Nº 2262 - 1 al 7 de Febrero de 2024
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn Uruguay la rueda de la competencia política no se detiene nunca. No lo iba a hacer, obviamente, en enero del año de las elecciones nacionales más inciertas en mucho tiempo. Hubo novedades interesantes en todos los partidos, desde los primeros pasos de la campaña de Álvaro Delgado (que se consolida como favorito en el Partido Nacional) a la polémica sobre políticas de Estado desatada por Mario Bergara en filas frenteamplistas (intentando escapar a la polarización entre los dos intendentes), pasando por las recorridas por barrios y medios de comunicación de los numerosos candidatos colorados. Pero si tengo que elegir cuál candidatura se consolidó más durante el primer mes del 2024 elijo sin dudar la de Carolina Cosse. No dispongo de mediciones de opinión pública. Pero, si mi interpretación es correcta, se está verificando un significativo cambio de clima en relación a sus posibilidades de ganar la primaria frenteamplista. Durante mucho tiempo su victoria era admitida apenas como posibilidad teórica. Está empezando a ser mucho más que eso. Me explico.
Ni siquiera el presidente Luis Lacalle Pou circulando en moto por Punta del Este logró tanto protagonismo como ella. Cosse y la ciclovía de 18 de Julio. Cosse y los gigantescos recitales por los “300 años de Montevideo”. Cosse, todo el tiempo, de principio a fin. Enero, fue el mes de Cosse. La discusión política giró fundamentalmente en torno a sus iniciativas. Es que las iniciativas de Cosse, generalmente ambiciosas, levantan polvareda. A favor o en contra de la ciclovía. Imposible eludir el debate. A favor o en contra del año 1724 como el inicio del “proceso fundacional” de Montevideo. Imposible quedar al margen. Las polémicas no la intimidan. Al contrario, la fortalecen. La dinámica siempre es la misma. Ella decide y hace. Acto seguido, desde los partidos de la coalición de gobierno llueven las críticas. Automáticamente, principio de acción y reacción, los frenteamplistas la defienden. Ella suma capital político, y acelera un poco más hacia su nunca menos polémica nueva decisión.
De este modo, Cosse se presenta ante la opinión pública con cualidades personales y preferencias sustantivas muy apropiadas para quien aspira a ser nominada como candidata presidencial frenteamplista. En primer lugar, trasmite ejecutividad. Hace. Tiene perfil de líder. Muestra firmeza y coraje (no retrocede cuando la enfrentan). En segundo lugar, no disimula su distancia ideológica y hasta afectiva con los partidos que integran la coalición de gobierno (Cosse hace lo que muchos frenteamplistas esperan: confronta con el gobierno). En tercer lugar, ella sintoniza naturalmente con los valores y creencias más características de la izquierda clásica (como el énfasis en el combate a la pobreza y la exclusión que inspira, por ejemplo, el plan ABC de la IM). Tampoco disimula su empatía con algunas de las causas que más conmueven a la izquierda del siglo XXI, como el feminismo, la “revolución de los derechos” o los desafíos del medio ambiente. En cuarto lugar, tiende puentes hacia el mundo de la cultura (¡600 artistas en los eventos de los “300 años”!), del carnaval (remodeló el Teatro de Verano) y de las organizaciones sociales “amigas” (como el PIT-CNT).
En verdad, nada nuevo bajo el sol. Cosse sigue al pie de la letra el manual elaborado, hace más de treinta años, por Tabaré Vázquez que le permitió convertirse en el líder del Frente Amplio (FA), desplazando a Líber Seregni y a Danilo Astori. Esto ocurrió entre 1995 y 2004. Más tarde, entre 2006 y 2009, el manual de Vázquez le permitió a José Mujica derrotar nada menos que a Danilo Astori, el ministro más influyente de la época y favorito del primer mandatario. Cosse parece saberlo de memoria. Por eso, creo que es hora de dejar de pensar que la primaria del FA está cerrada y que Yamandú Orsi es el favorito. Es cierto: en todos los sondeos conocidos hasta ahora Orsi supera claramente a Cosse. Pero las encuestas (aclaro, por las dudas, que sigo creyendo en el excelente trabajo de mis colegas) generan una ilusión óptica. Miden la preferencia por candidatos entre los que manifiestan estar dispuestos a votar a cada partido en la elección nacional, es decir, en un universo distinto al de los electores que participarán en las primarias. En octubre el voto es obligatorio. En junio votarán solo los que realmente se sienten identificados con alguno de los partidos, es decir, cerca del 50% del padrón electoral. El gran desafío de los candidatos en ese momento es sintonizar con la tradición de su propio partido, y no con el electorado de la elección de octubre o de noviembre. Cosse lo busca sistemáticamente. En el caso de Orsi es mucho menos evidente. Parece confiar tanto en su victoria en la primaria que se dirige más a los electores de un eventual balotaje que a los frenteamplistas que dirimirán la primaria. Con esa piedra tropezó Jorge Larrañaga entre 2008 y 2009…
El manual de Vázquez, como es sabido, es más complejo y completo. No solamente indica cómo ganar una primaria. También contiene la receta para triunfar en un balotaje. En la primaria, los precandidatos frenteamplistas deben doblar hacia la izquierda. En la elección nacional, en cambio, deben virar hacia el centro. Para Vázquez y Mujica no fue muy difícil. Buscaron los electores de centro recurriendo a Danilo Astori. Los dos contaron con circunstancias especialmente favorables. La crisis de 2002 facilitó el triunfo de Vázquez en 2004. Los buenos resultados obtenidos por Uruguay y sus gobernantes entre 2005 y 2014 facilitaron la victoria de Mujica en 2009 y la reelección de Vázquez en 2014. Cosse está demostrando saber cómo ganar la primaria. No hay forma de anticipar si lo logrará o no. ¿Tendrá presente la segunda parte del manual? ¿Cómo haría, llegado el caso, para conquistar la confianza de los electores centristas? Me parece obvio que no puede resultarle sencillo. Sin embargo, no tiene por qué ser imposible. Si voy por la pista correcta, si conoce de memoria el manual de Vázquez, si es factible que, a la postre, se imponga sobre Orsi, ya debe estar pensando en cómo dar el siguiente paso. La composición de la fórmula presidencial, como siempre, será relevante. ¿Será suficiente? No lo creo. Por ejemplo, tendrá que encontrar nuevas respuestas a preguntas importantes como la de si Cuba y Venezuela son, o no, regímenes autoritarios. Con esa piedra ya tropezó en 2019.