N° 2036 - 05 al 11 de Setiembre de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHasta ahora, el gran atractivo de consumir cannabis era por el efecto psicoactivo del THC (Tetrahidrocannabinol); pero la nueva estrella parece ser el CBD (Cannabidiol), que posee notables efectos terapéuticos y cuyo consumo crece en forma exponencial.
La milenaria planta del cannabis tiene más de cien cannabinoides, siendo los más conocidos el THC y el CBD. Este último se extrajo por primera vez de la planta en 1940 y en 1964 lo hicieron con THC. El mayor aporte lo hizo el doctor Raphael Mechoulam y su equipo del Instituto Weizmann en Israel, quienes descubrieron que nuestro propio cuerpo tiene un sistema endocannabinoide, de ahí el efecto tan positivo que genera la ingesta de cannabis.
Personas con epilepsia, dolores crónicos, fibromialgia, e incluso pacientes de cáncer, Alzheimer o depresión, encuentran en el uso de los diferentes cannabinoides, soluciones totales o parciales a sus dolencias y de manera mucho más efectiva (y económica) que los tratamientos tradicionales.
En un reciente White paper presentado por BDS Analytics, una empresa especializada en el mundo del cannabis, se estima que las ventas de CBD llegarán a los 20.000 millones de dólares para el año 2024 (apenas dentro de cinco años).
Los productos que utilizan CBD son muy variados: complementos nutricionales, cosmética, “edibles” (comestibles y bebibles), aceites, bálsamos o inhalables, tanto para los humanos como para mascotas, un mercado también en gran crecimiento.
La investigación de BDS Analytics revela que los consumidores utilizan principalmente el CBD como un remedio “natural” para combatir dolores óseos y musculares, reducir el estrés, la ansiedad y hasta la depresión, ya que tiene efectos antiinflamatorios y favorece las conexiones neuronales.
Los consumidores de CBD se dividen en un 45% de mujeres y 55% de hombres, con una edad promedio de 43 años, donde un 40% tienen educación superior y un 50% están empleados a tiempo completo. Es evidente que no son los “drogones”, peludos y mal vestidos muchachos que asociamos al consumo de cannabis. Son personas como usted y como yo.
El crecimiento de este negocio depende en gran parte de cómo los gobiernos, y en especial la Food & Drug Administration (FDA) de Estados Unidos, regulen el CBD que se utiliza en alimentos y bebidas.
Para un país como Uruguay, productor natural de alimentos y con un buen prestigio en cuanto a sus controles sanitarios y regulatorios, las oportunidades son enormes, pero dependerá de la agilidad y visión de nuestros gobernantes.
De las 19 licencias aprobadas para el cultivo de cannabis en Uruguay, 15 lo son para producir CBD a partir de cáñamo, que tiene menos del 1% de THC. Y si bien grandes inversores han entrado en estos proyectos, también se abre la oportunidad para que pequeños agricultores y empresarios pyme puedan recibir una buena tajada de esta torta que se está preparando.
Un buen ejemplo es el proyecto de la empresa YVY, cuyo modelo de negocios es contar con varios pequeños productores (incluso con menos de una hectárea), darles el know how de cómo cultivar, hacer los controles de calidad y luego recibir el producto, adecuarlo y venderlo a mercados como Alemania, Canadá o Israel, entre otros.
El mundo entero está cambiando su paradigma con respecto al cannabis, absurdamente incluido en la misma lista de sustancias prohibidas junto a la cocaína, la heroína o el LSD, lo que permitirá a millones de personas acceder a un producto natural, económico y con efectos curativos cada día más comprobables fáctica y académicamente.
Del “no planten nada” a plantar un negocio genuino y próspero, hay un gran trecho. Sigamos recorriéndolo en el buen sendero.