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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas normas legales y las fuerzas del orden y la seguridad públicas existen para contrarrestrar las transgresiones individuales y corporativas. Pero, misteriosamente, las “consecuencias” (y no las causas) son las que preocupan primordialmente a las autoridades encargadas de administrarlas, controlarlas y superarlas. ¿Por qué?
Utópicamente: sin delitos, esas leyes y fuerzas no se justificarían. Sin inequidades patronales las reclamaciones de los trabajadores no existirían. Sin enfermedades todo el aparato para contrarrestarlas no tendría sentido. Tal es la desviación cultural, que preocupa más lograr “remedios” para las consecuencias, desconociendo e ignorando de las causas.
¿Es porque no se sabe o no se quiere?
Se soslaya la teoría determinista* para encarar los errores que cometen los que ignoran su existencia y no valoran las causas que generan consecuencias.
*Todo acontecimiento físico, o acción humana, está causalmente determinado por la secuencia causa-consecuencia, y el estado actual “determina” en algún sentido el futuro.
Premisa: Toda consecuencia tiene un orígen denominado CAUSA.
Ejemplo A: un timbre suena y alguien o algo digitó el dispositivo que hizo sonar la campanilla; que pudo ser un dedo, un codo, una nariz, la punta de un objeto, o una falla del dispositivo. El mismo sonido puede ser originado por uno de los citados agentes. Pero cuando hablamos de los problemas en la educación o mencionamos los de la delincuencia aparece la molesta, maldita (e ignorada palabra por la Real Academia Española): ”multicausal”. Es tan poderosa como cuando se nombra una comisión para que se averigüe y se sepa todo, pero no se resuelve nada. O se promueve una interpelación, pero la mayoría amparada en la disciplina partidaria exime e ignora lo censurado y al cuestionado.
Ejemplo B. Tengo una planta que se está marchitando y me acotan que puede ser la falta de asoleamiento, de abono, de riego, o que esté abichada. La pongo al sol, le pongo abono, veneno para los bichos y aún así sigue palideciendo… ¡Eureka, le faltaba agua! Todas las “multicausas” tienen una que es dominante, fundamental o sustancial. Pero cuando los expertos se refieren a la delincuencia solo saben dar consejos de cómo evitar la consecuencia. Y se olvidan que el elemento fundamental es evitar que el presunto delincuente delinca, que se genere el delito. Lo mismo sucede con todas la cosas que se marchitan: como la educación, la confianza en los políticos, la administración pública, etc., etc. Cuando una actividad es redituable (la intermediación; los cargos políticos, los robos, las drogas, etc.) el mercado (la oferta y la demanda) es creciente y sostenido. El cáncer no se cura con un analgésico. No se debe ni se pueden equiparar los derechos de los transgresores con los de las víctimas y su entorno familiar, y mucho menos ignorarlos.
Tres conclusiones irrefutables.
Podemos estar a favor de redimir los delincuentes recuperables, que no lo son todos, y mucho menos si los encierran en los actuales generadores de malhechores. La pregunta que todos nos hacemos: ¿seguimos manteniéndolos en condiciones inhumanas al que nos quita incluso la vida?
Estamos mucho más a favor de la recuperación de los perjudicados, que son cualicuantitativamente superiores (a los “otros”) y cuya situación existencial ni siquiera se atiende con un analgésico, pero que resignarán sus votos.
Una religión, como una ideología requiere de la honesta comunión entre su prédica y la acción. No se pertenece si no se practica. Ser cristiano y actuar como hereje, ser socialista e ignorar la sociedad a la cual pertenezco.
Corolario
Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que volvió vacío o se rompió.
Arq. Ignacio David Weisz