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El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPertenece a la llamada generación del 900, que comparte con plumas de la estatura de Horacio Quiroga, José Enrique Rodó, Florencio Sanchez, Emilio Frugoni, Paco Espínola, entre otros. En sus obras —especialmente en El terruño— habla con la tierra, posibilidad que solo tienen las almas gigantes —como era la suya—. Y en todas trae a colación lo que él llama ejercicios espirituales. Todos escritos —como él lo señala— “arrancando cada palabra de las canteras del alma”. En uno de ellos confiesa: “Es necesario que me someta a una cura moral severa. Mis enfermedades vienen en gran parte del espíritu, de la inquietud y descontento de mí. Debo vivir en armonía con mi conciencia y someter mi vida a los dictados de la moral. No dispersarme en multitud de esfuerzos. Concentrar mi voluntad y mi inteligencia en un solo punto. Mirar solo el lado bueno de las cosas y permanecer indiferente delante de los sucesos desagradables. Cultivar el silencio. No hablar. Obrar”. Van estas líneas en la esperanza de llegar a alguien y hacerle ver un rumbo cierto en el arte de vivir. Cumplió cuando dijo: “Me voy con la convicción de que he abierto algunos surcos y derramado en ellos buenas cimientes”.
Atilio Arrillaga Simpson