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    Cartas al Director (I)

    Historia reciente

    Sr. Director:

    La historia reciente según Sanguinetti. Sesgada para el otro lado. ¿Será imposible que los actores políticos principales puedan asumir un relato histórico que no tergiverse los hechos ocurridos en nuestra historia reciente?

    En forma bastante frecuente se ha acusado a sectores del Frente Amplio de alterar la información sobre los hechos y las interpretaciones de la historia reciente en su favor. En particular, se ha buscado invertir el orden de los factores entre el surgimiento histórico de la guerrilla y la caída de la democracia.

    Reiterada y sorprendentemente se ha sostenido que el movimiento guerrillero en nuestro país nació como una respuesta al autoritarismo, olvidando u ocultando que el MLN comenzó sus acciones armadas en 1962 cuando en nuestro país reinaba la democracia y, por ejemplo, una figura como Wilson Ferreira Aldunate era ministro de Ganadería. A tal punto se ha expandido esta versión errónea de nuestra historia reciente que hace un tiempo el mismo secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, calificó a nuestro presidente José Mujica como un gran luchador por la democracia contra la dictadura en nuestro país, obviando que cuando comenzó la dictadura Mujica hacía tiempo que estaba preso.

    Ahora bien, cuando uno toma contacto con el libro del Dr. Julio M. Sanguinetti sobre el proceso político de la restauración democrática transcurrido entre 1980 y 1990, titulado “La Reconquista”, se encuentra con una versión también sesgada y distorsionada de la etapa de salida de la dictadura y recuperación democrática, nada más que en sentido inverso al señalado en los casos anteriores.

    Resulta paradójico que uno de los que más han cuestionado el sesgo histórico en la interpretación que una parte de la izquierda ha construido sobre nuestro pasado reciente, incurra en idéntico desliz al presentar su relato sobre el proceso de retorno a la democracia.

    Como quien esto escribe pertenece a una generación que ingresó a la vida política justamente en el período al que refiere el libro de Sanguinetti y vivimos buena parte de los hechos que se relatan en el libro, nos sentimos en condiciones de señalar que la “versión Sanguinetti” de la salida de la dictadura es, por lo menos, desequilibrada y muy selectiva en sus énfasis y olvidos.

    En términos generales, la lectura del libro del Dr. Sanguinetti deja la sensación de que salimos de la dictadura “conversando” con las Fuerzas Armadas. El Dr. Sanguinetti sobreestima la importancia del componente del diálogo y la negociación y minimiza la importancia de la movilización política, las manifestaciones y la expresión de la gente en la calle.

    La interpretación de la salida de la dictadura del Dr. Sanguinetti está fundada en una concepción elitista, subrayando y sobrevalorando el peso de las decisiones directrices en los pequeños ámbitos y subestimando la importancia de la movilización popular y la presión del pueblo en la calle.

    Quizás esta perspectiva sea el reflejo inevitable de un partido que tuvo menor participación en la lucha popular y que confió más en una salida en función de acuerdos de cúpula. El problema es que el autor pretende extender la situación de su partido al conjunto del proceso democratizador.

    El que lee el libro de Sanguinetti se lleva la impresión de que el retorno a la democracia se ganó en las conversaciones en los escritorios de los dirigentes políticos y los militares. Los que vivimos aquellos tiempos sabemos que esas conversaciones tuvieron éxito y alcanzaron un resultado positivo debido al apoyo y la movilización permanente de la gente en la calle, reclamando y luchando pacíficamente.

    El problema es que en esa tarea de lucha el aporte partidario no fue igual por parte de todos los partidos, no hay duda que wilsonistas y frentistas fueron las columnas vertebrales de las movilizaciones sociales que hicieron posible el éxito del diálogo entre partidos y militares.

    El libro, además, parece sostener la tesis de la inexorabilidad de la salida democrática ocurrida. Todo el relato se sostiene sobre la base de que no existía otra alternativa posible, que el camino recorrido era el único disponible. No hay duda que eso es lo que piensa el autor, pero tampoco hay duda de que en aquellos momentos existían fuertes incertidumbres que permitían valorar y manejar diferentes alternativas disponibles. El autor no deja ningún espacio para esa posibilidad.

    Pero vayamos por partes.

    El registro de las acciones de promoción del “No” en el plebiscito del ‘80 ignora la participación de los partidos de izquierda, sólo registra los esfuerzos de los partidos tradicionales que por cierto existieron y fueron muy relevantes; pero no hace una sola referencia a la tarea desarrollada también por los partidos de izquierda que estaban organizados en el país y que trabajaron clandestinamente en la promoción del “No”.

    La distribución de volantes a cargo de los partidos Socialista y Comunista y los famosos “pegotines” elaborados por la Democracia Cristiana que pegamos por miles en las puertas de los ómnibus, en árboles y columnas de las calles y tantas otras acciones fueron parte, también, de la lucha por la recuperación democrática que resultó absolutamente olvidada en la “versión Sanguinetti” de aquellos hechos.

    Avanzando en el proceso de recuperación democrática, cuando el autor registra la campaña de las elecciones internas de 1982, poco y nada registra sobre la campaña por el “voto en blanco”. Sólo un breve y lacónico párrafo en la página 94 dice: “El Frente Amplio, por su parte, recibió la instrucción del Gral. Seregni de votar en blanco. A través de una carta ampliamente difundida entre sus partidarios, brindó razones para seguir afirmando la identidad frentista, pese a la prohibición”.

    En tal sentido, nada dice sobre el nacimiento y la existencia de la revista semanal “Opción” que salió a luz en octubre de 1981 y fue clausurada por la dictadura un año después por promover el “voto en blanco” en las elecciones internas de noviembre de 1982. Tampoco dice nada el cronista de que se formó una “Comisión de Ciudadanos por el Voto en Blanco” apadrinada por el Gral. Seregni y que terminó presa por decisión de la dictadura.

    Justamente, es muy sorprendente el supuesto “olvido” del Dr. Sanguinetti al reseñar la importantísima labor de la prensa opositora. En las páginas 376 a 378 hace un minucioso racconto del surgimiento de los semanarios opositores comenzando por “Opinar”, siguiendo luego por “Correo de los Viernes”, “La Democracia” y “Jaque”. Curiosamente no menciona la revista semanal “Opción” que nació en octubre de 1981, ni el posterior semanario “Aquí” que comienza su historia en abril de 1983, ambos promovidos por la Democracia Cristiana y de orientación de izquierda. Cualquier análisis serio y objetivo debió haberlos incluidos tanto por su aporte a la lucha por la democracia como por su tiraje que era realmente impactante.

    Podíamos suponer que el autor se olvidó de mencionarlos, pero cuatro páginas más adelante al mencionar a Búsqueda con el justo destaque que merecía, hace una referencia a sus principales columnistas y al mencionar a Tomás Linn refiere a su participación en los semanarios democristianos ignorados páginas atrás.

    Mención especial merece el registro de los hechos sobre la transición con respecto a la participación del Partido Nacional. En toda su interpretación existe una clara intención por levantar la imagen del Prof. Juan Pivel Devoto adjudicándole un rol de liderazgo que nunca ejerció, pero a través de ese mecanismo busca bajar el perfil y la significación de Wilson Ferreira.

    En el episodio del diálogo en Santa Cruz de la Sierra contrapone expresamente la actitud de Wilson con la postura de Pivel. Olvida el Dr. Sanguinetti que el Prof. Pivel Devoto era un excepcional académico pero no representaba ni conducía a ningún sector en el Partido Nacional, ni pretendía ser una figura política relevante; mientras que Wilson era el jefe y la referencia de la enorme mayoría del Partido Nacional.

    El registro de las movilizaciones populares, instrumento clave en cualquier interpretación objetiva de los hechos para promover el retorno a la democracia, aparece evidentemente subestimado y muy poco desarrollado.

    Insólitamente, a pesar de ello, de las pocas veces que hace alusión a movilizaciones populares se dedica a subrayar, en la página 127, un hecho muy poco conocido ocurrido a partir de la reunión de la Convención colorada del 16 de julio de 1983, mientras que ignora los numerosos y permanentes actos de movilización de los demás partidos.

    No reporta el proceso de escalada de movilizaciones, sustancial para cambiar la correlación de fuerzas entre la oposición y la dictadura ocurrido entre agosto y noviembre de 1983. Ante el fracaso del diálogo del Parque Hotel se abre el período más rico de avance de las fuerzas democráticas sobre la base de un proceso de acumulación creciente de fuerzas en la calle que comienza con el “caceroleo” del 25 de agosto y culmina con el histórico acto del Obelisco, el 27 de noviembre.

    El Dr. Sanguinetti solo hace algunas referencias puntuales a cada uno de los diferentes hechos que, en realidad, compusieron un camino estratégico de las fuerzas democráticas que resultó decisivo para la salida final. De hecho, la escalada de movilizaciones fue coordinada en forma permanente en un ámbito multipartidario del que participaba el propio Sanguinetti, así como representantes del Partido Nacional y del Frente Amplio.

    No menciona la marcha del sábado 6 de agosto en la noche por 18 de Julio que fue la primera respuesta juvenil y espontánea ante el intento del régimen de revertir los espacios de apertura ganados. Miles de jóvenes manifestamos respondiendo a una convocatoria promovida desde las juventudes del Partido Nacional y del Frente Amplio.

    Las referencias a las movilizaciones previas al Acto del Obelisco apenas son mencionadas lateralmente en una crónica que no recoge el proceso acumulativo de estas acciones. No se reconoce que luego del caceroleo del 25 de agosto y el 25 de setiembre se realizó una tercera movilización en octubre con concentraciones en doce puntos diferentes de Montevideo y en las capitales del interior del país.

    De igual modo, en su crónica del regreso de Wilson Ferreira al Uruguay es muy detallado sobre lo que ocurría en el barco, pero no registra la impresionante movilización popular en las calles de Montevideo, donde coincidieron las multitudes ciudadanas con banderas de todos los partidos. Particularmente del Partido Nacional y del Frente Amplio (p.192 a 194).

    Sorprende también el registro sesgado de la recuperación cultural del país en donde luego de una minuciosa referencia a cada area de la producción cultural, apenas registra un breve y lacónico párrafo sobre la música señalando muy brevemente al canto popular.

    Es muy evidente la benevolencia con la que trata la conducta de Jorge Pacheco (embajador de la dictadura y promotor del voto por el “Sí” en 1980) y de Oscar Rachetti que fue intendente de Montevideo durante toda la dictadura y del que dice: “En las elecciones de 1971 fue reelecto como candidato pachequista y allí siguió luego del golpe de Estado, con el tácito apoyo de la dirigencia colorada. Su gestión tuvo el sello de fuerte ordenamiento administrativo y dejó un importante superávit presupuestal” (p. 139). Nos queda la duda sobre el alcance de la referencia del autor a un eventual apoyo tácito de la dirigencia colorada a la continuidad de Rachetti como intendente durante la dictadura.

    En todo caso, deja claro que de acuerdo a la opinión del Dr. Sanguinetti, la actitud de su partido con respecto a aquellos dirigentes de su partido que integraron y apoyaron la dictadura fue, cuando menos, tibia y condescendiente.

    La misma actitud expresa con respecto a muchos de los militares que menciona en su libro y que ocupaban cargos en el gobierno dictatorial; en casi todos los casos acompaña el registro de sus conductas con el uso de adjetivos elogiosos sobre sus respectivas personalidades, con la excepción rotunda de Gregorio Álvarez.

    Párrafo aparte merece, finalmente, la crónica que el autor realiza sobre el famoso encuentro entre éste y Wilson Ferreira el 23 de agosto de 1983 en Santa Cruz de la Sierra, en la medida que el autor asigna un valor crucial en la posterior evolución y desenlace de la recuperación democrática al contenido de ese encuentro.

    Lo que más llama la atención es que el autor cuenta que le transmitió a Wilson Ferreira la posición de Líber Seregni sobre las características que debía tener la salida democrática. El autor escribe textualmente al respecto: “Sanguinetti le informó de la visión que tanto el Partido Colorado como el Gral. Seregni tenían de una salida honorable para la situación dictatorial y de su opinión contraria a la estrategia de Wilson… La versión colorado-frentista (en rigor colorado-seregnista) era que, aun agotada en su proyecto político, la dictadura preservaba… Es más, Seregni afirmaba que su proscripción personal como candidato no debía ser obstáculo para encontrar una salida nacional digna y que el alejamiento del Partido Nacional no le obligaba a renunciar al recurso del diálogo, único a la vista” (p.133 a 135).

    Más allá del acierto o no de la referencia de Sanguinetti sobre la postura política del Gral. Seregni, ¿cómo sabía Sanguinetti la opinión de Seregni para transmitirla con tal convicción en la referida reunión? El Gral. Seregni estaba preso en Cárcel Central y era difícil acceder a un encuentro directo con él.

    Sería bueno conocer cómo hizo el Dr. Sanguinetti para conocer con certeza la opinión de Seregni sobre asuntos de tal relieve y por qué asumió representación directa de quien estaba privado de libertad en aquellos momentos.

    El autor presenta un relato lineal sobre el proceso de salida democrática mediante la estrategia de “poner de su lado”, ratificando su línea de acción y pensamiento, al Gral. Seregni y al Prof. Pivel Devoto.

    En el primer caso, existió una coincidencia de intereses coyunturales que permitió la participación común en el proceso de negociación con los militares en 1984, aunque no es obvio que esto estuviera definido con claridad en oportunidad del famoso encuentro de Santa Cruz de la Sierra, que tuvo lugar un año antes y con Seregni preso.

    En el segundo caso, resulta evidente que el relato hace aparecer al Prof. Pivel Devoto como una figura de mucho más peso político del que efectivamente tuvo o quiso tener. Sin embargo, esta opción le es útil al autor para mostrar un posible apoyo dentro del tradicional adversario, por cuanto las posturas de Pivel parecen haber ido evolucionando en un sentido cada vez más favorable a las apuestas que el propio autor hacía en aquellos tiempos.

    En definitiva, un libro que más allá de la manifestación de intención de su autor expresada en el capítulo introductorio, cuando afirma que “nuestro relato intenta, como el de ‘La agonía de una democracia’, preservar su mayor imparcialidad, distinguiendo siempre información de opinión, para deslindar claramente esos dos términos de la tensión dialéctica que acosa permanentemente al periodista y al historiador”, no logra separarse de un sesgo político muy evidente que tiñe todo el relato y muestra un proceso de reconquista de la democracia en el que el equilibrio del relato se inclina nítidamente hacia un lado.

    Quizás el problema esté en que el autor cree que la objetividad se garantiza al separar la información de la interpretación, pero olvida que, obviamente, la operación de seleccionar qué información brindar y qué destaque y prioridad se le asigna es, simultáneamente, una forma de interpretar los hechos y construir el sentido último del relato.

    Eso es lo que ha ocurrido en este caso, mostrándonos un recorte de los hechos ocurridos que encierra una interpretación sesgada, algo así como una historia presentada para mejor gloria suya y de su partido.

    Pablo Mieres

    Presidente

    Partido Independiente

    De la ex ministra de Desarrollo Social, Ana M. Vignoli

    Sr. Director:

    Algunas consideraciones frente a nota del ministro Olesker. No es la primera vez que el ministro de Desarrollo Social sale a la prensa a hablar de su gestión y comienza hablando de los “grandes problemas” que encontró en el Ministerio en julio de 2011, cuando nos sustituyó en el cargo. Hasta ahora nos llamamos a silencio, porque entendemos que las dificultades que podamos visualizar en la gestión desarrollada por integrantes de nuestra fuerza política deben discutirse en los mejores términos y con la mayor profundidad; estas condiciones no se dan precisamente si lo hacemos a través de los medios de prensa. En este período de gobierno varios ministros y asesores han sido sustituidos por otros. En ninguno de estos casos hemos asistido a esta notoria necesidad de desprestigiar la gestión anterior.

    Para nada esta nota pretende responder a todo lo planteado por el ministro y menos aún justificar los errores que podamos haber cometido en nuestro período en el Mides. Sino que, frente a las reiteradas alusiones del ministro, refiriéndose a los “grandes problemas” encontrados al asumir en el Ministerio, queremos realizar algunas consideraciones. Por supuesto, tenemos opinión frente a los cinco puntos remarcados en el artículo que aparece en Búsqueda el 18/04/2013, pero creemos que no debe ser a través de la prensa que los discutamos.

    El ministro no ignora cómo se dio el proceso de construcción del Ministerio de Desarrollo Social, que el Plan de Emergencia se concretó en los tres primeros años de gobierno del Frente Amplio en el período 2005-2010. Este proceso de construcción se desarrolló paralelo a la implementación de ese Plan de Emergencia, que enfrentó las graves secuelas sociales de la crisis económica sufrida por el país en el año 2002. Por lo tanto en ese primer período la gestión se dio sobre estructuras mínimas. Eso sí: con niveles de participación en la gestión nunca antes alcanzados, cientos de uruguayos se sumaron solidariamente a la tarea de llegar hasta el último rincón del país ubicando uruguayos excluidos del sistema.

    Debe ser destacado y no obviado, sino todo lo contrario, que este mismo equipo que llevó adelante el Plan de Emergencia, luego de salir del primer período comenzó un proceso de construcción, estructuración y ordenamiento administrativo de un Ministerio en construcción. En sus inicios, frente a las urgencias que debió afrontar para proveerse del personal imprescindible, lo hizo a través de contratos realizados por medio de ONG y/o de pases en comisión de otros organismos públicos. Los procesos de concursos llevan un tiempo que no se compadece con las urgencias existentes en ese momento. Nada de esto es desconocido por las actuales autoridades, pues también el actual ministro debió recurrir en este período a la figura del pase en comisión para proveer múltiples lugares que él entendió imprescindibles.

    Ya refiriéndonos a nuestro período, el actual Consejo de Ministros definió como prioridad la Reforma del Estado. Se priorizaron cuatro ministerios antes que el Mides para comenzar los procesos de reestructura; nosotros, por lo tanto, estuvimos impedidos de realizar concursos ni cambios de fondo hasta tanto no comenzara la reestructura en nuestro Ministerio. Este proceso comenzaría su instalación en el Mides en el 2011, después de mi sustitución.

    Los “cinco grandes problemas” descubiertos por Olesker al ingresar al Ministerio estaban ya descubiertos y asumidos, como dijimos, por las primeras autoridades del Ministerio que comenzaron a tomar medidas para resolverlos en el corto período que les quedó luego del Plan de Emergencia, y por nosotros desde el comienzo de nuestra gestión.

    Con respecto a nuestra gestión de año y medio al frente del Ministerio, marzo 2010-julio 2011, comenzamos a trabajar en la definición de perfiles y exigencias curriculares a efectos de proveer de personal fundamentalmente a las oficinas territoriales; esto, como forma de adelantar trabajo antes de la llegada del equipo que junto a nosotros implementaría la reestructura.

    La profundización del proceso de descentralización fue uno de los ejes de nuestro período, junto al diseño de instancias interministeriales, territoriales que implementarían los programas con equipos técnicos interinstitucionales, interdisciplinarios, con planes de trabajo elaborados colectivamente con objetivos comunes.

    No queremos traicionar nuestro compromiso partidario y frenteamplista de no utilizar la prensa para la discusión que obligatoriamente debemos darnos en el marco de nuestra orgánica. Este debate es programático y está vinculado al rol que entendemos debe cumplir el Estado en el área de las políticas sociales, la estructura que diseñemos acorde a los objetivos a cumplir, medios y/o instrumentos para proveer de funcionarios a las instituciones del Estado, así como cantidad, perfiles, niveles salariales.

    Los avances en democracia se lograrán si nos damos las formas de discutir en un marco de respeto y seriedad en torno a las diferencias que podamos tener. La forma de gestionar es reflejo de nuestra ideología, de nuestras concepciones; así también, la forma de comunicar. Esta discusión aportará a la acumulación de conocimiento y abonará a la idea de que la profundización de los cambios no implica empezar de nuevo, sino que la habilitación de la acumulación de conocimientos es imprescindible para cualquier fuerza política. La evaluación de lo realizado en cada período, los caminos que utilizamos para llegar a los objetivos, así como la visualización de lo que debemos seguir profundizando, o modificar, son imprescindibles para la acumulación en este caso programática.

    El gobierno de Tabaré Vázquez instaló el método de elaboración de documentos de transición en cada Ministerio, que realizados con el nivel de los anteriores son imprescindibles para la profundización del programa del Frente Amplio.

    Agradecemos la deferencia de Búsqueda al publicar estas consideraciones.

    Ana M. Vignoli

    CI 1.033.482-7

    Ex Ministra de Desarrollo Social

    Asistente Social

    Maestros trabajando

    Sr. Director:

    El último ejemplar de Búsqueda publica una carta de una lectora “indignada” por el uso, aparentemente irresponsable, de la locomoción oficial. Concretamente se hace referencia a un exceso de velocidad, rebasar por la derecha y no uso de los señaleros de un auto afectado a la Presidencia del Consejo de Educación Inicial y Primaria. También se intuye que la Policía Caminera podría hacer la vista gorda a las infracciones (¿?). Estas denuncias se caracterizan por la falta de pruebas del denunciante y la impotencia del denunciado para evitar el agravio y la denostación por las acusaciones.

    En consecuencia, solo puedo demostrar que el chofer de referencia tiene una foja de servicios excelente, y que obviamente no existe connivencia alguna ni tolerancia especial del Ministerio del Interior con la ANEP, ni la más mínima excepcionalidad de la Policía Caminera para con los vehículos de Primaria.

    Lo no explícito de la carta es la duda sobre qué hacía el auto oficial “Chevrolet Cruze Sedán gris de matrícula SOF 5321” en una “mañana de sábado (6 de abril) en el entorno de las 11 horas, y circulando por la Ruta Interbalnearia hacia el este” —donde “además del chofer iba una mujer rubia de lentes negros… y en el asiento del acompañante el consejero maestro Héctor Florit…”. La intencionalidad de difundir estos detalles (irrelevantes en la denuncia de una infracción de tránsito), me mueve a informar qué hacíamos los ocupantes del auto SOF 5321 en las circunstancias descriptas.

    El chofer, la maestra Amparo Goñi (integrante de la Secretaría Técnica de la Dirección General del CEIP) y el Presidente de Primara salimos a las 9.30 de Montevideo (luego de haber instalado una Jornada con 200 Maestros Comunitarios llegados de todo el país en el local del IPES), a las 12 arribamos a la Escuela 1 de Maldonado donde 95 maestros de ese departamento asistían a un encuentro de todo el día de Formación en Servicio en Ciencias Naturales. Sobre las 13 horas, proseguimos a Rocha donde nos recibieron 90 maestros que cumplían la primera jornada del Curso de Lenguaje, luego de dialogar sobre sus expectativas, iniciamos el retorno. Sobre las 18.30 horas pasamos por el local de la Escuela 230 de Paso Carrasco —institución que requiere ser realojada— y pasadas las 19 hs. se guardó el vehículo, tras recorrer 440 km (al inicio del cuentaquilómetros marcaba 5014 y al finalizar 5454).

    La tarea cumplida —tanto por Goñi como por quien firma— no tuvo ningún tipo de retribución ni de viático, ni es excepcional en el Consejo de Primaria. La semana anterior visité Durazno y Paysandú, el sábado 13 participé en los cursos para Directores Coordinadores de Educación Física, y luego en los de Didáctica en Montevideo (en las Escuelas 13 y 31). El sábado 20 de abril fueron cientos de maestros de 6to. y directores de Montevideo, Soriano, Canelones, Flores que recibieron el saludo y el reconocimiento de la Presidencia del CEIP por su dedicación y profesionalidad al comenzar un curso anual de perfeccionamiento para mejorar los aprendizajes de los alumnos. Las consejeras Frondoy y Buzzetti cumplen idénticas tareas compartiendo las jornadas de formación que se realizan los sábados y en las que participan 4.500 maestros de los 19 departamentos en 46 grupos, sin recibir remuneración alguna. También en días no lectivos se cumplen los talleres de capacitación para la enseñanza en Escuelas de Tiempo Completo, en Tiempo Extendido, para profesores de Educación Física, Conocimiento Artístico, Segundas Lenguas, etc, etc.

    Miles de maestros, directores, inspectores y formadores destinan un gran número de los días sábado y de las vacaciones a una tarea que, aunque resulte sorprendente, hace a una cultura institucional forjada en la vocación y el compromiso del Magisterio. Esta cultura se alienta y acompaña con la presencia de los consejeros, más allá de las sospechas que despierte tanta movilidad sabatina.

    Atte.

    Héctor Florit

    Presidente del Consejo de Educación

    Inicial y Primaria (CEIP)