llevaba en una lancha Zodiac a 60 km/h, haciendo sapitos sobre las olas de Punta Carretas en una visita a las obras offshore del emisario, pura ingeniería de punta:

    —“¡Esto es el Uruguay real, aquí deberían venir a ver los políticos antes de opinar!”, sonreía entusiasmado.

    Hubo experiencias increíbles, como conocer a Steve Hunt, el mejor ingeniero del mundo, de perfil bajo, discutir en inglés por teletipo como adversarios, y terminar colaborando en Vancouver y Uruguay en proyectos de desarrollo fantásticos, como Mbopicuá, Ontur, reconocidos en Montevideo, Dallas, Washington y Tel Aviv, y otros proyectos de ellos, como el Muelle del puerto del Callao en Perú, un proyecto en el golfo de México y otro en el mar Ártico; y otros proyectos ganados aquí, que la codicia de algunos los hundió, como la terminal de Gas Sayago o el puerto de aguas profundas.

    También un gran francés, Didier Vallon, de Sogreah, que me abrió la mente para pensar en francés, pensar como navegante al diseñar obras costeras. Me obligó a subir a un yate argentino para la regata internacional Doble Buceo-isla Gorriti, ser navegante y ganar para gran sorpresa nuestra en la clase, ganar la regata total en tiempo corregido, y hasta otra copa por haber sido el yate más próximo a la isla de Flores. Cuando Vallon quiso llevarme a Europa, mi consejero espiritual me ayudó a discernir quedarme, como Dieste cuando lo llamaron del MIT de Massachusetts

    Con el mejor ingeniero civil de hoy, don Francisco Lefler, presidente del Pianc, con castiza elegancia me abrió puertas mentales para usar lo último en la construcción de muelles flotantes de acero y de concreto, de rompeolas inteligentes, de muelles sobre corales, en proyectos privados de gran nivel que otro gobierno uruguayo rechazó, y ahora en el que será si Dios quiere el mejor puerto del Caribe.

    Con ingenieros holandeses, como Paul Louer, el mejor dragador del mundo y hoy sabiamente retirado en Colonia, mi consejero en todas las obras costeras; y los ingenieros holandeses con que discutíamos proyectos de Conaprole, aprendí que el puro razonamiento racional no obsta a la personal estima.

    Con ingenieros rusos y alemanes discutimos posibilidades de usar el método SBP de Innomar en la prospección del Río de la Plata, cuando los buques oceanográficos rusos vienen al sur en el verano austral; con ingenieros franceses el proyecto premiado de TLM ; con ingenieros españoles el proyecto de Puerto Capurro; con ingenieros chinos proyectos de muelles y rompeolas; con ingenieros ingleses las alternativas mejores para restaurar el Cilindro Municipal de Montevideo, la genial obra de Leonel Viera.

    Con los mejores arquitectos israelíes, colaboramos juntos en un Centro de Rehabilitación modelo, antivandálico, para adolescentes descarriados. Ellos nos abrieron los ojos: una obra encarada como si fueran hijos tuyos, respetando sus derechos y formándolos para una vida mejor. No se hizo por hacer el Antel Arena. Y, en palabras del gobierno de entonces, “porque estos ya no tienen recuperación, mejor invertimos en otro lado”.

    Con ingenieros dominicanos argentinos, españoles, italianos, peruanos, franceses, colombianos y uruguayos, aprendiendo a trabajar como equipo en una iniciativa del BID, aprendimos a traducir las diferencias de culturas en riqueza del equipo, con humor, para llevar a una obra maestra que destrabe el desarrollo de la región más sumergida de la República Dominicana y mejore las vidas de la gente.

    Estas son cumbres. También emocionan, pero dan un poco de vértigo, los abismos.

    Cuando un ingeniero español, después de analizado y ya firmado un contrato por el dragado total de la ampliación del puerto de Nueva Palmira, cuando pidió un adelanto y no se lo di sin una póliza de fianza por el total, desapareció y me dejó colgado del pincel.

    Cuando ingenieros chinos, después de firmar todos los acuerdos de estilo, ya trabajando como equipo mandaron los abogados a abogar por cambios que permitieran prácticas colusorias o corruptas sin mi firma, y los acuerdos se volatilizaron.

    Cuando ingenieros brasileños, después de avanzar en proyectos fabulosos para aplicar la experiencia uruguaya en proyectos de graneles a gran escala, me indicaron con la mirada las cadenas de comisiones usuales en Brasil, y al no responderles los proyectos se evaporaron. Como a Leonel Viera con el pago de royalties por la copia sin permiso del Cilindro que es el Madison Square Garden en Nueva York.

    Abrir las puertas al mundo, ir a buscar amigos en términos de igualdad y respeto.

    Pero como en el comercio internacional, con las debidas garantías hasta que nos conozcamos bien, con cuerdas de vida como en el alpinismo para trepar a las mayores alturas, y redes de seguridad también.

    Como en el alpinismo, busquemos bien a los mejores guías de montaña. Y pongamos adelante a un equipo capaz y de coraje.

    A Lacalle, Arbeleche y Paganini, yo les tengo fe.

    Ing. José M. Zorrilla