Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá
Argentinos y uruguayos (I)
Sr. Director:
A lo largo de nuestra común historia, argentinos y uruguayos hemos tenido gobiernos cuyas actitudes ante las autoridades de ambos lados del Plata han sido no coincidentes muchas veces. El actual gobierno argentino, del matrimonio Kirchner (“la vieja y el tuerto”, en las célebres palabras de Mujica), está, como es sabido, entre los más anti-uruguayos que recordamos. Lo que me extraña es que, ya sea por ignorancia, desinterés o cualquier otra razón, la prensa no suele recordar la apropiada frase de Artigas, manifestada el 25 de diciembre de 1812, en una comunicación dirigida a Manuel de Sarratea, que se conoce como la Precisión del Yi, en la que afirma que “el pueblo de Buenos Aires es y será siempre nuestro hermano”, agregando, ”pero nunca su gobierno actual”. La primera parte de la frase siempre es citable, aunque la segunda ha tenido ocasionalmente sus límites, pero, entre un comentario u otro, vendría muy bien ahora, por cierto.
Yo quiero mucho a la Argentina, donde he estado cientos de veces, y tengo excelentes amigos e incluso familiares, pero cierta parte de la población, más bien inculta, sobre todo porteña, se regodea en argentinizar todo y despreciar lo nuestro. Florencio Sánchez, Horacio Quiroga, etc., son argentinos (la China Zorrilla no, porque todavía vive, pero ya lo será). De Gardel, ni hablar; hubieran preferido que naciera en Groenlandia o en Turquía, no en Tacuarembó, por esa animadversión que debe haber surgido durante la colonia, con la lucha de puertos y otros factores. El tango es exclusivamente argentino, jamás rioplatense. La vuelta olímpica, invento uruguayo, parece que se hizo por primera vez en una cancha argentina y así sucesivamente (obviamos ejemplos). Y con respecto a una de las recientes afirmaciones de Doña Cristina, de que Artigas quería ser argentino, no sé si vale la pena contestar, pero quizás, en algún sentido, devolverle la pelotita, aunque en otro plano, y recordarle que San Martín, el héroe que admiramos (y, que sepamos, nunca dijo que quería ser oriental, aunque sí amigo de los orientales), según algunos historiadores, incluso argentinos, podría haber nacido del lado oriental del río Uruguay, no siendo así argentino, sino más bien uruguayo o, si se quiere, portugués en aquella época.
Pero, por lo menos, valdría de vez en cuando, en las circunstancias actuales, tan lejos de lo fraternal de que oficialmente se habla, recordar la frase de Artigas citada al comienzo, que por algo la dijo.
Prof. Roberto Puig
CI 541.432-5
Argentinos y uruguayos (II)
Sr. Director:
Los lamentos de la presidenta de los hermanos argentinos por haber rechazado a Artigas y a su ideario y el honesto y valiente mea culpa del senador Ope Pasquet por el golpe del ‘73, ponen en evidencia las digitadas historias oficiales.
El tácito reconocimiento al “Protector de los Pueblos Libres” como creador del federalismo rioplatense supone un gran paso en la verdad histórica. Por primera vez la máxima autoridad argentina desautoriza la historia oficial impuesta desde el mitrismo. Pero hay que completar el pensamiento y decir que ello pudo ser porque una pequeña minoría se impuso a sangre, fuego y fraude a la enorme mayoría federal legada por Artigas. ¡Cuánta sangre se hubiera ahorrado y cuanta grandeza se hubiera obtenido, si se hubiera permitido fluir naturalmente los ideales mayoritarios!
El señero protectorado artiguista con la Banda Oriental comprendiendo gran parte de Rio Grande, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba ya representaba buena parte de la natural pradera sudamericana que unía intereses comunes y daba la potencia de gran país. Una gran confederación de estados, a exitoso ejemplo de los rubios del norte, a los que sin duda se sumarían las provincias de Buenos Aires y La Pampa, de también enorme mayoría federal. Otro gran país natural hubiera sido Chile con el Cuyo, el norte andino llegando al altiplano del Bajo Perú. Y otro el Paraguay fundacional y misionero con todos los territorios que le usurparon.
¿Y por qué no pudo ser esto si las grandes mayorías lo respaldaban? Sin dudas porque las grandes potencias mundiales del momento requerían proveedores de materias primas baratas —y producidas como ellos necesitaban— para abastecer a las grandes fábricas que daban trabajo a su gente y aseguraban su riqueza. Y así, durante la segunda mitad del siglo XVIII, y sin traba alguna luego de Trafalgar, funcionó el circuito de barcos que partían de Liverpool con manufacturas inglesas, para proveer África, donde recargaban con esclavos que a su vez colocaban en las tres Américas. Y por estos lados recargaban con cueros y alguna otra materia prima, regresando a surtir la manufactura europea, especialmente inglesa. Y claro que la rubia Albion estaba atrás de todo esto. Pero no podemos culparlos exclusivamente porque ellos siempre proclamaron que no tenían amigos, “sólo intereses”. Y hasta Trafalgar ni su flota, ni sus piratas, pudieron hacer pie desde la invicta Cartagena a Montevideo. Recién luego de destrozar y decapitar la armada española en la harto discutible batalla naval de 1805, la ambición colonialista inglesa se hizo sentir. Y vaya si la sufrimos en las invasiones de 1806/07, donde, aún derrotados, dejaron la semilla del buen negocio para quienes los apoyaran. Y esta es la razón contante y sonante de nuestras desgracias.
Artigas nunca aceptó la presión de los porteños bonaerenses y montevideanos, que se beneficiaban del comercio ida y vuelta, cómodamente sentados en las Aduanas. Y tampoco lo aceptaron los federales continuadores de sus ideales. Y frente al sistema unitario para dominar los países desde los escritorios capitalinos, ¿cómo no se va a comprender el brazo fuerte de don Juan Manuel de Rosas o el Dr. Francia y los López? Si tenían que enfrentar las flotas invasoras por un lado y a los malos americanos internos por otro. Resonarán eternamente las infamias de Caseros, Paysandú y Paraguay. Pero peor aún. Nos sellaron la nefasta idiosincrasia de la viveza criolla, con poblaciones formadas en el fraude, donde sólo pagaba ser oficialista. Y éste es el gran reproche a los floridos amanuenses que culpan de todo a la “bárbara España”, cuando los bárbaros fueron quienes mal nos sojuzgaron, con una moral perjura de una tradición caballeresca de siglos.
Por lo tanto, señora Presidenta, bienvenida a la Patria Grande artiguista y deseche la ideológica coyuntural. Y un saludo al digno gesto del senador Pasquet, aunque le recuerdo que faltan otros nueve, sólo en la era constitucional.
Guillermo Seré Marques
CI 1.389.742-2