N° 2029 - 17 al 23 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Nací con fibromialgia y con los años se fue agudizando. Durante cinco años tomé diez pastillas por día, con las que no obtenía ninguna solución. Desde hace unos dos años comencé a tomar el aceite de cannabis y me dieron ganas de seguir adelante, ya que me dio mucha voluntad; me estimuló a nivel psíquico, psicológico y emocional. Ahora puedo salir sola, subir y bajar escaleras, vestirme sola y hasta calzarme, que es algo que antes no podía hacer”.
“Cuando a alguien le dicen que su hijo tiene epilepsia, empieza a buscar una cantidad de alternativas que funcionen. Mi hijo tomaba más de cinco antiepilépticos y no funcionaba ninguno. El aceite fue una alternativa. Él ya había tenido varias convulsiones y estaba internado en el CTI. Se le da el aceite de cannabis y a la media hora deja de convulsionar”.
Estos son testimonios de pacientes desesperados por superar las terribles convulsiones de un niño con epilepsia o los dolores y limitaciones que provoca la fibromialgia en adultos. Cada vez hay más casos de personas con cáncer, problemas del sueño, depresión, Alzheimer o quienes reciben quimioterapia y encuentran en el cannabis una solución efectiva y muy económica.
Pero aún las autoridades no tienen claro cómo regular el cannabis medicinal: si como un fármaco o como un complemento nutricional. La diferencia no es menor, ya que si a la milenaria planta del cannabis y sus derivados la regulan como un fármaco, el proceso de aprobación es largo y costoso. Mientras tanto, pacientes, médicos, cultivadores y elaboradores artesanales de aceites se mueven bajo un incierto marco legal.
Por otro lado, están los emprendedores, dispuestos a arriesgar e innovar en este demandante mercado mundial. Así, los miembros de la Cámara de Empresas de Cannabis Medicinal, están alertando a las autoridades que podemos “perder el tren” de las oportunidades que genera esta industria.
Países como Alemania, Canadá, Israel, Australia, Colombia y tantos otros, están regulando esta actividad con normas más flexibles y efectivas. Y como en todo negocio, quien llega primero, gana.
Uruguay llamó la atención del mundo entero por ser el primer país en regular el consumo de cannabis recreativo, pero cinco años después, no estamos liderando la industria del cultivo orgánico, las extracciones bajo buenas prácticas, ni la elaboración de aceites, cremas, tinturas, alimentos, complementos nutricionales y otros cientos de derivados. Y este tren no pasará dos veces.
Es muy interesante ver cómo viene cambiando el perfil de los consumidores de cannabis en Estados Unidos, donde se va cambiando el consumo de “flores” para fumar al uso más intenso de aceites, cremas y comestibles. Según informe de Visual Capitalist, los consumos variarán de la siguiente manera entre 2017 y 2022: Flores: de 4,2 billones de dólares a 10,5B; Concentrados (aceites, tinturas): de 1,9B a 10,5B; Edibles (comestibles y bebibles): de 1,0B a 4,1B; Otros (cremas, cosmética), de 1,3B a 4,1B. En resumen: un negocio que pasará de 8.400 millones a 29.200 millones, 347% en tan solo cinco años.
También los mercados se ponen cada vez más exigentes y sofisticados. Por ejemplo, en California ya casi todo el mundo planta orgánico. Si es para uso medicinal, el orgánico es 100%. Además, la extracción de las resinas de las flores se hace cada vez más sin usar solventes (solventless) o con solventes orgánicos, como alcohol de maíz, para lograr consumo más sano y efectivo (tanto para el medicinal como el recreativo).
Hasta ahora, las casi 20 licencias aprobadas por el IRCCA lo fueron en su mayoría para proyectos de gran envergadura e inversiones millonarias y aun así, todo está muy demorado. Todavía no han logrado exportar ni flores, ni extractos y menos aún, productos finales elaborados.
Las empresas pymes, cultivadores o pequeños productores, iban quedando afuera del negocio. Pero ahora hay un Proyecto de Ley Integral para el fomento y acceso al cannabis medicinal y terapéutico en Uruguay, presentado por el Frente Amplio, que está a estudio en Diputados.
Entre otras cosas, este proyecto propone habilitar a las asociaciones de pacientes a que puedan producir sus propios productos, siguiendo las buenas prácticas de cultivo y de manufactura, pero con costos hasta diez veces más baratos que los productos hoy importados.
Por tales motivos, lo del título: tanto los ciudadanos que padecen estas dolencias como los emprendedores que pueden ofrecer soluciones están en una tensa espera sobre la nueva reglamentación. Esta permitirá hacer negocios genuinos, con productos bien elaborados y a la luz del día, bajo el amparo de normas claras, modernas y sensatas. Una oportunidad que Uruguay no se puede perder.