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El Papa y Mujica
Sr. Director:
El Papa Francisco y el presidente Mujica: el siglo XXI descubre que las venas abiertas de América Latina son internas. La reunión entre el Papa y el presidente marca un hito en la formación de la conciencia político-social latinoamericana.
De creencias diferentes tienen en común la austeridad y su compromiso con los pobres y los excluidos. La reunión tuvo repercusión internacional que destaca a Mujica como líder de múltiples facetas que van más allá de las fronteras de Uruguay.
La reunión hay que leerla a través de su simbología.
Uno de los símbolos fue el intercambio de libros. Mujica le regaló un libro de Methol Ferré, católico y común amigo, y el Papa le regaló las Conclusiones de la Reunión de Aparecida, en la que el ex cardenal Bergoglio tuvo destacada participación.
Al priorizar la paz en Colombia, simbólicamente, Mujica afirma la obsolescencia e inutilidad de la lucha armada. Esto lo lleva a elogiar al presidente de Colombia.
Sostiene que “los latinoamericanos tenemos dos grandes instituciones comunes: la lengua y la Iglesia Católica. Ellas son las columnas vertebrales comunes que tenemos en nuestra historia y no reconocer el papel político de la Iglesia Católica es un error garrafal en América Latina. Y yo, por más ateo que sea, no voy a cometer ese error”.
Cuando el director de “El País” de Madrid le pregunta a Mujica sobre quién es el más destacado político de Latinoamérica, “Lula”, responde sin hesitar.
La respuesta excluyó a los desaforados liberticidas del ALBA, amenazados por la exitosa Alianza del Pacífico que también descalifica al desflecado Mercosur.
Las implicancias de esta reunión no se pueden sintetizar en una breve nota, pero en materia ideológica, Lula ya había destrozado la Teoría Marxista de la Dependencia. Y Bergoglio lo ratificó en Aparecida. Ninguno lo hizo desde una cátedra de economía, muy limitadas por su falta de inserción en un sistema social global, sino de la observación de la vergonzante realidad de la corrupción institucional y material de los políticos y las burocracias latinoamericanas. En esta nota, por razones de espacio, nos limitaremos a transcribir dichos de Lula y de Bergoglio.
En Aparecida, Francisco dijo: Los excluidos ya no son “explotados” sino “sobrantes”. “La injusta distribución de los bienes configura una situación de pecado social que clama al cielo”. “El 27% de la gente está en la pobreza, en la región más desigual del mundo. La que más creció y menos redujo la miseria, configura una situación de pecado social que excluye de una vida más plena, a muchos hermanos”. “La exclusión afecta en su misma raíz, la pertenencia a la sociedad. Ya no están en la periferia o sin poder, sino que están afuera. Los excluidos no son explotados son sobrantes ”. (Cardenal Bergoglio. “El Pecado Social”. 17/05/2007, “La Nación”. Aparecida, Brasil).
En el Foro Económico Mundial en Davos, Lula pide a los países pobres que paren de llorar la miseria y asuman la responsabilidad por las dificultades económicas. “He dicho a todos los dirigentes latinoamericanos que debemos parar nuestros viajes por el mundo llorando nuestra miseria buscando culpables de nuestras desgracias”. “Muchas veces la responsabilidad es nuestra”. Pidió conciencia a los países ricos en la adjudicación de recursos al Tercer Mundo. “Es preciso acabar con la manía de los países ricos de dar dinero a gobernantes que tuercen su destino”. (O’Globo, 26/01/2007).
Los más encumbrados del mundo ponen fin a la Teoría de la Dependencia con sus centros y periferias exógenos y colocan las venas abiertas en su justo lugar.
Es destacable que Francisco en Aparecida y Lula en Davos refutaran las teorías marxistas de la dependencia y que no hayan emergido estas ideas en los llamados think tanks y en tantos congresos sobre la reforma del Estado que desde décadas se vienen realizando.
Eleuterio Fernández Huidobro sustituyó las venas por las arterias, las venas y los capilares abiertos, aplicándolas a la burocracia estatal. Edgar Morin, en una de las XVII reuniones anuales del CLAD, calificó la burocracia de patología social la que conduce inexorablemente al Estado que José Mujica calificó de parasitósico en el libro “Charlas con Pepe Mujica” de Mario Mazzeo (página 86).
Término similar al usado por Gorbachev en la Perestroika y que motivó el derrumbe del castillo de arena soviético.
Egon Herbert Einöder
Sociólogo multidisciplinario
Umberto Della Mea
Sr. Director:
El pasado domingo recibí una triste e inesperada noticia. Luego de una prolongada enfermedad falleció Umberto Della Mea. Desde los distintos cargos que le tocó ocupar en el Banco Central del Uruguay (BCU) Umberto desempeñó, discretamente y por más de una década, un rol central en la conducción de la política económica del país. Sobre este punto seguramente otros colegas tengan más información y autoridad para el relato. Por eso, me gustaría brevemente referirme a su capacidad para inspirar a varias generaciones de economistas y en particular a la influencia que tuvo para mí.
Conocí a Umberto a comienzos de la década pasada, cuando tomé su curso de Economía Internacional en la Universidad de la República. Por aquel tiempo su programa era de los más modernos y avanzados de la carrera; uno de los pocos a los que uno vuelve recurrentemente en la práctica profesional a buscar respuestas. Recuerdo con nostalgia lo provocadoras que eran sus clases y la pasión con que él las dictaba. No exagero si digo que fue uno de los mejores, si no el mejor curso que tomé en la Universidad de la República y él uno de los mejores profesores que he tenido hasta la fecha. Como dato anecdótico, recuerdo que en nuestra última clase invitó a toda la generación a celebrar comiendo pizzas y chivitos en el bar Sporting. En esa oportunidad nos habló de lo importante que era continuar “estudiando afuera”, nos relató su experiencia y nos motivó a que mantuviéramos viva la vocación. Nada de eso era común por aquel entonces en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República: ni la cercanía, ni mucho menos la motivación para continuar los estudios fuera de Uruguay. Nuestra casa de estudios siempre tuvo una cultura un tanto endogámica.
Años después me tocó reencontrarme con él cuando ingresé a trabajar al BCU. Por aquel tiempo Umberto era una figura impresionante dentro del Banco. Todos le guardaban respeto y él ejercía un fuerte liderazgo; tal vez, incluso, demasiado marcado. No cabe duda que dicho liderazgo se sostenía en su solvencia técnica, su profunda intuición económica y el abordaje llano a los problemas complejos. Con el tiempo, pude ir conociendo a un Umberto simpático y afectivo, muy generoso al compartir sus conocimientos y reflexiones; aunque nunca tanto como uno hubiese querido. Con sus virtudes y defectos, estoy convencido de que su influencia nos enriqueció a todos quienes tuvimos la oportunidad de trabajar para él.
Como a otros, la pasión con que defendía sus ideas no siempre le fue funcional. De hecho, en alguna oportunidad le implicó enfrentamientos duros con las autoridades del BCU (que lo llevaron a alejarse por un tiempo de la institución) y seguramente le haya restado apoyo político a sus aspiraciones para ocupar un cargo en el Directorio. Esto último, a mi juicio, hubiese enriquecido significativamente la toma de decisiones en la institución. En el acierto o en el error, Umberto siempre actuó fiel a sus convicciones, demostrando un gran compromiso.
No me cabe ninguna duda de que Umberto marcó a varias generaciones de economistas y de técnicos del BCU. Nos marcó, como a otros lo hizo en su tiempo Daniel Vaz, cuya imagen aún hoy continúa vigente, incluso para quienes no tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente. Si bien nadie es imprescindible, Umberto será muy difícil de reemplazar y, para muchos, imposible de olvidar.
Diego Gianelli
CI 2.635.455-4
Santiago de Chile
Sueldos en la enseñanza
Sr. Director:
Tradicionalmente, la derecha siempre recriminó a los gremios porque resolvían paros o huelgas en asambleas poco numerosas.
Pero ahora cambiaron las cosas: son algunos dirigentes del PIT-CNT que cuestionan la validez de la huelga resuelta en una asamblea de ADES, que quizás no fue multitudinaria.
Un integrante del Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT dijo: “Hay una ruptura, un cambio de códigos con actitudes patoteriles”, y siguió: “algunos pensamos darle con un caño a la patota, ese método no puede instalarse en el movimiento sindical”.
El coordinador del PIT-CNT, señor Pereira, dijo: “Es incomprensible pensar solo en ‘quiero ganar más’; hay mucho más que eso en juego y cuando eso se pierde de vista pasamos a ser una organización más de las que se denominan corporativas”.
Buenos dirigentes sindicales.
El diputado Pedro Saravia dijo: “El rendimiento en educación es nulo, nefasto, espantoso”. Agotó los adjetivos. Y agregó: “El problema radica en que este no es un tema de cuánto gana cada uno, sino de cuánto se trabaja y de cuánto enseñan los maestros y profesores”.
El 21/2/13 leí en Búsqueda: “En tres años los senadores y diputados acumularon 10.318 días de licencia, de los cuales solo 81 fueron sin goce de sueldo”.
Por cada día de actividad, un suplente recibe alrededor de $ 5.500. El titular cobra $ 148.063 y su suplente puede cobrar más de $ 60.000 al cubrir varios días de licencia.
Maestros y profesores, que estudiaron y obtuvieron un título, por un mes de trabajo cobran $ 14.000.
Aunque no es mucho lo que ganan los policías, hay maestros que se hacen policías (“El País”, 27/2/13).
El gobierno dice que no hay plata para dar aumentos a maestros y profesores. Que lo importante “son los niños”. Pero cuando se llueven escuelas y liceos, allí los niños no cuentan.
Cuando empezó este gobierno, a los ministros que ganaban $ 83.000 les aumentaron el 65% y pasaron a ganar $ 127.500. Eso en el 2010; ahora no sé cuánto ganan.
El Poder Ejecutivo gastó U$S 6,6 millones en viajes durante el 2011 (“El País”, 30/9/12).
Una revista para difundir obras del gobierno costó U$S 80.741 en un año (Búsqueda, 14/3/2013).
El Codicen subió 70% sueldo de los 15 secretarios privados (“El País”, 27/1/12).
Cargos de particular confianza U$S 145 millones (“El País”, 17/2/2013).
Cuando se nombran embajadores itinerantes, hay plata.
Cuando el BROU, que tiene 20 abogados (conozco a varios que son altamente capacitados), contrata abogados externos, hay plata.
No vale la pena seguir.
Por eso es que hay que apoyar la recolección de firmas propuesta por ADES, de acuerdo al proyecto del profesor Pastrana: remuneraciones que por todo concepto perciban los ministros y legisladores nacionales no podrán exceder el monto correspondiente al salario que perciba un profesor de Enseñanza Secundaria grado 1 del Escalafón Docente.
Dr. José Pedro Gianero Pesce
La economía y el Estado
Sr. Director:
Intromisiones absurdas. La economía de mercado no existe; sí la mixta con mayor o menor intervención del Estado. La injerencia excesiva (subsidios, cepos cambiarios, restricciones a insumos importados necesarios para la industria y el comercio, controles de precios, etcétera) solo estimula la ineficiencia, la falta de competitividad, el comercio —esencia de todo progreso— y la escasez (ver Venezuela, donde falta hasta el papel sanitario). Los controles populistas nunca han funcionado ni funcionarán. La inflación no se controla con medidas administrativas y hasta amenazantes, sino con mayor cantidad de oferta y para eso es necesaria la inversión.
La emisión monetaria aumenta coyunturalmente el consumo pero aumenta también el déficit, el precio de la divisa y la inflación, el peor de los impuestos.
Basta ver los países que progresan: en ninguno de ellos hay un Estado que sea un “ogro filantrópico” al decir del maestro mexicano.
Nuestro país tiene gremios fascinados por el fantasma del pasado donde nada funcionó bien.
La pobreza no se arregla dándole dinero (un poquito) a la gente sino con educación, educación e inversión. Hay mucha gente que no acepta un trabajo para no perder la dádiva del gobierno.
Hemos creado una “clase” dependiente de los subsidios graciosos del Estado y no del trabajo.
Así no se distribuye la riqueza; se distribuye el ocio y la permanencia en la pobreza.
El esfuerzo, el mérito, no tienen relevancia para el populismo. Solo importa mantener la clientela.
José Ma. Monfort
Moral, cultura y civismo
Sr. Director:
En un mundo global y localmente deslumbrado, por el vértigo de lo que cambia, desde el modelo del celular a los extras del equipamiento de un auto, más mil etcéteras en todos los rubros de cualquier índole y naturaleza, no se repara en la permanencia de lo esencial.
Consecuente con convicciones personales pero afortunadamente no exclusivas, reproduzco un tramo de un discurso del Ing. José Serrato, presidente de Uruguay entre 1923 y 1927, pronunciado el 15 de junio de 1940 en el cine Astor del barrio de la Aguada, en su carácter de presidente de la Comisión pro Aliados, en el fragor de los años más terribles del siglo pasado.
Un grito dramático dirigido a confundidos o indiferentes, dos categorías perversas ayer, hoy y siempre:
“No es uruguayo quien repudie y desprecie a la democracia; no es uruguayo; no, no es uruguayo quien menoscabe y maldiga a la libertad; no, no es uruguayo quien encomie al despotismo, quien anhele los regímenes de fuerza, quien se ofrezca o se preste a entregar el país a la tiranía. La calidad de uruguayo no la discierne solamente el nacimiento. Ser uruguayo no es condición determinada exclusivamente por antecedentes y factores geográficos. Ser uruguayo quiere decir pertenecer a un orden histórico y moral basado en el derecho, a una atmósfera de vida en que la libertad es respirable, a un estilo de organización y convivencia en que la justicia constituye la disciplina de la sociedad, la igualdad entre los hombres, el fundamento categórico de la política y la razón de que emergen las normas y potestades jurídicas, la regla para distinguir el valor y el mérito, el honor y la virtud, sin pleitesía ni reconocimiento a las sinrazones de la violencia”.
El Ing. Serrato brindó hace casi 75 años una muestra de lucidez intemporal, inoxidable. Si su prédica hubiera sido medularmente atendida, si la jerarquía moral, cultural y cívica no se hubieran extraviado, la “kafkiana” dialéctica desencadenada en la conmemoración de los 40 años del quiebre institucional de 1973 no hubiera ocupado, penosamente, tiempo y espacio.
José María Reyes Delgado
CI 1.006.359-7
40 años del golpe de Estado
Sr. Director:
La Iglesia, por intermedio de su entonces Papa Juan Pablo II, pidió disculpas en el año 2004 por el escándalo de la Inquisición, es decir, los pecados de intolerancias cometidos por los tribunales eclesiásticos. Aclaró el Vaticano, en aquella fecha, que la Inquisición nació para defender la verdad de los herejes pero que muy pronto se alejó de sus buenos propósitos.
La inquisición medieval fue fundada en 1184 en la zona de Languedoc (sur de Francia) para combatir la herejía de los cátaros o albigenses, y sus procedimientos consistían en una ceremonia llamada de “juramento” en la que —como lo dice su nombre— los asistentes juraban denunciar a todas las personas que consideraban sospechosas, usando la tortura como medio habitual.
O sea que la Iglesia demoró 820 años en pedir perdón por ello.
Mucho menos, 40 años solamente, fueron los años que “demoró” el Partido Colorado en señalar “las responsabilidades de mi partido”, ya que “el decreto de disolución de las Cámaras fue firmado por Juan María Bordaberry, quien fue electo presidente por el lema Partido Colorado” (senador del Partido Colorado Ope Pasque Iribarne).
Las reacciones del ex presidente, el “alegre” Jorge Batlle, y de otros referentes de menor calibre contra ese reconocimiento de Pasquet, no hicieron más que recordarnos el gobierno represivo de Jorge Pacheco Areco y el propio golpe de Estado, que encabezó Juan María Bordaberry, quien llegó a ser presidente por el Partido Colorado, aunque en sus orígenes haya sido blanco y ruralista (es decir un rosadito adelantado).
Aníbal Dagostino